miércoles, 10 de octubre de 2012

El cadáver exquisito del relato

Les copio mi columna de hoy en La Nación online, fruto de algunos monólogos "chinos" y un pequeño choreo de un post anterior (nada se pierde), en versión original, con coda surrealista.

Economía, interpretación y relato

Un sistema donde la clase media dejó de existir y la mayoría de la gente subsiste a la sombra del trabajo precarizado, las industrias ilegales, la distribución de drogas, el comercio del sexo y las ventas de segunda mano—una plantación postmoderna donde la generación de relaciones de servidumbre a través del endeudamiento podía verse en cada esquina.” El sueño electrográfico, texto del filósofo inglés John Gray que acompañó la reciente muestra Bye Bye American Pie en el MALBA, describe así la coyuntura estadounidense en los albores de la Gran Recesión del 2009.

El sueño de Gray, sin embargo, no es electrográfico. Remite menos al Hola América de J. G. Ballard (novela de la que toma prestado el título) que al pulp del John Carpenter de Escape de Nueva York. No es casual, de hecho, que ambas obras sean de 1981: el diagnóstico sobre la decadencia del imperio americano fue moda en los neoliberales 80s de Reagan y Thatcher. De ahí, tal vez, la agradable resonancia retro del texto de Gray –y de la muestra del MALBA.

Este autodenominado pensamiento crítico, vigorizado por la crisis financiera, desdeña la evidencia empírica, siempre sospechosa o potencialmente sesgada por el sistema. Los datos no son, se construyen. Sin la evidencia, incómoda piedra en el zapato crítico, es más fácil tejer argumentos contundentes.

El sustento económico de su lógica irreductible es arbitrario. “El capitalismo chino carece de las característica que generaciones de neoliberales juzgaron necesarias para el crecimiento sostenido, como la moral individualista…Brasil se encuentra en medio de una transformación extraordinaria...Alemania —con un modelo de capitalismo muy diferente— emerge como la economía avanzada más exitosa." ¿Un protocapitalismo chino basado en la privatización del capital y la rentabilidad empresaria (suerte de revolución cultural industrialista)? ¿Un capitalismo alemán del bienestar basado en el sobreconsumo y el sobreendeudamiento de la periferia europea? ¿Un contracapitalismo paulista, como respuestas al agonizante capitalismo financiero americano? La realidad se resiste a su interpretación.

“La interpretación apareció por vez primera en la cultura de la antigüedad clásica, cuando el poder y la credibilidad del mito fueron derribados por la concepción realista del mundo introducida por la ilustración científica”, nos cuenta Susan Sontag en Contra la interpretación. “Entonces, se echó mano de la interpretación para reconciliar los textos antiguos con las exigencias modernas.” Así, los estoicos alegorizaron el adulterio de Zeus con Leto como la unión del poder con la sabiduría, y Filón leyó las narraciones históricas de la Biblia como parábolas espirituales.

Pero hay otra versión de la interpretación, promovida menos por la necesidad de reconciliar el mito con la realidad como por la necesidad de reconciliar la realidad con el mito –reflejando, en palabras de Sontag, un “desprecio declarado por las apariencias”. Las doctrinas de Marx y Freud son “agresivas teorías de la interpretación” según las cuales los acontecimientos sólo son inteligibles en apariencia. Tal vez por eso Harold Bloom incluye a Freud en su canon de literatura, lo que es a la vez un comentario positivo sobre su capacidad narrativa y uno negativo sobre su realismo científico.

En esta versión invertida de la interpretación, la realidad no es, se construye.

El relato kirchnerista es un ejemplo práctico de esta revisionismo meticuloso, obsesivo que plaga algunas zonas del pensamiento crítico. El affaire INDEC, que comenzó como un incipiente ejercicio de negación, se propagó hasta contagiar datos de crecimiento, pobreza, desigualdad, empleo, de modo de generar una realidad alternativa consistente. Pero, una vez lanzado, el relato no se detiene; exige un Alzheimer estadístico. La memoria reciente desaparece de los servidores, deja de pronunciarse; se aproxima, se estima, se adivina. Se relata.

Inversiones de la ANSES, ejecución presupuestaria, déficit de empresas públicas, víctimas de crímenes violentos van a engrosar la larga lista de series desactualizadas o desaparecidas en el ejercicio de la información pública, reemplazadas por el trascendido oficial o el dedo oscilante privado. De nada sirve, por ejemplo, que la realidad estadística revele que el tamaño relativo del producto y el empleo industriales no hayan crecido en los últimos años; el relato mostrará un gráfico que sugiera industrialización y, si esto no es posible, comparará con el piso de la última crisis y, si aún así el resultado es negativo, modificará los datos.

Esta versión de la interpretación, la del relato revisionista, es el reverso de la de los clásicos: recorta y pega, ata las partes con alambre y recrea una nueva historia con los retazos de la verdadera. El relato desguaza la realidad y la amolda al mito.
El relato es atractivo precisamente por su capacidad de mitificación. En la versión local, para confusión de pensadores críticos, convierte la especulación inmobiliaria en lucha libertaria, el rentismo en desarrollismo, el capitalismo de amigos en contracapitalismo. El relato avanza y la realidad retrocede. Mientras la infraestructura envejece, la economía se primariza y los trenes se rebelan contra la falta de mantenimiento, la cadena nacional del mundo feliz cristinista –el negativo del fatalismo gris de Gray– narra la industrialización y el avance tecnológico desde Tecnópolis, todo impecablemente producido por prestidigitadores de la imagen. 

El relato no se limita a maquillar contenidos económicos; incuba nuevas maneras de ver la realidad en todos sus frentes, involucrando al pasado cercano: quince años de derrape de la educación pública no reflejan el fracaso de políticas educativas erráticas y epidérmicas sino “la necesidad de las familias de unirse en colectivos de pertenencia social compartida”; la proliferación de la seguridad privada no obedece a la creciente incidencia de delitos violentos sino al “miedo al Otro”. Todo se vuelve reinterpretable en base a intuiciones e impresiones subjetivas. El relator, como el artista conceptual con su obra, crea la realidad.

Como nos recuerda Sontag, para Freud el contenido manifiesto debe ser analizado y filtrado para revelar el verdadero significado: el contenido latente. Del mismo modo, el relato cuestiona la noticia, aparta el contenido manifiesto de los medios para recrear la realidad como construcción espontánea. Cadáver exquisito liberado de lógicas empíricas.

Tasas Chinas 1.14: Venezuela, gendarmes y la canción más linda del mundo.



Les dejo el programa 14: acá y acá. Sin Galperín, perdida en La Quiaca, pero con los distinguidos Olivera y Berenzstein debatiendo lo que nos dejó la elección en Venezuela y el affaire Gendarmes. Y, para cerrar, la canción más linda del mundo. De esta semana.

Soundtrack: Meredith Monk, LCD Soundsystem, Talking Heads, Nick Drake.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Tasas Chinas 1.13: Esto es lo que hay: Elecciones venezolanas & Cucurto



Ya está online el audio del programa 13, acá y acá. Hablamos de las elecciones del domingo en Venezuela con Alejandro Grisanti Capriles y el chavokirchnerista Mariano Fraschini, y del último libro de Washington Cucurto. Soundtrack: Kid Koala, Los Amigos Invisibles, P18, Bomba Estéreo y Fleetwood Mac.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Tasas Chinas 1.12: Ambos lados, ahora



Les dejo el programa número 12, acá y acá. Henderson nos habla de las nubes, Olivera desde Barcelona del cupón del crecimiento y del crecimiento del país y Agustín Campero en estudios de dónde estuvo el radicalismo la noche de las cacerolas y de la vida del Nuevo Cine Argentino.

Soundtrack: Joni Mitchell x 2, El Chavez y TuneYards.

martes, 25 de septiembre de 2012

Palermo Paris

Nuevo set de fotos caseritas, esta vez fruto de caminata palermitana. Poco ejercicio y mucha contemplación.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Tasas Chinas 1.10: Time warp

Se me había olvidado dejarles el programa 10, con el debut de Sofía Wiñazki como columnista. Acá y acá.

Olivera desde Madrid, Galperín alimentando al troll de Mavrakis y Wiñazki sobre la apropiación burguesa del arte efímero.

Soundtrack: Stone Roses, Bunbury, James, Aphex Twin y Beth Orton que, después de una larga noche de marcha en Bogotá, escribe: "Running down a central reservation in last night's red dress".

martes, 18 de septiembre de 2012

Tasas Chinas 1.11: Caceroleros indignados, la moveable feast de Olivera y la cama de Galperín



Ya está el audio del programa 11 acá y acá. Novaro y Casullo debaten el síndrome de las cacerolas, Olivera habla de China desde el Moulin Rouge y Galperín recomienda  un olvidado autor inglés de entreguerras con nombre kafkiano. Soundtrack: Amon Tobin, Matthew Dear, Matthew Chedid, the XX & Divine Fits.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Postales de Barbados

En otro ejercicio de diversificación (dispersión) libidinal, la discusión económica en el marco de la Latin American Finance Network que organizan el BID y el Banco Mundial despertó en mí el apetito fotográfico, al punto de inducirme a postear una selección de fotos playeras acá.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Adiós al mundo feliz

En innumerables análisis de la Gran Recesión que comenzó con la crisis hipotecaria estadounidense, se globalizó tras la quiebra de Lehman Brothers, se mestatasizó con la crisis de deuda de la Europa periférica y aún nos persigue como una gripe mal curada, es común referirse a una nueva normalidad (new normal) en la que sobreendeudamiento, el desempleo y la aversión al riesgo se traducen en tasas deprimidas, crecimiento modesto y alta volatilidad. En el peor de los casos, un Lehman europeo que nos lleve de vuelta a 2008; en el mejor y más probable, una aterrizaje chino a tasas de 6% o 5%, un crecimiento modesto en EEUU y una japonización europea. En suma, poco viento de cola para que los emergentes surfeen la bonanza sin preocupaciones. 

En este contexto, se menciona que estamos ante un brave new world, en alusión a la célebre distopía de entreguerras de Aldous Huxley. Esta referencia es a la vez curiosa e iluminadora. En las crónicas de la crisis el brave new world es literal: remite a un mundo nuevo, desafiante, peligroso. En Huxley, en cambio, el título es irónico: alude a La Tempestad de Shakespeare y a la felicidad ilusoria de Miranda en su vida insular, engañosamente armónica, alejada de la realidad. La misma ironía está presente en el título en castellano: Un mundo feliz. Esta interpretación menos literal permite una analogía más interesante con la crisis global: no son estos los años difíciles y desafiantes, sino que aquéllos, los de la Gran Moderación y el boom de commodities, fueron los años felices. Felices, claro, en el sentido distópico de Huxley: una felicidad prozac, artificial. Según esta segunda interpretación, el mundo no estaría atravesando una tormenta temporaria antes de regresar a la senda virtuosa de los 2000s sino que estaríamos volviendo, luego de una larga fiesta, a algo más parecido a los no tan felices 90 de bajo crecimiento.

Esta distinción es esencial desde el punto de vista de economías emergentes como la nuestra. Si esta evolución marca el fin del viento de cola, surgen varias preguntas obvias. En nuestro caso particular, no sólo cuál es la verdadera inflación o el verdadero crecimiento sino en qué se fueron estos años dorados: cómo mejoró la distribución de la riqueza, cuánto crecieron el capital físico y humano y la productividad; en fin, cuánto de lo anunciado en el relato existe en la realidad por fuera de la TV pública y de la tanda de Futbol para Todos. O qué pasó en el mundo mientras los escribas oficiales soñaban el fin del capitalismo y la decadencia del imperio americano.

Pero para los menos nostálgicos, aquéllos que no se preocupan tanto por la historia clínica del paciente como por su diagnóstico y tratamiento, la pregunta es otra, más básica: ¿Cómo seguimos de ahora en más?

Lo primero que salta a la vista es la necesidad de barajar y dar de nuevo. Más allá del mensaje equívoco de blandir una blackberry ensamblada en Tierra del Fuego como señal de industrialización, lo cierto es que esa industrialización idealizada de sustitución de importaciones, frontera tecnológica y manufactura compleja y masiva, que enamora a gran parte de la profesión y a no pocos líderes políticos es hoy –y probablemente haya sido siempre– un sueño imposible.

Argentina (como Brasil, Chile, Colombia) es un país de ingresos medios altos con mano de obra más cara que la de Corea al inicio de su industrialización (o la de los países que tomaron la posta de los tigres asiáticos: China, Filipinas, Indonesia) y menos productiva que la de países industrializados con salarios altos. En otras palabras, somos caros tanto para ensamblar blackberries como para producirlas. Y si bien todos los países tienen sectores subsidiados por distintos motivos, no se puede subsidiar todo todo el tiempo porque sencillamente no hay recursos para hacerlo.

No estamos solos en esta encrucijada. En los 2000, la bonanza de la protección cambiaria (en muchos casos, resultado de las devaluaciones masivas de las crisis de los 90), el crecimiento mundial y el boom de commodities disfrazaron esta falta de modelo. Bastó con corregir los desequilibrios macrofinancieros para alcanzar récords de crecimiento y alimentar expectativas de una década latinoamericana. Lamentablemente, el crecimiento no es desarrollo: con monedas apreciadas y una demanda mundial letárgica, los 2010s no serán nuestra década.

A los historiadores económicos les queda la tarea de dirimir en qué medida la falta de reformas y el resultadismo económico de los 2000s se debió a la maldición de los recursos naturales. Lo cierto es que si uno tuviera que escoger historias que nos ayuden a repensar el modelo de desarrollo (que excede la industrialización tradicional) que permita preservar y elevar estos salarios, los nombres que vienen a la mente son todos ejemplos de desarrollo que han sabido explotar la renta de los bienes primarios: Canadá, Australia, Noruega –agregando valor a las commodities, desarrollando el sector de servicios, facilitando y regulando la actividad privada.

Por otro lado, los insumos del desarrollo de países de ingresos alto son educación, infraestructura, financiamiento, reglas de juego justas y transparentes. Sin embargo, la mayoría de los países de la región muestra escasos progresos en estos frentes –y, en nuestro caso, un retroceso.

Muchos políticos y economistas del mundo desarrollado miran la poscrisis mundial como una dura transición hacia el crecimiento. Le prenden velas a Bernanke, Draghi y China para que terminen con la pesadilla. Sin embargo, ya va siendo hora de aceptar que los buenos años no volverán, que si con el viento de cola desandamos las penurias de las crisis y ganamos equidad y estabilidad financiera, el desarrollo económico sigue siendo una asignatura pendiente. Y que, más allá de viejas recetas y nuevos slogans políticos, nuestro modelo de desarrollo aún está por escribirse.

(Columna publicada hoy en el suplemente económico de La Nación.)

viernes, 7 de septiembre de 2012

Ingreso, pobreza, riqueza

Les dejo mi columna de hoy en La Nación online:

Tres incertezas complican el debate sobre la pobreza en Argentina.

La primera es que la pobreza se mide en base a una canasta básica de consumo que, según aseguró la directora del INDEC hace unos días, “no tiene ningún valor para saber cómo vive el pueblo” –lo que sugiere que hay muchos más pobres que los pobres del INDEC, o que los pobres del INDEC son cada vez más pobres. Este déficit de información, sin embargo, es subsanable: existen buenas aproximaciones privadas de la canasta básica.

La segunda duda, menos idiosincrática y más compleja, también se relaciona con la falta de datos. En este punto, para no perderse en cuestiones semánticas, conviene ir por partes.

¿Con qué datos contamos? Tenemos buena información del ingreso que los hogares perciben del trabajo, de los beneficios previsionales (pensiones y jubilaciones) y de la asistencia social (seguro de desempleo, asignaciones). En nuestro país, la fuente es la Encuesta Permanente de Hogares (a diferencia de países como Brasil o México, nuestro censo no incluye preguntas sobre ingreso).

Dado que es éste el ingreso del que hablamos cuando hablamos de pobreza y equidad se entienden algunos patrones familiares. Por ejemplo, la alta correlación con el empleo (el desempleado, sin ingreso laboral, es a los fines estadísticos un pobre, sobre todo cuando las redes de protección social tienen alcance limitado) o el efecto benéfico de transferencias como la Asignación Universal por Hijo (en algunos hogares, el principal ingreso) o las mejoras, más graduales, asociadas a la recuperación del salario real. De ahí, el deterioro brusco de la pobreza y la equidad en las crisis, su pronta recuperación en las poscrisis y su amesetamiento posterior.

De los otros ingredientes que son parte esencial del ingreso efectivo (es decir, del consumo y la calidad de vida) de las familias y su distribución sólo hay aproximaciones imprecisas. Algo sobre la distribución de las transferencias públicas “en especie” (bienes públicos o subsidiados como educación, salud, seguridad, transporte, servicios básicos, que son parte de lo que los economistas llaman distribución secundaria del ingreso) y casi nada sobre las rentas financieras, siempre difíciles de estimar y en muchos casos no declaradas.

Sin embargo, el problema fundamental para hablar de pobreza quizás sea el menos visible: no tenemos datos de riqueza.

No todo ingreso es riqueza

Empecemos por el final: una mejora en la distribución del ingreso (por ejemplo, por recuperación del empleo o mejora del salario) puede derivar fácilmente en un deterioro de la distribución de la riqueza. Por ejemplo, si los trabajadores consumen todo su ingreso en bienes y servicios, la mayor parte del incremento del ingreso terminará en la mano de los proveedores de esos bienes y servicios: sus empleadores.

Algo parecido sucede si los instrumentos de ahorro con los que cuenta el trabajador pierden valor a manos de la inflación. Por ejemplo, una política de tasas de interés bajas contribuye al ahorro del deudor (es decir, de los sujetos con acceso al financiamiento: clase media alta, empresas, gobierno) a expensas del ahorro del ahorrista (es decir, del depositante, o del consumidor que guarda su salario en una cuenta sueldo a tasa cero). Así, al final del día, un incremento del ingreso relativo de los que menos tienen puede traducirse en un incremento de la riqueza relativa de los que más tienen.

Detrás de esta aparente contradicción hay una distinción trivial: el empleo y el subsidio, al aumentar el ingreso corriente, reducen la pobreza de hoy pero no la de mañana; para reducir la pobreza de manera permanente (para salir de la pobreza) se necesita un empleo o subsidio permanente o, si aceptamos que ninguna de las dos opciones es deseable o viable, un ahorro.

Desde esta perspectiva de largo plazo, la riqueza (es decir, el valor de los ahorros acumulados) sería algo así como el negativo de la pobreza. ¿Y qué podemos decir de la distribución de la riqueza? Hasta tanto se incluyan preguntas específicas en los censos y encuestas, bastante poco.

Por ejemplo, sabemos que, en las crisis, el gran ahorrista (por estar más alerta o por ser alertado con anticipación) huye antes que el pequeño (que muchas veces no sale). Si a esto le sumamos la concentración del ahorro financiero en los hogares más ricos y los costos de invertir en el exterior, podríamos inferir que la mayor parte de los ahorros argentinos dolarizados en el exterior está en manos de la población de mayores ingresos. En ese caso, si bien el efecto de una devaluación postcrisis sobre la distribución del ingreso suele ser progresivo (por su efecto benigno sobre el empleo), su impacto sobre la distribución de la riqueza sería regresivo.

Riqueza y vivienda

El mejor ejemplo de esta inequidad de hoja de balance –el único para el que tenemos algunos datos– es más cercano en el tiempo.

Con los recaudos que exige toda generalización, podría decirse que las familias ahorran fundamentalmente en ladrillos. Hay otros ahorros, claro: en impuestos y aportes para financiar el sistema de servicios públicos y protección social en países europeos o en Canadá; en seguros de retiro países con estados más reticentes como EE.UU. o Inglaterra. Pero, en ambos casos, la hoja de balance familiar presentará en general deuda hipotecaria del lado del pasivo y metros cuadrados del lado del activo.

Este patrón no es prerrogativa de las clases medias del mundo desarrollado; también se aplica a hogares humildes en países en desarrollo con mercados hipotecarios menos inclusivos. Así, en barrios carenciados de América Latina puede verse el ahorro de hormiga de ladrillos apilados, o el trabajo de fin de semana para levantar una nueva habitación o un nuevo baño.

En ese esquema, la falta de protección contra la inflación –el abuso a veces deliberado del impuesto inflacionario– inhibe ambos tipos de ahorro.

Del lado de las hipotecas, el efecto es claro: las encarece. El tradicional sistema francés de cuota fija exige cobrar en las primeras cuotas lo que la inflación licuará en las últimas; por eso, la primera cuota es hoy tan alta que pocos califican. Y la solución natural a este dilema, la indexación a la inflación, requiere de un índice libre de manipulación que hoy se ve lejano.

Las consecuencias directas se ven en los datos: según el censo, el porcentaje de familias que alquilaban su vivienda, que había bajado en los 90, subió de 11% en 2001 a 16% en 2010. El deterioro no se debió a la crisis: la EPH muestra que la tasa de inquilinización tuvo un sendero ascendente en los últimos años –previsiblemente, más empinado para las familias jóvenes de sectores medios que tuvieron y perdieron el acceso al crédito.

¿Adónde fueron estos ahorros? Para responder esto basta mirar cómo en las carteras de los bancos el stock de hipotecas va siendo gradualmente reemplazado por préstamos personales y tarjetas. Lentamente, la familia argentina pasó de ahorra en ladrillo a “ahorrar” en autos y LCDs –o simplemente a no ahorrar, consumiendo sus excedentes.

Esto no implica que el país como un todo no haya ahorrado; por el contrario, el consumo de unos es el ahorro de otros, como lo atestigua la sólida rentabilidad de las empresas que alimentan ese consumo –o el desendeudamiento del gobierno, beneficiado por las tasas bajas y la licuación inflacionaria.

Lo que la creciente inquilinización de la familia argentina nos dice es que la redistribución progresiva del ingreso medido por la EPH probablemente haya convivido con una redistribución regresiva de la riqueza. En términos más simples, que el aumento de ingreso fue en muchos casos pan para hoy; que la recuperación del empleo redujo la pobreza pero no necesariamente sacó a las familias de la pobreza.

En fin, que un modelo inflacionario de tasas bajas que incentiva el consumo a expensas del ahorro genera una inequidad de hoja de balance, menos visible pero más duradera, que invierte la premisa, heredada de la inmigración, del ahorro como instrumento de movilidad social.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Tasas Chinas 1.9: Chavez galore


Ya está online el audio del programa 9 donde discutimos con Artemio López los alcances de la chavización económica, políticia pero sobre todo sociocultural de la sociedad argentina:
acá y acá.










De yapa, una editorial musical, algo desactualizada en la RD pero actual por estos lares, del pana Juna Luis Guerra.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Tasas Chinas 1.8: Trenes rigurosamente descuidados



Octavo programa de Tasas Chinas, acá.

Trenes atados con alambre, desguazados por Roberto Agosta, maestro transportista, y Graciela Mochkofsky, autora de Once: Vivir y morir como animales.

De yapa, la canción de amor al Sarmiento de Ofidio Dellasopa y las Cuerdas Flojas.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Tasas Chinas 1.7: Edunautas y educrisis.


 

Programa número 7

La Cámpora en las escuelas

El escaso efecto del presupuesto educativo en la educación

Fotos de mujeres testigo de la mano de dos excelentes muestras porteñas. 







Yapa: el clásico de sexo adolescente de Pulp que no pudimos pasar completo.

Vivir con lo puesto

Les dejo mi columna de hoy en LaNacion.com:

Hoy es el día del desendeudamiento argentino, internacional y nacional", anunció la presidenta el 23 de junio de 2010 tras cerrarse el canje de deuda para los bonistas extranjeros. “No es algo para festejar, es para reflexionar y comprobar la política de desendeudamiento", comentó un año más tarde en la Bolsa de Comercio con motivo del pago del último tramo del Boden 12. "El desendeudamiento es el pilar del nuevo modelo argentino", sintetizó el ministro de economía el 14 de agosto en su exposición en las jornadas de la AAEP.

El desendeudamiento argentino es atípico. Se alimenta de mitos y omisiones, fruto de una interpretación traumática de la crisis de sobreendeudamiento de donde surgió el kirchnerismo. Sin pretender agotar en unas líneas 40 años de debate sobre deuda emergente, vale la pena, ahora que no nos sobra nada, repensar el tema del financiamiento externo desde otra perspectiva.

Las crisis de deuda de las economías en desarrollo –tanto la de los petrodólares de 1982 como las más recientes: México 94, Asia 97, Rusia y Brasil 98, Argentina 2001– fueron ante todo crisis de moneda. La deuda (privada en Asia, pública en América Latina) no fue mucha pero fue principalmente de una variedad peligrosa: renta fija (préstamos y bonos) con acreedores privados (bancos y bonistas) y externa (en moneda extranjera).

Los acreedores privados suelen prestar de más a quienes no lo necesitan y, cuando lo necesitan, suelen perderles la fe y, en vez de refinanciar, pedir el pago en efectivo –con lo que al deudor dolarizado no le queda más que el default, o el imposible ajuste draconiano preámbulo del default. Los acreedores privados no son buenos árbitros de solvencia; es el Estado el que tiene que decidir cómo endeudarse.

Felizmente, se aprende de los errores. Una a una, las economías que pasaron por crisis financieras fueron desarmando la bomba de tiempo de la deuda externa. México desde 1995, Asia desde 1999, Brasil en los 2000, reemplazaron deuda dolarizada por instrumentos de financiamiento en moneda local: acciones, bonos emitidos bajo ley doméstica y, sobre todo, inversión extranjera directa.

La ventaja de la moneda local es obvia: ante la emergencia, el banco central puede imprimirla para pagar compromisos, licuando la deuda con inflación y evitando el ajuste violento o el default. De ahí que no haya casos de default de deuda totalmente denominada en moneda local. La ventaja de la inversión directa es aún mayor: no sólo no está en dólares sino que, en vez de inflar bonos y acciones ya emitidas, son fondos frescos que van directamente a financiar la economía real. La gran mayoría del ingreso de capitales a países como Brasil, Chile o Colombia es inversión directa.

Con algunas excepciones (Venezuela, Ecuador), América Latina desdolarizó y domesticó su deuda a pesar de que, mientras sus monedas se apreciaban, el “negocio” cortoplacista habría sido emitir en dólares. Como premio, recuperaron el tipo de cambio como instrumento de desarrollo: si en los 90 una devaluación quebraba a la economía dolarizada, hoy la depreciación de la moneda es expansiva y amortigua el impacto de la crisis global.

Argentina, gracias al default y a la apreciación real, recorrió el mismo camino que sus vecinos: el cociente de la deuda en dólares sobre el PBI es el menor de la historia reciente del país, y uno de los menores de la región. Pero, a diferencia de otros países, no sustituyó la dependencia externa por formas más saludables de financiamiento. En vez de repagar deuda en los años buenos para poder endeudarse a un costo razonable en los malos, Argentina paga siempre. Aún ahora, a costa de prohibir la compra de dólares y postergar importaciones, induciendo una recesión.

En Argentina, el desendeudamiento se ha convertido en bandera política: emitir deuda (de cualquier tipo y moneda) es volver a hacerle el juego a los mercados. Y la autarquía financiera, que nos obliga a subordinar las políticas fiscal y monetaria a los vaivenes del mercado, es saludada como prueba de independencia económica.

No todo es interpretación y relato detrás de este tabú del financiamiento externo: emitir nos cuesta caro. A pesar del desendeudamiento, y de haber alcanzado en 2006 el costo financiero de Brasil, hoy nuestra deuda paga la tasa más alta de la región –lo que dio por tierra con varios intentos del ministerio de economía de volver a los mercados internacionales. Pero la bandera del desendeudamiento, al autoexcluirnos de los mercados y obligarnos a autofinanciarnos en años de vacas flacas, contribuye a elevar el riesgo (y el costo) argentino. Aunque parezca contradictorio, hoy una emisión de deuda reduciría el riesgo país.

Por otro lado, la deuda no es la única forma de financiar el crecimiento que Argentina ha resignado en estos últimos años. El cepo cambiario aliena inversiones extranjeras (incluso las necesarias para poner en valor las reservas de YPF) e incentiva el atesoramiento de dólares de los que fugaron a tiempo, todo para reducir la salida anual de capitales a “sólo” 10 mil millones de dólares –la mitad que en 2011 pero muy por encima de lo aceptable en un marco de escasez, y eso sin contar el efecto puerta 12: la demanda latente de quienes dolarizan por temor a no poder hacerlo en el futuro. Y el estancamiento de una salida negociada del default con el club de Paris aleja préstamos de largo plazo que deberían ayudar a revertir el déficit de infraestructura y la crisis del transporte.

El ministro de economía dijo recientemente que Argentina no plantea una "antinomia entre endeudamiento y no endeudamiento; el punto de la deuda es cuánto, cómo, a qué costo y para qué". Mientras esta posición siga siendo minoritaria en el gobierno, seguiremos honrando el karma de la emancipación económica sesentista: vivir con lo nuestro.

Y, en la era del yuyo, vivir con lo nuestro es vivir con lo puesto.

jueves, 16 de agosto de 2012

Tasas Chinas 1.6: La era del trucho



Ya está subido el sexto programa de Tasas Chinas. Pobreza, rqueza, intepretación y relato. Aquí: http://www.goear.com/search/tasas-chinas/

Yapa: Low Shoulders, videoclip de la bandita chillwave elegida por Mercedes para su despedida.

jueves, 9 de agosto de 2012

Tasas Chinas 1.5: Vivir con lo puesto


Ya esta en el ciberaspacio el audio de la quinto  emisión de Tasas Chinas.

Subtes, Godel, escándalo en el Mamba & despedida temporaria de miembro estable.

Aquí: http://www.goear.com/search/tasas-chinas/

Yapa: versión en vivo de los jueves de birra, billar, sexo y morfina.
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jueves, 2 de agosto de 2012

Tasas Chinas 1.4 Independencia, confusiones y ganancia



Junto con la versión de Ryuichi Sakamoto del tradicional Chinzagu no Hana (que aparece en la extraordinaria Cherry Blosssoms) con el que acompañamos el inicio del programa, les dejo el aviso de que la cuarta emisión de Tasas Chinas ya está colgada en goear, como siempre, en dos partes.

Bonus tracks: El primer encuentro del aleman con la bailarina butoh (también con musica de Sakamoto): y el baile final del aleman con el fantasma de su esposa frente al monte Fuji.



lunes, 30 de julio de 2012

¿Qué se puede hacer con la inflación?


Les dejo mi columna de hoy en el Cronista, sobre la cuestión del título el post. 

En Argentina, la inflación es un fenómeno reciente. Tras el previsible aumento de precios por la devaluación del 300% en 2002 (y un pico de inflación del 10% en abril de ese año), en diciembre de 2002 la inflación ya era de apenas 0.2%. En los 12 meses de febrero de 2003 a febrero de 2004 los precios subieron sólo 2.3%. Sin embargo, la inflación no paró de crecer desde entonces: 6.1% a fin de 2004, 12.3% en 2005, así hasta el 25% actual –un número que, vale aclarar, sería aún mayor de no mediar los subsidios de tarifas que abaratan casi un tercio de la canasta de consumo.

Las razones de este avance de la inflación (es decir, de este retroceso) fueron muchas y cambiantes. En orden de aparición: la esperable y bienvenida recuperación del salario real, la suba mundial de los precios de alimentos y energía, el crecimiento de la demanda por encima de la oferta. Y, por último, la capitulación: la expectativa de que la inflación continuará en los niveles actuales o mayores, que lleva a incorporar la inflación pasada en la fijación de precios, reproduciéndola–y validando así las expectativas de más inflación.

Todo esto sazonado con una política monetaria expansiva (la tasa de interés del banco central estuvo por debajo de la inflación desde principios de 2003) y, en última instancia, autista (la palabra inflación fue virtualmente censurada de los informes y presentaciones del Banco Central).

Precisamente es la inercia inflacionaria, que hoy explica la mayor parte del 25% esperado para el año, la que ofrece la más clara oportunidad de llevar la inflación nuevamente a niveles de un dígito con un mínimo costo para la economía real.

Lo primero a tener en cuenta es que erosionar este núcleo duro de inflación inercial requiere un cuidadoso manejo de las expectativas que desarme el círculo vicioso mediante el cual, ante la falta de señales del Banco Central, los precios y salarios terminan fijándose en base a la inflación pasada.

Lo segundo a tener en cuenta es que el tipo de cambio ya no puede cumplir ese rol. El abuso del dólar barato como forma de contención de la inflación terminó poniendo el carro delante del caballo: generó rechazo por el peso, y gatilló un cepo comercial y cambiario que puso a la actividad económica como variable de ajuste de una inflación que de todos modos no baja.

Lo tercero a tener en cuenta es que hay un orden natural en los ingredientes de un plan antiinflacionario que nos devuelva la estabilidad de precios: no se pueden contener expectativas sin una pauta realista de inflación futura; ninguna pauta es realista sin políticas monetaria y fiscal consistentes con ella; ninguna política (o pauta) es relevante sin un índice de precios creíble que permita su seguimiento.

Para contar con un índice creíble es esencial recuperar el INDEC, desandando el camino recorrido desde su intervención en 2007, y revisar el IPC, lo que involucra no sólo consideraciones metodológicas sino, fundamentalmente, legales y políticas. Por eso es más factible el lanzamiento de un nuevo IPC nacional, varias veces anunciado y cajoneado por el gobierno, que permitiría soslayar el dilema de revisar para atrás el ficticio IPC actual, que se mide en el área metropolitana de Buenos Aires.

A su vez, para reconstruir la confianza en la política monetaria es preciso que el Banco Central deje de desentenderse del problema, y prepare un programa monetario que contenga pautas de inflación –no en el sentido de metas estrictas, hoy inaplicables, sino como compromiso a un rango realista que oriente los acuerdos salariales y la fijación de precios. Esto por sí sólo cambiaría radicalmente la manera en que los agentes económicos piensan y se protegen de la inflación.

En relación a la política fiscal, basta recordar que el Banco Central es hoy la fuente de financiamiento residual del sector público, tanto en dólares (con reservas) como en pesos (con emisión). El programa monetario debe ser consistente tanto con la pauta de inflación como con las necesidades presupuestarias del gobierno, que idealmente no deberían involucrar al Banco Central.

Una vez lanzado el nuevo IPC, y comunicadas la pauta de inflación y el programa monetario, no debería ser difícil coordinar precios y salarios alrededor de la pauta, evitando el costo en términos de nivel de actividad de una política de shock basada exclusivamente en agregados monetarias y suba de tasas. Más aún ahora que la desaceleración eliminó el exceso de demanda que aceleró la inflación a mediados de los 2000. Un esquema de pautas del tipo propuesto podría apuntar a una inflación de un dígito en dos o tres años.

Dejo para el final un aspecto que, por trivial, no deja de ser crucial: ningún plan antiinflacionario tendrá éxito sin un compromiso político.

Hasta aquí, la inflación ha sido funcional a un modelo de crédito subsidiado de la demanda (fundamentalmente de consumo) a expensas del ahorrista –de ahí, la agonía del peso como reserva de valor. La inflación fue también plata dulce para el fisco, que diluyó deuda vieja y colocó deuda nueva (a través del Banco Central o en entidades públicas) a tasas reales negativas. Sólo nos quitaremos de encima la inflación si el gobierno reconoce sus crecientes costos económicos y prescinde de estos beneficios fiscales.

Diez años de inflación creciente deberían ser suficiente motivo.

miércoles, 25 de julio de 2012

Tasas Chinas 1.3: ¿Quién ha visto un dólar?

Les dejo el audio de la tercera emisión de nuestro programa Tasas Chinas por Radio UBA: http://www.goear.com/search/tasas-chinas/.

Los colores del dólar

El dinero de los jubilados

Camino de cintura

Música nocturna.

sábado, 21 de julio de 2012

Jugando al estanciero con el dinero de los jubilados


"¿Qué mejor para los jubilados que el fondo de garantías, un fondo anticíclico que tiende a generar empleo", lanzó desafiante Axel Kicillof en la emisión del jueves del sorteo Procrear. 

Más de una vez mencioné en este blog que la reestatización de los ahorros previsionales acumulados en las AFJPs privadas, bajo el involuntariamente irónicio nombre de Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS), sólo había profundizado la lenta descapitalización de estos fondos. Esta descapitalización fue primero el fruto de una excesiva concentración en activos argentinos que, con la represión financiera y la manipulación del CER desde 2007, no ofrecían rendimiento attractivos y luego, tras la reestatización (que, vale hacer notar, no modificó mayormente la composición de los fondos privados), también culpa de transferencias de parte de los resultados al Tesoro Nacional, y de una estrategia de inversión subsidiada a sectores amigos que puede haber creado trabajo (un punto fdifícil de evaluar) pero ciertamente no sumó recursos.

Con ustedes, los datos:



(El FGS está hasta marzo de 2012, último mes en el que ANSES se dignó informar al público su cartera de inversiones. A juzgar por el desempeño de los activos argentinos desde marzo, el rendimiento de los últimos meses no debería ser estelar (y eso sin mencionar que muchos de los títulos soberanos más castigados son contabilizados a valor técnico, o sea, sin descuento de mercado por riesgo argentino.)
La primera línea, ascendente, muestra el valor nominal de los fondos previsionales (privados y públicos) informados por ANSES: previsiblemente en un contexto inflacionario, este valor sube. (El cambio de color de cada serie distingue los períodos de gestion privada y pública). La línea se bifurca levemente en 2011, cuando le restamos los aportes del capital (¿del Tesoro? ANSES no aclara) que se registran como "ingreso de capital nuevo" en la Tabla 1.1 del último informe disponible (primer trimestre de 2012). Vale recordar que el FGS es un fondo cerrado: hoy los aportes y contribuciones van directamente a pagar beneficios previsionales, o a rentas generales (el dinero, se sabe, es fungible)
La segunda línea, descendente, es igual a la primera línea deflactada (ajustada) por el Coeficiente de Variación Salarial del empleo privado (CVS) calculado por el INDEC (un buen parámetro si se piensa que el FGS debería garantizar beneficios previsionales que, al menos en los papeles, son proporcionales al salario percibido).

Como todo lo que sale del INDEC tiende a diferir de la realidad, la tercera línea, también descendente, ajusta la línea nominal (ascendente) por el salario registrado promedio. Las variaciones son similares, pero el segundo cálculo es más certero: la brecha entre salario promedio y CVS surge tempranamente a raíz de un aumento salarial durante el gobierno de Eduardo Duhalde que no se incorporó al CVS, y se abre más recientemente, presumimos, por efecto de la subestimación del INDEC.

Desde su estatización el FGS rindió 103% (109% si se le suman las recientes capitalizaciones) contra 135% del salario promedio registrado, lo que en términos reales representa una caída acumulada del 14%.

En los últimos 12 meses previos a marzo de 2012, el FGS rindió 11% (15% con las capitalizaciones) contra 33% del salario privado, con lo que, medido en cantidad de salarios privados registrados, perdió un 17%.

miércoles, 18 de julio de 2012

¿El mundo se nos vino encima? El PRO vs CFK

Seré breve. Cristina, tal vez anticipando la inexorabilidad de la desaceleración, y la necesidad de hacer converger la sobreestimación del nivel de actividad del INDEC a un nivel más cercano a la realidad pero sobre todo por debajo del 3.25% que gatilla el pago de 3500 millones de escasos dólares a los tenedores privados del cupón indexado el PBI en diciembre de 2013, ha enfatizado el hecho de que el mundo no crece como se esperaba para motivar lo que a todas luces es una revisión de escenario, del pasado de tasas chinas de la precrisis a este presente del "peor están en España". La Fundación Pensar, usina intelectual del PRO, en un documento intenta mostrar que el contexto mundial, si bien no particularmente propicio, lejos está del desmadre de 2009 y no justifica la caída de la tasa de crecimiento argentino.

Disiento.

Empecemos por el final. Actualizando el Indice de Viento Global (IVG o, en inglés, GWI) que preparáramos por primera vez con un distinguido colega en este documento, nos dan la siguiente serie (la serie punteada marca dónde estaba el IVG con los valores y proyecciones a principios de año, cuando todo pintaba mejor).


¿Cómo se arma este índice? Se mide el crecimiento mundial (separando países G7 y China), precio de los commodites y un índice de apetito por el riesgo (que toma dos sospechosos se siempre: el VIX y el spread de bonos corporativos gringos de alto riesgo).

¿Cómo se traducen las variaciones de este índice en cambios en la tasa de crecimiento de los países de la región (esto es aceleración o desaceleración del crecimiento)?

En 2009, así:


En 2012, así:



Como puede verse, en 2009 el impacto estimado del shock mundial fue una caída en la tasa de crecimiento del 12%, pero gracias a políticas contracíclicas (depreciación cambiaria, impulso fiscal) la caída fue del 9% (los números de crecimiento surgen de una estimación en base al Índice Coincidente del Nivel de Actividad de Elypsis; el mismo ejercicio usando los números oficiales de crecimiento da resultados comparables...aunque sesgados).

En 2012, en cambio, el IVG apunta a una caída del crecimiento del 6% de 2011 (de nuevo, en base al ICAE) al 2% estimado...por un distinguido colega y un servidor. Nuevamente, la desaceleración está en línea (¿puede atribuirse?) al contexto global.

De nuevo, cabe una salvedad (perdón por ser tan puntilloso; espero que valga la pena el esfuerzo): 1% de caída se debe a un factor local exógeno a las decisiones del gobierno: la sequía (lo mismo se aplica al caso de Brasil).

De dónde surge la diferencia entre este análisis sistemático, casi mecánico y la elegante narrativa del trabajo de la gente del PRO. Veamos.

Primero, el precio de hoy de los granos no es el precio que incide en los términos de intercambio, ya que dos tercios de la cosecha ya fue liquidada a precios inferiores. De hecho, el precio efectivamente recibido por el exportador argentino en 2012 fue bastante inferior al de 2011.

En cuanto al crecimiento mundial, es cierto que en 2009 cayó y que hoy crece (apenas por encima del 2%, pero por debajo de las desactualizados números del Banco Mundial usados en el trabajo). Pero la desaceleración argentina en 2012 es muy inferior a la de 2009, sobre todo para los que pensamos que en 2009 el crecikiento no fue de 0.9% sino -3%, y en 2011 no fue de 9% sino de 6%. Este enfriamiento  mundial es más leve y explica una desaceleración más leve. (El EMAE utilizado por el trabnajo es doblemente engañosos: sobrestima 2011 y, al converger a la realidad para evitar quedar presa del pago del cupón del PBI, sobrestima la caída.) En este sentido, el trabajo confunde (o explota la confusión de) tasas de crecimiento y cambios en la tasa de crecimiento.

La discusión anterior no excusa, desde luego, la falta de respuesta (o la desorientación) del gobierno ante el shock externo. De hecho, en 2012, a diferencia de lo que sucedió en 2009 (y de lo que sucede en países vecinos) la caída no está siendo amortiguada  (y si nuestro 2% para este año acaba siendo optimista, habrá sido amplificada) por las políticas locales. Ésta es, a mi juicio, la crítica más apropiada al dicurso exculpatorio oficial. Argentina, con buenas políticas, aun restándole el arrastre del año anterior (1.5%) podría crecer al 2%; en cambio, probablemente estará más cerca del 0%.

Tasas Chinas 1.2: Lado B

Va la segunda emisión de Tasas Chinas, nuevo clásico de la radiodifusión universitaria.

Parte I: http://www.goear.com/listen/7147052/tasas-chinas-2-levy-yeyati-dalessandro-galperin-olivera

Parte II: http://www.goear.com/listen/cdd299f/tasas-chinas-2-levy-yeyati-dalessandro-galperin-olivera

miércoles, 11 de julio de 2012

Tasas chinas 1.1

Las dejo

el audio

del debut 

de Tasas Chinas

nuestro programa

de los martes a las 17hs

por Radio UBA (FM 87.9)

en dos partes:

Parte I

&

Parte II

No quememos los libros



Les dejo mi columna de hoy en La Nación online. El fin del mundo a la vuelta de la esquina

En Las partículas elementales, Michel Hoellebeq le hace decir a uno de sus personajes que el conocimiento científico no avanza de manera continua sino espasmódica. Se refiere, claro, a las ciencias duras; en su caso, a la ruptura o aparente contradicción entre la mecánica newtoniana, la relatividad y la física cuántica. El concepto estaría ligado a la teoría de los cambios de paradigmas de Thomas Kuhn o, más coloquialmente, a expresiones como abrir la cabeza o romper moldes.

Nada mejor que una crisis para despertar esta tentación rupturista en las ciencias sociales. Lo vimos y vivimos de cerca. En 2002, Argentina fue objeto de culto de la afiebrada imaginación fundacional de expertos y comentaristas. Invocaciones a la dolarización total y a la eliminación de los bancos nacionales, propuestas (¿antinómicas?) de estatizaciones masivas y de reemplazo de la clase política por una suerte de gobierno asambleario, invitaciones a montar en el país un protectorado bajo el mando de burócratas internacionales al estilo de la Alemania de posguerra. Cualquier idea parecía factible si se cometía el error de percibir la crisis como el preámbulo del fin de una época, del inicio del futuro.

Doce meses más tarde, el futuro se parecía bastante al pasado, mejorado en los márgenes por un aprendizaje más modesto y eficaz. Sobrevivieron la democracia representativa, el sistema bancario nacional, la moneda, la actividad privada; se evitaron el endeudamiento en moneda extranjera, el déficit fiscal insostenible, la apreciación, la apertura indiscriminada y disfuncional.

El descalabro financiero mundial reedita ahora esta crítica holística a escala global. “Los progresistas tenemos que tirar a la basura el paradigma neoliberal y reemplazarlo”, sugirió Thomas Palley, ex funcionario de la central sindical estadounidense AFL-CIO, en las últimas jornadas de nuestro Banco Central. (Palley no especificó con qué lo reemplazaría. Como muchos críticos, suele ser menos preciso a la hora de las propuestas. Como muchos heterodoxos convencionales, es fuertemente proteccionista: en una carta a Obama posteada en su blog personal pedía castigos económicos para los países con políticas de dólar alto –como Argentina hasta hace unos años.)

Pero las penurias del primer mundo no remiten al paradigma neoliberal –en rigor, un invento de políticos conservadores y seudoeconomistas ochentistas al que hoy, aprendizaje mediante, pocos suscriben. Tampoco son la prueba de la decadencia del imperio americano: tras cuatro años de crisis, el futuro vuelve a parecerse bastante al pasado, con Estados Unidos creciendo tanto como Brasil, China enfriando su motor recalentado y Europa enfrentando el abismo. Ni el reconocimiento de virtudes propias, como insinúan algunos funcionarios e intelectuales públicos argentinos mientras el país se queda a la zaga de la región. Son, en el mejor de los casos, señales de alarma que exigen revisar los manuales, no tirarlos a la basura.
Entonces, ¿aquí no ha pasado nada? ¿No hay lecciones de la crisis? Por el contrario, las hay como para escribir varios libros.

La crisis americana puede atribuirse, esencialmente, a cuatro factores: la complacencia de la Reserva Federal que mantuvo tasas bajas en años de crecimiento alto bajo el retrospectivamente irónico pretexto de la Gran Moderación; la codicia financiera que tomó riesgos excesivos buscando rendimientos en años de tasas bajas y crecimiento alto; la negligencia regulatoria que subestimó la codicia financiera y, por último, el oportunismo político que negó la evidencia para no aguar la fiesta popular.

“Todas las familias felices se parecen; las familias infelices son infelices a su manera.” Parafraseando el comienzo de la novela de Tolstoi, el “principio de Anna Karenina” popularizado por Jared Diamond en su
Armas, gérmenes y acero sostiene que el éxito de una empresa requiere de una combinación de factores. La Gran Recesión es un ejemplo de este principio, con el signo cambiado: El fracaso no podría haberse producido sin la presencia de todos los factores mencionados.

En cuanto a las lecciones, aprendimos, por ejemplo, a tomar más en serio cosas que antes desdeñábamos: el riesgo sistémico, las burbujas financieras e inmobiliarias, el eterno retorno del ciclo económico. Y a cuestionar lo que dábamos por sentado: la capacidad de los mercados financieros para autorregularse, la capacidad del regulador para disciplinarlos a distancia, la necesidad de actuar tempranamente, incluso de sobreactuar, a fin de evitar la injusta socialización de los costos.

También aprendimos (nosotros, los observadores del mundo en desarrollo, perplejos testigos del naufragio) las bondades de un estado solvente, la importancia del ahorro en la bonanza y del gasto en la escasez. Por último, nos enteramos de que el mundo no era tan estable ni crecía tanto como parecía a mediados de los años 2000. La década latinoamericana (y las tasas chinas) tendrán que esperar.

Mal que le pese a Hoellebeq (o a su personaje), el saber económico asociado a las políticas públicas, ese que no puede darse el lujo de experimentar con el bienestar de la población, avanza de modo gradual, acumulativo.

En los momentos de crisis es seducido por el facilismo fundacional: si nuestros modelos no pudieron prevenir que la crisis pusiera en jaque al sistema, al fuego con los modelos y el sistema. Pero esta postura presume la existencia de una construcción alternativa que nunca termina de definirse claramente más que como el negativo de la actual. Y pasa por alto que la realidad suele ser poco académica: no refleja errores analíticos sino influencias más pedestres: Las crisis (la nuestra, la global, las otras) fueron siempre advertidas a tiempo e ignoradas por intereses sectoriales, políticos o personales.

Como el tramo descendente de una montaña rusa, las crisis prometen catástrofes irremediables y revoluciones intelectuales que nunca acaban de materializarse. El saber económico (si acaso existe tal cosa) no se nutre de saltos cualitativos, visiones apocalípticas y epifanías antisistema sino de la articulación práctica de saberes previos. El resto es literatura.

lunes, 2 de julio de 2012

Paisajismo inglés (tardías lecciones de la crisis)

Como señalaba en mi reciente presentación en ACDE (y, desde hace varios años, en mis clases), la crisis financiera estadounidense puede atribuirse esencialmente a cuatro factores: 
  • la complacencia de la Reserva Federal que mantuvo tasas bajas en años de crecimiento alto bajo el retrospectivamente irónico pretexto de la Gran Moderación; 
  • la codicia financiera que tomó riesgos excesivos buscando rendimientos en años de tasas bajas y crecimiento alto; 
  • la negligencia regulatoria que subestimó la codicia financiera y, por último, 
  • el oportunismo político que negó la evidencia para no aguar la fiesta popular.

Las maniobras de los bancos ingleses para manipular la Libor (la tasa interbancaria de interés que indexa gran parte de los contratos financieros a tasa variable en el mundo) con la posible connivencia del regulador son una buena ilustración de la combinación de codicia financiera y negligencia regulatoria mencionada más arriba. En cuanto al Lite (regulatory) Touch al que hace referencia la prensa británica, qué mejor que recordar las palabras de Greenspan en relación a la conveniencia (o no) de monitorear a la industria financiera:

We cannot…project future innovations and [their] potential to create economic value.…The full disclosure of what some participants know can undermine incentives to take risk, a precondition to economic growth…Regulation [in OTC derivative markets] is not only unnecessary…, it is potentially damaging, because…disclosure of proprietary information can undercut innovation in financial markets [even] on a confidential basis to regulatory authorities…Innovators can never be fully confident…of the security of the informationUnfettered markets…create a degree of wealth that fosters a more civilized existence…the resistance…to such arguments suggests a…deep-seated aversion to the distress…of creative destruction.