miércoles, 21 de marzo de 2012
El corralito cambiario (Blue)
En varios trabajos académicos (antiguos pero curiosamente actuales) documentábamos con dos distinguidos colegas tres consecuencias visibles de los corralitos cambiarios.
Por un lado, una diferencia entre el precio de un activo con cotización internacional en el mercado local y el precio de ese mismo activo en el exterior –que llamábamos, previsiblememte, prima entre mercados o cross market premum. Dado que una manera común de girar ahorros al exterior es comprar el activo local y venderlo afuera, la diferencia de precio es un buen estimador del peaje de salida. Estas operaciones, denominadas en la jerga financiera de “contado con liquidación”, suelen usar acciones líquidas (como YPF antes o Tenaris ahora, ambas con su versión ADR transando en la bolsa de Nueva York) o bonos liquidos (como el Discount en dólares emitido bajo ley internacional).
Por otro lado, aquellos trabajos enfatizaban una segunda característica, tal vez menos obvia: contra lo que se pensaba en 2002, el corralito cambiario sí limita la fuga de capitales. La prueba es simple: las reservas dejan de caer. Es que estas operaciones de fuga sólo lo son entre particulares: quien compra la acción en NY es alguien que tiene los dólares afuera y no tiene problemas en dármelos a cambio de un papel argentino –y de una jugosa prima. O, como dice la canción, para salir hay que entrar. Así, la evolución de esta prima describe la intensificación de los controles, no la intensidad de la fuga.
Finalmente, en nuestra discusión distinguíamos las diversas fuentes de la prima entre mercados (que a principios de 2002 llegó al 50%, pero que tras la flotación del peso descendió a niveles de entre 10% y 20%). En particular, diferenciábamos la prima por depreciación (asociada a los controles cambiarios: el dólar cotizaba formalmente uno a uno pero se vendía en paralelo a 1.40), la prima por liquidez (asociada al corralito bancario: los cheques se vendían con un descuento del 10% a cambio de efectivo) y la prima por offshorización (asociada a los controles a la salida de capitales: el dólar en Buenos Aires valía menos que el dólar en Montevideo, San Pablo o Nueva York). Del mismo modo, hoy cabe distinguir entre la prima blue (la diferencia de cotización entre el paralelo y el oficial, asociada tanto a la prima cambiaria como a la presión tributaria sobre la economía informal) de la prima blue chip (la del contado con liquidación, asociada a la prima cambiaria más el costo de los controles a la salida). El hecho de que las dos usen el mismo color suele llevar a confusiones. Este gráfico, copiado del trabajo más sencillo (y, probablemente por esto, el mejor) de los mencionados, muestra cómo se veía la prima entre mercados en 2002 (en este caso, calculada como el descuento sufrido al convertir pesos en Buenos Aires en dólares en Nueva York).
Este otro muestra como se ve ahora la prima entre mercados (área verde) y la prima del paralelo (que se puede inferir de la diferencia entre la línea celeste y la línea roja).
Dejo las comparaciones a juicio de los lectores.
Enfermedad holandesa, capitales golondrina & metas de inflación 2.0
Van tres notas (en inglés) con un cast de distinguidos colegas, donde se destila media hora de conversación sobre la nueva ola de capitales especulativos en economías emergentes, sobre la necesidad de los bancos centrales de la región de incorporar la intervención cambiaria contrcíclica en su política monetaria (IT 2.0) y sobre el peligro de enfermedad holandesa (tradicional o financiera) en países exitosos, todos temas tratados con algo más de profundidad en posts pasados.
miércoles, 14 de marzo de 2012
El corralito cambiario (Hotel California)
¿Es una exgeración la analogía del título?
Hay diferencias cuantitativas entre el llamado “cepo” cambiario y aquél corralito de Cavallo, que limitaba la extracción de pesos convertibles (o sea, dólares) y que, tras la caída de la convertibilidad, limitó la compra de dólares y la salida de capitales para preservar las reservas. Pero las coincidencias cualitativas son varias, empezando por el hecho de que el cepo limita la compra de dólares y la salida de capitales.
Incluso en las formas hay similitudes: en 2002, la táctica (reconocida y deliberada) consistía en hacer llenar largos formularios a los compradores obligándolos a declarar sus comprar o, en caso de que esto no fuera un problema, obligándolos a perder horas en el proceso –con el fin de amedrentar al informal y espantar al chiquitaje. Hoy, es común que el banco ponga trabas kafkianas: demoras, vencimiento de la autorización de la AFIP –o que, en última instancia, advierta al comprador de peso sobre la posibilidad de una visita de cortesía de los inspectores una vez que su compra sea informada a las autoridades.
Con la pesificación del mercado de cambios tras la crisis de 2002, el mismo cepo funciona tanto para la compra de dólares como para la salida de capitales al exterior (aclaración técnica: la compra de dólares billete es por definición salida de capitales, pero al quedar en el país el ahorrista dolarizado no obtiene rendimiento, lo que reduce el incentivo dolarizador; esto no ocurre si los dólares son transferidos al exterior). El poseedor de argendólares (depósitos bancarios, bonos dolarizados, billetes) tiene que convertirlos a pesos y luego usar estos pesos para comprar dólares transferencia para girar al exterior. Pero al realizar la primera operación (aún contando la constancia bancaria de la primera, el potencial comprador) el potencial comprador queda en igualdad de condiciones al resto de los poseedores de pesos, compradores acorralados.
(Estas analogías dan pie a una comparación empírica sobre sus alcances, algo técnicas y tediosas, que reservo para un próximo post. Basta decir por ahora que el corralito sí limita la salida de capitales hacia el exterior, obligando al ahorrista local a buscar un privado con dólares afuera dispuesto a vendérselos por una jugosa prima.)
El corralito cambiario sin duda influirá en la decisión de repatriación de ahorros o de inversión extranjera (no confundir ésta última con el número devengado reportado en la balanza de pagos, inflado con utilidades “reinvertidas” –otro aspecto del corralito cambiario). Así las cosas. Argentina vuelve a ser una suerte de Hotel California para capitales privados: pueden llegar en cualquier momento del año, pero nunca pueden partir.
lunes, 12 de marzo de 2012
Efectos perversos del desarrollo urbano (Our house)
Mientras paseo por Parque Patricios y Barracas, pienso en las consecuencias del desarrollo urbano.
Tomemos, por ejemplo, un barrio del sur de la ciudad de Buenos Aires, invirtamos recursos públicos para reacondicionarlo, dotarlo de servicios, levantemos tal vez uno o dos edificios modernos con destino emblemático que le pongan onda a la cosa, atrayendo actividad e inversiones –en particular, desarrollos inmobiliarios que renueven la oferta de propiedades y revaloricen las existentes. Todo esto, ¿es regresivo o progresivo para el vecino? ¿Quiénes ganan y quiénes pierden en el barrio?
La respuesta, simple, está ligada al problema de la inquilinización creciente que mencionara en un post reciente: ganan los dueños (que se apropian de la valorización de sus propiedades) y pierden los inquilinos (que ven encarecerse sus alquileres y, probablemente, sean eyectados hacia zonas más baratas que, urbanización mediante, serán también zonas más alejadas del centro).
Esta potencial paradoja del desarrollo urbano a expensas del fisco (una suerte de subsidio a los propietarios a expensas de los inquilinos) remite a otro más general: el “desplazamiento de la línea de calidad” hacia barrios secundarios (la lenta transformación de barrios marginales en zonas selectas) suele ser cruel con sus moradores circunstanciales.
El patrón no es nuevo y se relaciona con un dilema urbano cada vez más crítico: la doble tendencia hacia la congestión de transito y el aumento de la elasticidad distancia del precio de las propiedades. O, más simple, el hecho de que irse a los suburbios salga cada vez más en términos de tiempo de transporte, y que venirse a la ciudad salga cada vez más en términos de costo de alquiler o compra –lo que hace que, de un modo u otro, la calidad de vida urbana desmejore, y lo haga más para los que menos tienen.
Mientras paseo por Parque Patricios y Barracas y pienso en las consecuencias del desarrollo urbano me pregunto si tiene sentido que una ciudad destine dineros públicos a desarrollar un barrios para beneficio de los sectores más pudientes de ese mismo barrio (y de la ciudad) y, asumiendo que lo tenga (de lo contrario, estaría abogando por dejar estos barrios en su estado de subdesarrollo), ¿qué medidas paliativas debería tomar para mitigar el efecto regresivo? ¿Debería, por ejemplo, contemplar préstamos subsidiados para la compra (pero si no compraban antes, cómo lo harán ahora), o aumentar la asignación de planes sociales para compensar la transferencia de inquilinos a dueños (pero en este caso la red de compensaciones puede ser inacabable), o financiar viviendas populares con alquileres subsidiados al estilo europeo (ésta, si bien costosa y posiblemente insuficiente, no es una mala idea)?
Un ingrediente más del postergado debate sobre la vivienda urbana.
Tomemos, por ejemplo, un barrio del sur de la ciudad de Buenos Aires, invirtamos recursos públicos para reacondicionarlo, dotarlo de servicios, levantemos tal vez uno o dos edificios modernos con destino emblemático que le pongan onda a la cosa, atrayendo actividad e inversiones –en particular, desarrollos inmobiliarios que renueven la oferta de propiedades y revaloricen las existentes. Todo esto, ¿es regresivo o progresivo para el vecino? ¿Quiénes ganan y quiénes pierden en el barrio?
La respuesta, simple, está ligada al problema de la inquilinización creciente que mencionara en un post reciente: ganan los dueños (que se apropian de la valorización de sus propiedades) y pierden los inquilinos (que ven encarecerse sus alquileres y, probablemente, sean eyectados hacia zonas más baratas que, urbanización mediante, serán también zonas más alejadas del centro).
Esta potencial paradoja del desarrollo urbano a expensas del fisco (una suerte de subsidio a los propietarios a expensas de los inquilinos) remite a otro más general: el “desplazamiento de la línea de calidad” hacia barrios secundarios (la lenta transformación de barrios marginales en zonas selectas) suele ser cruel con sus moradores circunstanciales.
El patrón no es nuevo y se relaciona con un dilema urbano cada vez más crítico: la doble tendencia hacia la congestión de transito y el aumento de la elasticidad distancia del precio de las propiedades. O, más simple, el hecho de que irse a los suburbios salga cada vez más en términos de tiempo de transporte, y que venirse a la ciudad salga cada vez más en términos de costo de alquiler o compra –lo que hace que, de un modo u otro, la calidad de vida urbana desmejore, y lo haga más para los que menos tienen.
Mientras paseo por Parque Patricios y Barracas y pienso en las consecuencias del desarrollo urbano me pregunto si tiene sentido que una ciudad destine dineros públicos a desarrollar un barrios para beneficio de los sectores más pudientes de ese mismo barrio (y de la ciudad) y, asumiendo que lo tenga (de lo contrario, estaría abogando por dejar estos barrios en su estado de subdesarrollo), ¿qué medidas paliativas debería tomar para mitigar el efecto regresivo? ¿Debería, por ejemplo, contemplar préstamos subsidiados para la compra (pero si no compraban antes, cómo lo harán ahora), o aumentar la asignación de planes sociales para compensar la transferencia de inquilinos a dueños (pero en este caso la red de compensaciones puede ser inacabable), o financiar viviendas populares con alquileres subsidiados al estilo europeo (ésta, si bien costosa y posiblemente insuficiente, no es una mala idea)?
Un ingrediente más del postergado debate sobre la vivienda urbana.
sábado, 25 de febrero de 2012
¿Cuánto crece Argentina? (Too good to be true)
¿Cuánto creció Argentina enlos últimos años? ¿Cuánto está creciendo ahora? En el informe Argentina 2012: El test de la escasez (ELYPSIS, febrero 2012), leemos:
Los datos del PBI se han tornado cada vez más sospechosos. Distorsionados desde el comienzo de la intervención en el INDEC en 2007 por la subestimación del IPC utilizado en la estimación de las cuentas nacionales (en particular, el consumo privado), el crecimiento hoy es percibido como deliberadamente exagerado. Si bien, al igual que con el IPC, no hay una manera sencilla de compensar este inconveniente estadístico, existen sustitutos imperfectos que permiten reducir el sesgo presente en las estimaciones oficiales. Buscando cubrir este bache, construimos un Índice Coincidente de Actividad Económica (ICAE), sobre la base de 9 series altamente correlacionadas con el EMAE (proxy mensual del PBI) en el periodo previo a la intervención del INDEC. Nuestros resultados indican que (i) el crecimiento ha sido sobreestimado desde 2007, particularmente durante los períodos recesivos, acumulando un diferencial de crecimiento de 14% y (ii) la actividad se habría desacelerado considerablemente a finales de 2011 (con un promedio para 2011 de 6% contra el 9% oficial).
Hacia el final del informe se detalla:
El ICAE se construye a partir 9 series, seleccionadas de un grupo más grande en función de su correlación contemporánea con el EMAE para el período 1997-2006…Los valores reales se calculan utilizando el IPC oficial hasta finales de 2006 y un estimador del IPC basado en la información de las agencias de estadísticas provinciales a partir de entonces. Los cambios año contra año en las variables seleccionadas son ponderados por la inversa de su desvío estándar con respecto a la suma de la inversa del desvío estándar de todas las series. El resultado se reajusta para que coincida con el desvío estándar del EMAE y es acumulado en el tiempo para obtener un índice que es, a su vez, desestacionalizado utilizando un ARIMA X12.
Aquí, los números del informe:
Los datos del PBI se han tornado cada vez más sospechosos. Distorsionados desde el comienzo de la intervención en el INDEC en 2007 por la subestimación del IPC utilizado en la estimación de las cuentas nacionales (en particular, el consumo privado), el crecimiento hoy es percibido como deliberadamente exagerado. Si bien, al igual que con el IPC, no hay una manera sencilla de compensar este inconveniente estadístico, existen sustitutos imperfectos que permiten reducir el sesgo presente en las estimaciones oficiales. Buscando cubrir este bache, construimos un Índice Coincidente de Actividad Económica (ICAE), sobre la base de 9 series altamente correlacionadas con el EMAE (proxy mensual del PBI) en el periodo previo a la intervención del INDEC. Nuestros resultados indican que (i) el crecimiento ha sido sobreestimado desde 2007, particularmente durante los períodos recesivos, acumulando un diferencial de crecimiento de 14% y (ii) la actividad se habría desacelerado considerablemente a finales de 2011 (con un promedio para 2011 de 6% contra el 9% oficial).
Hacia el final del informe se detalla:
El ICAE se construye a partir 9 series, seleccionadas de un grupo más grande en función de su correlación contemporánea con el EMAE para el período 1997-2006…Los valores reales se calculan utilizando el IPC oficial hasta finales de 2006 y un estimador del IPC basado en la información de las agencias de estadísticas provinciales a partir de entonces. Los cambios año contra año en las variables seleccionadas son ponderados por la inversa de su desvío estándar con respecto a la suma de la inversa del desvío estándar de todas las series. El resultado se reajusta para que coincida con el desvío estándar del EMAE y es acumulado en el tiempo para obtener un índice que es, a su vez, desestacionalizado utilizando un ARIMA X12.
Aquí, los números del informe:
Cmo dice la canción, it´s just too good to be true.
lunes, 20 de febrero de 2012
La lenta inquilinización de la familia argentina
Hace unos meses, en varios post alusivos, sugería que la falta de crédito hipotecario y la represión financiera que genera tasas reales negativas (dos fenómenos vinculados entre sí) podían llevar a que la redistribución del ingreso (por la mejora en el empleo y el salario real) derivara en una peor distribución de la riqueza (por la caída del valor real de los activos netos de los hogares) en la medida en que el ingreso adicional se "invirtiera" en bienes durables de rápida depreciación (autos, televisores) o en activos financieros licuados por la inflación.
Como no hay medidas confiables de la distribución de la riqueza (mucha de la cual no está declarada), puee ser útil mirar la evolución del porcentaje de dueños de hogar. El argumento era simple: el instrumento de ahorro de las clases medias y bajas es el ladrillo; si mi hipóteis del desahorro es correcta, en la medida en que los ahorros se desplacen del ladrillo a otros bienes durables, debería verse una caída en la proporcion de dueños de las propiedades que habitan. En este post encontraba que los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) estaban en linea con los temores señalados en la nota.
La encuesta, como su nombre lo indica, se hace a partir de una muestra, no del universo completo. A raiz de esto, un distiguido colega me envía estos cuadros elaborados a partir de una comparación de los datos censales de 2010 (publicados recientemente) con los de 2001. O sea, el universo completo. De paso, me tira unos cortes geográficos y por categorías que permiten hilar la historia de la vivienda de manera más fina. Los datos de GBA confirman la lente inquilinización de la familia argentina (el mismo patrón se repite en el resto de los centros urbanos).
Es posible pensar esta evolución como un producto indeseado de una política de fomento del crédito barato y de la demanda agregada que termina ahogando al primero (en rigor, limitándolo al préstamo corto de consumo), direccionando la segunda hacia el consumo suntuario, y encareciendo la propiedad en tanto activo de reserva (refugio contra la inflación). El potencial propietario que no califica para la hipoteca alquila y se endeuda con el banco para comprarse el auto. Todo esto para beneficio de unos pocos proveedores (los mismos beneficiarios, casualmente, de la maquila fueguina o demás regímenes especiales de protección) y en detrimento de la distribución de la riqueza. (Naturalmente, esto sólo puede ser parte de la respuesta, en la medida en que el creciente déficit de propietarios se repite en clases bajas que difícilmente accedan al crédito en situación normal. La otra mitad, entonces, remitiría a los escasos avances en materia de vivienda social que señalaba en este post.)
En suma, buenas intenciones, mal cálculo, y nada que sugiera un cambio de estrategia en un área crítica del desarrollo social. Como dicen las cabezas parlantes, fighting fire with fire.
Como no hay medidas confiables de la distribución de la riqueza (mucha de la cual no está declarada), puee ser útil mirar la evolución del porcentaje de dueños de hogar. El argumento era simple: el instrumento de ahorro de las clases medias y bajas es el ladrillo; si mi hipóteis del desahorro es correcta, en la medida en que los ahorros se desplacen del ladrillo a otros bienes durables, debería verse una caída en la proporcion de dueños de las propiedades que habitan. En este post encontraba que los datos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) estaban en linea con los temores señalados en la nota.
La encuesta, como su nombre lo indica, se hace a partir de una muestra, no del universo completo. A raiz de esto, un distiguido colega me envía estos cuadros elaborados a partir de una comparación de los datos censales de 2010 (publicados recientemente) con los de 2001. O sea, el universo completo. De paso, me tira unos cortes geográficos y por categorías que permiten hilar la historia de la vivienda de manera más fina. Los datos de GBA confirman la lente inquilinización de la familia argentina (el mismo patrón se repite en el resto de los centros urbanos).
Es posible pensar esta evolución como un producto indeseado de una política de fomento del crédito barato y de la demanda agregada que termina ahogando al primero (en rigor, limitándolo al préstamo corto de consumo), direccionando la segunda hacia el consumo suntuario, y encareciendo la propiedad en tanto activo de reserva (refugio contra la inflación). El potencial propietario que no califica para la hipoteca alquila y se endeuda con el banco para comprarse el auto. Todo esto para beneficio de unos pocos proveedores (los mismos beneficiarios, casualmente, de la maquila fueguina o demás regímenes especiales de protección) y en detrimento de la distribución de la riqueza. (Naturalmente, esto sólo puede ser parte de la respuesta, en la medida en que el creciente déficit de propietarios se repite en clases bajas que difícilmente accedan al crédito en situación normal. La otra mitad, entonces, remitiría a los escasos avances en materia de vivienda social que señalaba en este post.)
En suma, buenas intenciones, mal cálculo, y nada que sugiera un cambio de estrategia en un área crítica del desarrollo social. Como dicen las cabezas parlantes, fighting fire with fire.
miércoles, 1 de febrero de 2012
Maldito cupón
Para los que lean la nota (en inglés), van aquí dos comentarios (a mi juicio) bastante simples:
1. El cupón fue una de esas decisiones que se ven bien en papel cuando uno pasa por alto las características más pedestres de la industria financiera, pero suelen ser un fiasco en la práctica (debido, precisamente,. a estas características). Asimismo, en el afán de customizarlo para servir varios propósitos, sufrió por una suerte de "sobrediseño" (demasiadas condiciones en base a parámetros no siempre correlacionados), que hizo virtualmente imposible su valuación técnica. Si sumamos esta dificultad a la naturaleza por demás exótica de la especie (sin ningún correlato con otros riesgos típicamente transados en el mercado y sin una clase de activos y una base inversora natural) se entiende que este instrumento que, al momento de su emisión tenía un valor técnico de 4 centavos por bono asociado fuera pagado por el mercado cerca de 2 centavos. En otras palabras, el gobierno perdió (el inversor ganó) la diferencia en el día 0 (antes del milagro chino y del milagro argentino). En este sentido, no es que el gobierno haya subestimado su valor, sino que intentó forzar un activo en un mercado reacio a tomarlo, con un costo fiscal no menor. (En cuanto a la intención de dar la señal de que se "asociaba" con los bonistas en las buenas y en las malas, por todo lo conmovedora que pueda ser esta imagen, creo que no amerita una discusión técnica.)
2. En cambio, el hecho de que, después de emitido, el bono haya pagado más de lo previsto (el argumento preferido de sus detractores) represente un error de juicio bastante primario. pagar más en las buenas no deja de ser parte de las reglas naturales de todo instrumento contingente diseñado para minimizar el impacto de estos pagos (por ejemplo, dejando de pagar en años malos, como sucedió en 2009). Echarle en cara al gobierno que al final se haya pagado más porque se creció más es como echarle en cara al seguro que gane dinero con la prima porque no chocamos. Entendible desde un punto psicológico, pero a distancia de un argumento económico.
martes, 31 de enero de 2012
Heterodoxia rica, heterodoxia pobre
Les dejo, a modo de sneak preview, un párrafo sobre los matices y asimetrías del proteccionismo extraído de la larga nota que pergeñamos junto con el distinguido Alejandro Bercovich para la próxima Crisis Revista:
Una anécdota pinta
claramente la contradicción entre heterodoxia rica y heterodoxia pobre. Uno de
los invitados especiales de las últimas jornadas del BCRA (devenidas, en los
últimos dos años, en proscenio de economistas críticos vernáculos y foráneos)
fue Thomas Palley, ex funcionario de la central
sindical estadounidense AFL-CIO. Mr. Palley suscribe la prédica revisionista
(“los progresistas necesitamos tirar a la basura
el paradigma neoliberal y reemplazarlo”, decía Palley, según Página12 del1/7/11, en el mismo panel en el que el representante oficial argentino pedía un
“tipo de cambio que proteja al trabajo”) pero rechaza el “tipo de cambio
que proteja el trabajo” en países en desarrollo
expensas del trabajo gringo (en su “Carta a Obama” exigía “intervenir administrativa y legalmente para imponer
barreras de entrada a productos de países con monedas subvaluadas”).
lunes, 30 de enero de 2012
La tía italiana
A pedido de una distinguida colega con veleidades italianazantes, desempolvé esta reliquia de Mina circa 1970, una versión extraordinaria de una de una canción extraordinaria (y curiosamente popular en Italia: aquí, una versión más moderna por otra diva de antaño).
domingo, 29 de enero de 2012
El sueño húmedo de la decadencia del imperio americano
El “pensamiento crítico” (no confundir con pensamiento crítico), que habita los intersticios del mainstream intelectual y ve en cada crisis una oportunidad de reparación por años de ostracismo, ha gastado kilómetros de tinta y celuloide pintando con colores materialistas y dialécticos el fin del imperio americano. La última crisis financiera mundial (que, vale aclarar, golpeó más a Europa que a los EEUU) ha sido música para los oídos críticos: antesala del fin del capitalismo y comienzo de algo que no siempre está claro pero que segun algunas representaciones recurrentes de este campo del pensamiento se asemejaría a la anti utopía –no la contracultural de fines de los 60 sino la post apocalíptica de fines de los 50s, la pesadilla asociada al duck & cover del ataque nuclear.
Harold Bloom suele incluir a Freud en su canon de la literatura (a la vez un comentario positivo sobre su elaboración intelectual y uno negativo sobre su rigurosidad científica). Sin llegar a estas alturas, algunas de las piezas de politoeconosociología crítica ameritan una consideración literaria. Una de ellas, que llegó a mis ojos por cortesía de una distinguida colega extradisciplinaria, y que servirá de disparador para una muestra en el Malba sobre (¿qué otra cosa?) la decadencia del imperio americano (reflejada en el arte), representa un encapsulado resumen de las fantasías de este grupo de intelectuales europeos del sueño americano.
Su autor, John Gray, es un reputado ginecólogo del capitalismo. Sus principales títulos (Falso amanecer. Los engaños del capitalismo global; Herejías: Contra el progreso y otras ilusiones; Misa negra: La religión apocalíptica y la muerte de la utopía) insinúan una voluptuosidad que excede gozosamente los rigores de la academia. (Como punto de referencia, baste decir que en Misa Negra define al laborista Tony Blair como un conservador americano.)
El texto de Gray es profundamente literario: construye su imagen del día después americano siguiendo la huella del distopista inglés por excelencia: J. G. Ballard (un gusto personal adquirido que, a la manera de Bloom, inmediatamente sesga mi valoración de Gray como intelectual y literato). Ballard, que ha distopizado, entre otros sujetos, los accidentes (La exhibición de atrocidades), los avances médicos (El hombre imposible), la alienación suburbana (el cuento "El hombre sobrecargado") y el futuro ("Las voces del tiempo"), remite inevitablemente a los símbolos del sueño americano (que a principios del siglo pasado habrian referido al sueño industrialista inglés): el consumismo, el progreso, la máquina.
Gray parte de Hola, América (1981) para fundar su visión del derrape americano. El libro no difiere en mucho de otros anteriores (y superiores) de Ballard (ni del pulp de Carpenter en Escape de Nueva York, del mismo año). La decadencia americana fue moda en los 80s de Reagan y Thatcher: clisé en la película homonima de Denys Arcand, calculadora paranoia antinipona en el Raising Sun de Crighton, en última instancia útil excusa para el neoliberalismo del fin de la ideologías, la reducción del estado, y la solapada materialización de la globalizadora hegemonía corporativa (el termino "neoliberalismo" sería apropiado en los 90s como significante vacío por el “pensamiento crítico” para representar al sistema capitalista, o al sistema a secas).
Gray cita a Ballard, que describe el encuentro de sus exploradores de la América residual con los restos de Las Vegas, la nueva capital: “Y así llegaron al paraíso eléctrico... Un lago de carteles de neón formando una corona iridescente, kilómetros de luminarias callejeras extendiéndose a lo largo de los pórticos de los casinos, dibujadas sobre las fachadas vidriadas de los hoteles [zipping up the curtain-walling of the hotels: juego de palabras musical e intraducible] y derramándose dentro de cascadas musgosas. Bajo el cielo ultramarino, que de tan oscuro ya no coloreaba sus rostros, el espectáculo de la otrora capital del juego parecía tan irreal como un sueño electrográfico.”
Un “sueño electrográfico” (el título de la pieza de Gray) es una expresión de Ballard de esas que señalan comuniones irreconciliables entre hombre y máquina. Es decir, un concepto estrictamente literario. Gray no se queda atrás. Asi describe la coyuntura estadounidense en los días previos a la Gran Crisis: “Los esbozos de la nueva ecoomía americana eran evidentes: un sistema donde la clase media dejó de existir y la mayoría de la gente subsistia a la sombra del trabajo precarizado, las industrias ilegales, la distribución de drogas, el comercio del sexo y las ventas de segunda mano—una plantación postmoderna donde la generación de relaciones de servidumbre a través del endeudamiento podia verse en cada esquina.” El sueño de Gray no es electrográfico; es un sueño húmedo de anticipación y deseo.
Una caracteristica del pensamiento crítico es su desdén por la evidencia empírica, siempre sospechosa o potencialmente sesgada por el sistema. La evidencia es como la piedra en el zapato: no todos la toleran. Sin evidencias, es más fácil tejer argumentos contundentes: “según ciertos estimados, la desigualdad en América a principios del nuevo milenio podria ser mayor a la de la economía esclavista de la Roma imperial en el siglo II. […]La infraestructura se pudre, mientras la población se descapacita progresivamente. […]No sólo en relación a las economías emergentes sino en términos absolutos, América se enfrenta a un futuro de decadencia.”
El sustento económico de esta lógica irreductible es arbitrario. “Países emergentes crean nueva riqueza a gran escala, pero sin suscribir el modelo americano. El capitalismo chino carece de cualquiera de las característica que generaciones de neoliberales juzgaron necesarias para el crecimiento sostenido, como la moral individualista. Así y todo China alcanzó la mayor y más rápida industrialización de la historia, y no detuvo su crecimiento tras la crisis financiera. India mostró un progreso más lento pero igualmente llamativo, mientras que Brasil está en el medio de una transformación extraordinaria. En el viejo mundo, Alemania—de nuevo, con un muy diferente modelo de capitalismo—emerge como la economia avanzada mas exitosa..."
¿Generaciones de neoliberalismo (movida que vio luz en los 80s y fue pasada a retiro en los 90s)? ¿Moral individualista como premisa del crecimiento económico? ¿Capitalismo chino, basado en la creciente privatización del capital y la rentabilidad empresaria (suerte de revolución cultural industrialista) como alternativa al capitalismo gringo? ¿Modelo alemán (europeo) basado en el sobreconsumo de la periferia (Grecia, España, Portugal, Italia, Irlanda) en base al sobreendeudamiento como respuesta al agonizante capitalismo financiero de Nueva York (y Londres)? ¿Contracapitalismo indobrasilero (con un Brasil que crece per cápita apenas por encima del imperio)?
¿Es ésta la solución que propone la narrativa crítica, su desenlace: un escenario postamericano que combina una Europa en estado de shock con una desigual y modesta América Latina y un gigante chino paralizando y parasitando el mundo emergente como una gran araña? ¿No es el sol califoniano al que vuelan los sobrevivientes de la caída de Las Vegas al final de la invención de Ballard, sino el mundo consumido que espera al final de La Carratera de McCarthy?
En cualquier caso, esta parte del relato no importa demasiado. A Gray, fastidiado por su fascinación anal con los Estados Unidos como tantos otros “críticos” del viejo mundo, sólo le interesa apuntarle al imperio con violencia catártica, aun a costa de omisiones (el impacto ecológico del milagro chino, el potencial desmembramiento europeo, el hecho de que la deuda de las familias americanas haya sido, mal o bien, el correlato del ahorro en ladrillos -o sea, del ahorro). Muchas cosas pasan en Estados Unidos, pero Gray no hace ciencia sino literatura: cita, correctamente, la dispersión política y el freak show de candidatos republicanos, pero se olvida de mencionar que esto hace más probable la improbable candidatura del sempiterno Gingrich (hombre del sistema si los hay) y la victoria del sensato Obama; insinúa -aunque no cierra- el argumento de que el sobreendeudamiento es la contracara de un estancamiento del ingreso de las clases medias americanas por debajo de sus aspiraciones de consumo -hipótesis que hiciera, entre otros, el ex economista jefe del FMI, Raghuram Rajan-pero olvida la existencia de una cruzada americana por la vivienda universal que pecede y explica la burbuja inmobiliaria.
Finalmente, declara: “América, de hecho, se mueve rápidamente hacia el pasado—no el propio sino el de los países del Tercer Mundo. En una suerte de desarrollo económico en reversa, los EEUU replican las condiciones de división social y corrupción política que existían hace décadas en la mayor parte de América Latina”. La latinoamericanización del primer mundo, un clásico infaltable del distopismo mágico del pensamiento crítico.
La crisis ha renovado (en parte) el pensamiento mainstream. ¿Para cuándo la renovacion del pensamiento crítico?
Para terminar, unas palabras alusivas de otro intelectual británico contemporáneo:
Harold Bloom suele incluir a Freud en su canon de la literatura (a la vez un comentario positivo sobre su elaboración intelectual y uno negativo sobre su rigurosidad científica). Sin llegar a estas alturas, algunas de las piezas de politoeconosociología crítica ameritan una consideración literaria. Una de ellas, que llegó a mis ojos por cortesía de una distinguida colega extradisciplinaria, y que servirá de disparador para una muestra en el Malba sobre (¿qué otra cosa?) la decadencia del imperio americano (reflejada en el arte), representa un encapsulado resumen de las fantasías de este grupo de intelectuales europeos del sueño americano.
Su autor, John Gray, es un reputado ginecólogo del capitalismo. Sus principales títulos (Falso amanecer. Los engaños del capitalismo global; Herejías: Contra el progreso y otras ilusiones; Misa negra: La religión apocalíptica y la muerte de la utopía) insinúan una voluptuosidad que excede gozosamente los rigores de la academia. (Como punto de referencia, baste decir que en Misa Negra define al laborista Tony Blair como un conservador americano.)
El texto de Gray es profundamente literario: construye su imagen del día después americano siguiendo la huella del distopista inglés por excelencia: J. G. Ballard (un gusto personal adquirido que, a la manera de Bloom, inmediatamente sesga mi valoración de Gray como intelectual y literato). Ballard, que ha distopizado, entre otros sujetos, los accidentes (La exhibición de atrocidades), los avances médicos (El hombre imposible), la alienación suburbana (el cuento "El hombre sobrecargado") y el futuro ("Las voces del tiempo"), remite inevitablemente a los símbolos del sueño americano (que a principios del siglo pasado habrian referido al sueño industrialista inglés): el consumismo, el progreso, la máquina.
Gray parte de Hola, América (1981) para fundar su visión del derrape americano. El libro no difiere en mucho de otros anteriores (y superiores) de Ballard (ni del pulp de Carpenter en Escape de Nueva York, del mismo año). La decadencia americana fue moda en los 80s de Reagan y Thatcher: clisé en la película homonima de Denys Arcand, calculadora paranoia antinipona en el Raising Sun de Crighton, en última instancia útil excusa para el neoliberalismo del fin de la ideologías, la reducción del estado, y la solapada materialización de la globalizadora hegemonía corporativa (el termino "neoliberalismo" sería apropiado en los 90s como significante vacío por el “pensamiento crítico” para representar al sistema capitalista, o al sistema a secas).
Gray cita a Ballard, que describe el encuentro de sus exploradores de la América residual con los restos de Las Vegas, la nueva capital: “Y así llegaron al paraíso eléctrico... Un lago de carteles de neón formando una corona iridescente, kilómetros de luminarias callejeras extendiéndose a lo largo de los pórticos de los casinos, dibujadas sobre las fachadas vidriadas de los hoteles [zipping up the curtain-walling of the hotels: juego de palabras musical e intraducible] y derramándose dentro de cascadas musgosas. Bajo el cielo ultramarino, que de tan oscuro ya no coloreaba sus rostros, el espectáculo de la otrora capital del juego parecía tan irreal como un sueño electrográfico.”
Un “sueño electrográfico” (el título de la pieza de Gray) es una expresión de Ballard de esas que señalan comuniones irreconciliables entre hombre y máquina. Es decir, un concepto estrictamente literario. Gray no se queda atrás. Asi describe la coyuntura estadounidense en los días previos a la Gran Crisis: “Los esbozos de la nueva ecoomía americana eran evidentes: un sistema donde la clase media dejó de existir y la mayoría de la gente subsistia a la sombra del trabajo precarizado, las industrias ilegales, la distribución de drogas, el comercio del sexo y las ventas de segunda mano—una plantación postmoderna donde la generación de relaciones de servidumbre a través del endeudamiento podia verse en cada esquina.” El sueño de Gray no es electrográfico; es un sueño húmedo de anticipación y deseo.
Una caracteristica del pensamiento crítico es su desdén por la evidencia empírica, siempre sospechosa o potencialmente sesgada por el sistema. La evidencia es como la piedra en el zapato: no todos la toleran. Sin evidencias, es más fácil tejer argumentos contundentes: “según ciertos estimados, la desigualdad en América a principios del nuevo milenio podria ser mayor a la de la economía esclavista de la Roma imperial en el siglo II. […]La infraestructura se pudre, mientras la población se descapacita progresivamente. […]No sólo en relación a las economías emergentes sino en términos absolutos, América se enfrenta a un futuro de decadencia.”
El sustento económico de esta lógica irreductible es arbitrario. “Países emergentes crean nueva riqueza a gran escala, pero sin suscribir el modelo americano. El capitalismo chino carece de cualquiera de las característica que generaciones de neoliberales juzgaron necesarias para el crecimiento sostenido, como la moral individualista. Así y todo China alcanzó la mayor y más rápida industrialización de la historia, y no detuvo su crecimiento tras la crisis financiera. India mostró un progreso más lento pero igualmente llamativo, mientras que Brasil está en el medio de una transformación extraordinaria. En el viejo mundo, Alemania—de nuevo, con un muy diferente modelo de capitalismo—emerge como la economia avanzada mas exitosa..."
¿Generaciones de neoliberalismo (movida que vio luz en los 80s y fue pasada a retiro en los 90s)? ¿Moral individualista como premisa del crecimiento económico? ¿Capitalismo chino, basado en la creciente privatización del capital y la rentabilidad empresaria (suerte de revolución cultural industrialista) como alternativa al capitalismo gringo? ¿Modelo alemán (europeo) basado en el sobreconsumo de la periferia (Grecia, España, Portugal, Italia, Irlanda) en base al sobreendeudamiento como respuesta al agonizante capitalismo financiero de Nueva York (y Londres)? ¿Contracapitalismo indobrasilero (con un Brasil que crece per cápita apenas por encima del imperio)?
¿Es ésta la solución que propone la narrativa crítica, su desenlace: un escenario postamericano que combina una Europa en estado de shock con una desigual y modesta América Latina y un gigante chino paralizando y parasitando el mundo emergente como una gran araña? ¿No es el sol califoniano al que vuelan los sobrevivientes de la caída de Las Vegas al final de la invención de Ballard, sino el mundo consumido que espera al final de La Carratera de McCarthy?
En cualquier caso, esta parte del relato no importa demasiado. A Gray, fastidiado por su fascinación anal con los Estados Unidos como tantos otros “críticos” del viejo mundo, sólo le interesa apuntarle al imperio con violencia catártica, aun a costa de omisiones (el impacto ecológico del milagro chino, el potencial desmembramiento europeo, el hecho de que la deuda de las familias americanas haya sido, mal o bien, el correlato del ahorro en ladrillos -o sea, del ahorro). Muchas cosas pasan en Estados Unidos, pero Gray no hace ciencia sino literatura: cita, correctamente, la dispersión política y el freak show de candidatos republicanos, pero se olvida de mencionar que esto hace más probable la improbable candidatura del sempiterno Gingrich (hombre del sistema si los hay) y la victoria del sensato Obama; insinúa -aunque no cierra- el argumento de que el sobreendeudamiento es la contracara de un estancamiento del ingreso de las clases medias americanas por debajo de sus aspiraciones de consumo -hipótesis que hiciera, entre otros, el ex economista jefe del FMI, Raghuram Rajan-pero olvida la existencia de una cruzada americana por la vivienda universal que pecede y explica la burbuja inmobiliaria.
Finalmente, declara: “América, de hecho, se mueve rápidamente hacia el pasado—no el propio sino el de los países del Tercer Mundo. En una suerte de desarrollo económico en reversa, los EEUU replican las condiciones de división social y corrupción política que existían hace décadas en la mayor parte de América Latina”. La latinoamericanización del primer mundo, un clásico infaltable del distopismo mágico del pensamiento crítico.
La crisis ha renovado (en parte) el pensamiento mainstream. ¿Para cuándo la renovacion del pensamiento crítico?
Para terminar, unas palabras alusivas de otro intelectual británico contemporáneo:
sábado, 28 de enero de 2012
Rebekah y las taradas
Gran show anoche en Vinilo de Las Taradas, un rejunte de mujeres almodovarianas que militan en bandas como Alvyn Singer o Cosa Mostra y se juntan a atacar clásicos como éste:
La rendición absurdamente depresiva de La Noche de Mi Amor que hicieron anoche (no encontre el clip) me recordó a Rebekah del Rio (tan irreal que por un tiempo pensé que era un invento de David Lynch) desfigurando este clásico de Roy Orbison:
No hay banda.
La rendición absurdamente depresiva de La Noche de Mi Amor que hicieron anoche (no encontre el clip) me recordó a Rebekah del Rio (tan irreal que por un tiempo pensé que era un invento de David Lynch) desfigurando este clásico de Roy Orbison:
No hay banda.
miércoles, 25 de enero de 2012
Pesetización (sácame de aquí)
Hace unos meses, los distinguidos colegas de la Fundación de Estudios Financieros de España me pidieron un trabajo sobre un posible abandono del euro: pros y contras, consecuencias, comparaciones con el caso argentino, y demás dislates monetarios. Pues aquí está, próximo a ser presentado en sociedad en Madrid junto con otros, más sesudos estudios sobre el infausto destino de la madre patria.
Va con yapa alegórica del héroe del silencio.
Va con yapa alegórica del héroe del silencio.
martes, 24 de enero de 2012
Música progresista
Progresiva de 2da generación, circa 1980. La cháchara de elefante de Belew & Fripp, célebre cortina del célebre Tren Fantasma de Omar Cerasuolo (personalmente, el mejor programa de radio que escuché en mi vida):
y un "hit" del tercer opus solista de Peter Gabriel:
If looks could kill they probably will.
y un "hit" del tercer opus solista de Peter Gabriel:
If looks could kill they probably will.
domingo, 22 de enero de 2012
Curiosos comportamientos cambiarios
Va mi columna de hoy en el suplemento económico de La Nación. Elabora sobre un post anterior en este sitio (salió un tanto telegráfica aún para un suplemento económico; por si sirve de excusa, fue escrita a altas horas de la noche en un avión de regreso a casa después de una semana de poco sueño y se nota).La decisión de convertir (¿invertir?) la flotación administrada del peso competitivo en una "tablita" que desliza la paridad del peso a una velocidad menor a la del IPC oficial, y de combatir las expectativas de depreciación inducidas por esta fatigada ancla cambiaria con controles a la compra de dólares y demás palos en la rueda típicos de una corrida, tiene alguna consecuencias de interés académico y práctico.
Primero, el dólar paralelo sobrestima el tipo de cambio de equilibrio. El paralelo, según racontos informales, se encuentra hoy en la vecindad de 4,80 y subiendo. Este ascenso no deja de ser previsible. Hace unos meses, en ausencia de controles, las compras especulativas se habrían frenado con un tipo de cambio en el rango de 4,50-4,60. Si la demanda desviada del mercado formal por los controles se canaliza a través del mercado informal (que tiene un volumen limitado) es de esperar que el precio del dólar en este mercado exceda el nivel de equilibrio, cualquiera sea éste. De hecho, cuanta mayor la presión en el mercado blanco, más demanda derivaría al negro (o azul, según la preferencia cromática) y mayor sería la suba del tipo de cambio paralelo (y el spread de compraventa que embolsan los cambistas, que hoy oscila entre 15 y 20 centavos).
Segundo, algunos pagos que antes se realizaban en pesos comienzan a hacerse en dólares, para eludir el aura delictiva de la transacción informal (y los 20 centavos del spread ). Así se genera una situación no vista ni en los dolarizados años 90: el uso del dólar billete como medio de pago (en jerga económica, sustitución de moneda). La salida de capitales que el país exhibe desde hace décadas refleja el uso del dólar como instrumento de ahorro (en jerga, sustitución de activos) producto de la evasión tributaria, el temor a la confiscación, la falta de instrumentos idóneos en pesos y cierto fetichismo por el greenback . Pero este ahorro en activos externos dolarizados no necesariamente genera sustitución de moneda: aún en tiempos del culto al uno a uno, en la cartera de la dama y la billetera del caballero argentino había pesos y no dólares -razón principal por la que en 2002 pudieron evitarse la hiperinflación y la dolarización espontánea que tantos pronosticaban.
Tercero, la sustitución de moneda es una nueva fuente de inflación. A medida que los ahorristas sacan sus dólares del colchón para usarlos como medio de pago, se acelera el cambio de manos del billete o, en términos más técnicos, su velocidad de circulación. Por la misma razón cae la demanda real de pesos, ahora parcialmente sustituidos por el dólar. Para no entrar en terrenos excesivamente técnicos, digamos simplemente que esto último implica que, para una dada oferta de dinero, el nivel de precios de equilibrio (el que iguala oferta y demanda de pesos) sería mayor.
Cuarto, los excesos del paralelo contrarrestan el beneficio antiinflacionario del dólar oficial (beneficio esgrimido para justificar la inversión de la política de intervención). Por ejemplo, los argentinos acostumbran pensar (y cotizar) algunos gastos (casas, autos) en dólares, aunque la transacción final se realice en pesos. Lo mismo se aplica a negocios o actividades con un alto componente exportable (incluyendo las relacionadas con el turismo). ¿A qué tipo de cambio se pasarán a pesos la vivienda, el auto o la noche de hotel? La respuesta no es obvia, dada la disparidad de precios del dólar pero si, como es probable, el número no está lejos del tipo de cambio paralelo, parte de lo que se gana con el oficial barato se perderá con el paralelo caro. En otras palabras, el efecto final sobre la inflación no sería tan distinto al de un escenario sin restricciones y con tipo de cambio único ligeramente más alto.
Tal vez por la ilusión de ser diferente (o como servicio a otras economías en desarrollo), lo cierto es que no es la primera vez que la Argentina se ofrece como laboratorio de ideas creativas con dudoso sustento técnico e improbable eficacia práctica. La nueva saga cambiaria no es la excepción: la adopción de un dólar barato sostenido con fórceps en un contexto de crisis mundial y fortalecimiento del dólar puede verse como un experimento potencialmente oneroso para inducir y estudiar curiosos comportamientos cambiarios.
sábado, 14 de enero de 2012
Franela Flamenca
"Me quedo contigo" aparece en dos momentos de Deprisa Deprisa (tal vez la única peli de Saura que mejora con los años): éste del viaje al mar, y el final, con la partida de Berta.
"Te dejabas llevar" es una canción fronteriza con la franela mçás quesear (hay versión de Diego Torres, por ejemplo) pero esta versón de Ketama la rescata.
"Te dejabas llevar" es una canción fronteriza con la franela mçás quesear (hay versión de Diego Torres, por ejemplo) pero esta versón de Ketama la rescata.
¿Qué he hecho yo para merecer esto? (remake internacional)
Hace 4 años, cuando lo que sería la peor crisis en 80 años era sólo una preocupación para el importante pero encapsulado mercado inmobiliario estadounidense, académicos y practitioners debatían si el mundo emergente, que no mostraba de desaceleración mientras el mundo desarrollado se hundía en la recesión, había entrado a una nueva era de desacople real (de sus ciclos económicos). 12 meses después, el colapso sincronizado de la economía global pasaba a retiro estas aspiraciones de autonomía económica.
El resto de mi última columna en Vox, aquí.
El resto de mi última columna en Vox, aquí.
jueves, 12 de enero de 2012
Where do I begin (techno boost)
Siguiendo con la línea Nac & Pop del último post, va un interesante clip sobre el tema de los créditos de Vanilla Sky (la tibia remake gringa de Abre tus Ojos) con Beth Orton cantando sobre la pared sonora de los hermanos químicos:
y un video de Chicas Borrachas que (increíblemente) parece ser el oficial (al menos son los verdaderos Murphy & Wang en cámara)
Just cause I am shallow doesn´t mean that I`m harmless
Just cause I`m harmless doesn`t mean that I mean
y un video de Chicas Borrachas que (increíblemente) parece ser el oficial (al menos son los verdaderos Murphy & Wang en cámara)
Just cause I am shallow doesn´t mean that I`m harmless
Just cause I`m harmless doesn`t mean that I mean
martes, 10 de enero de 2012
Efectos colaterales de la tablita cambiaria
El banco central ha decidido convertir (¿revertir?) la flotación administrada del peso competitivo en una tablita cambiaria que desliza a una velocidad menor que la inflación (incluso la del INDEK), combatiendo las previsibles expectativas de depreciación que ésta genera con controles a la compra de dólares y demás palos en la rueda típicos de una corrida cambiaria. Esta decisión tiene algunas consecuencias de interés académico y práctico. Veamos.
1. El dólar paralelo esta en la vecindad de 4.80 y subiendo. Esto es natural: uno pensaría que, en ausencia de controles, las compras especulativas se frenarían con un tipo de cambio de (por poner un número) 4.50-4.60. Si la demanda desviada del mercado formal por lo controles se canaliza a través del paralelo (que tiene una ventana más pequeña), es de esperar que éste suba por encima del tipo de cambio de equilibrio (las cuevas, que cobran entre 15 y 20 centavos por cada compraventa de dólar, agradecidas).
2. Algunas pagos comienzan a hacerse directamente en dólares, para ahorrar la cola en la cueva y los 20 centavos del cuevero. Así, lentamente, se genera una situación no vista ni en los dolarizados años 90s: la sustitución de moneda, es decir, el uso del dólar billete como medio de pago (Argentina siempre se caracterizó por una importante sustitución de activos: el uso del dólar como instrumento de ahorro, con poca sustitución de moneda; ésta es tal vez la razón principal por la que en 2002 pudo evitarse una hiperinflación).
3. El uso del dólar como medio de pago tiene consecuencias como para escribir varios trabajos científicos. Por ejemplo: debería verificarse un aumento en la velocidad de circulación del greenback (además de un aumento de la importación de billetes) en la medida en que los ahorristas los saquen del colchón para usarlos, repetidas veces. Por la misma razón, debería verificarse una caída de la demanda real de pesos, sustituidos por el dólar.
4. El uso del dólar debería llevar también a una indexación implícita al tipo de cambio paralelo, pero eso exigiría una elaboración más técnica que dejo para cuando pase el calor.
1. El dólar paralelo esta en la vecindad de 4.80 y subiendo. Esto es natural: uno pensaría que, en ausencia de controles, las compras especulativas se frenarían con un tipo de cambio de (por poner un número) 4.50-4.60. Si la demanda desviada del mercado formal por lo controles se canaliza a través del paralelo (que tiene una ventana más pequeña), es de esperar que éste suba por encima del tipo de cambio de equilibrio (las cuevas, que cobran entre 15 y 20 centavos por cada compraventa de dólar, agradecidas).
2. Algunas pagos comienzan a hacerse directamente en dólares, para ahorrar la cola en la cueva y los 20 centavos del cuevero. Así, lentamente, se genera una situación no vista ni en los dolarizados años 90s: la sustitución de moneda, es decir, el uso del dólar billete como medio de pago (Argentina siempre se caracterizó por una importante sustitución de activos: el uso del dólar como instrumento de ahorro, con poca sustitución de moneda; ésta es tal vez la razón principal por la que en 2002 pudo evitarse una hiperinflación).
3. El uso del dólar como medio de pago tiene consecuencias como para escribir varios trabajos científicos. Por ejemplo: debería verificarse un aumento en la velocidad de circulación del greenback (además de un aumento de la importación de billetes) en la medida en que los ahorristas los saquen del colchón para usarlos, repetidas veces. Por la misma razón, debería verificarse una caída de la demanda real de pesos, sustituidos por el dólar.
4. El uso del dólar debería llevar también a una indexación implícita al tipo de cambio paralelo, pero eso exigiría una elaboración más técnica que dejo para cuando pase el calor.
sábado, 7 de enero de 2012
Música quesera
Un par de perlitas de música quesera para sacarse la solemnidad afrancesada de los rockers revolucionarios del post anterior.
La hipnótica versión disco gay de Comfortably Numb de las hermanas tijera:
y una local, más twee que cheesy, en versión no oficial (pero bastante superior al clip original):
La hipnótica versión disco gay de Comfortably Numb de las hermanas tijera:
y una local, más twee que cheesy, en versión no oficial (pero bastante superior al clip original):
Todo esta aqui
Noirdez (version francesa y sesentista de Divididos), cantando en partes en algo parecido al castellano. La letra (como todas las del grupo) es pretensiosa y confusa pero el riff es antologico.
Combien à attendre.
lunes, 2 de enero de 2012
Tolstoi, Tavernier & la distribución de los panes
Creo que recordar un cuento de Tolstoi en el que un hombre rico explica por qué no distribuye su riqueza entre los pobres argumentando que si la dividiera entre todos los pobres cada uno se llevaría una fracción insignificante. (Digo creo recordar porque no pude encontrar el cuento en internet. En otro cuento, el rico delega el problema a la iglesia, que da las mil monedas de oro de manera arbitraria, todas a uno for maximum effect). La versión negativa (negra negrísima) de esta fábula o memoria falsa remite a la última secuencia de Coup de Torchon, subestimada transposición de Bentrand Tavernier del noir de Jim Thompson al africa colonial, en la que Philippe Noiret (un comisario corrupto y cornudo -o viceversa- con un dejo de humanidad) observa a un grupo de chicos negros hambreados buscando hormigas en el campo para comer, y en un impulso de "acabar con su miseria" apunta su rifle hacia ellos. La cámara sigue la mirada en la mirilla, que se traslada de uno a otro de los chicos; no hay caso, son demasiados: van llegando más, siempre habrá más, Noiret baja el arma.
La nota sobre migraciones a la que me refería en un post anterior hace mención a las facturas que el gobierno porteño envió a gobiernos limítrofes por la atención gratuita de inmigrantes fugaces. Cabe aclarar que las fronteras son económicas, no nacionales: sin ir más lejos, me cuenta mi familia política (de Cipolletti) que Neuquén no atiende en sus hospitales públicos a ciudadanos de otras provincias.
Las distribución de los panes es un ejercicio trivial en la abundancia. La economía, en cambio, tienen sentido en la escasez, es el emergente de la escasez, es la administración de la escasez (etimológicamente, del griego, administración del patrimonio, o sea, de lo que hay). Si unimos este concepto al concepto de arbitraje (ése que indica que las personas tratan de sacar el mejor partido de las oportunidades disponibles) llegamos al problema de la migración como expresión del arbitraje.
En economía, si una moneda paga una tasa de interés mayor que otra, los inversores tienden a pedir prestado en la moneda de interés bajo para depositar en la moneda de interés alto, haciendo que una se aprecie y la otra se deprecie. Si el gobierno de tasas altas no quiere que esto suceda, debe intervenir en el mercado cambiario, comprando dólares a un precio superior al de mercado, con un costo. Esta intervención preserva el diferencial de tasas, trae más especuladores y de vuelta al comienzo.
En salud, si una provincia rica (o pobre, pero que prioriza la salud) decide invertir en hospitales y médicos, los pacientes se trasladan de otras provincias a la provincia rica en salud, depreciando sus servicios de salud (por agotamiento de insumos, congestión y racionamiento) y apreciando los de la provincia emigrante (por los mismos motivos, pero a la inversa). Si la provincia huésped no quiere que esto suceda, debe invertir para extender la capacidad de sus servicios médicos, con un costo. Esta nueva inversión preserva el diferencial de servicio y trae más inmigración local y extranjera, y de vuelta al comienzo.
Una amiga me pide el "so what factor", pero la complejidad del problema elude la moraleja fácil, el galerazo. Un análisis técnico indicaría que se trata de una solución interior (que es como decir: un poco de cada cosa, ni todos los foráneos ni ninguno). Pero esta salida genérica poco informa sobre la respuesta política). El humanismo pide generosidad para con los hombres y mujeres de buena voluntad. El hombre rico de Tolstoi, en cambio, tira la toalla: la distribución es una misión imposible (el erario de la Neuquén no es suficiente para atender a la Patagonia y parte de Chile; el de la ciudad no alcanza para el área metropolitana). La solución interior recomendaría selectividad en la escasez, priorización, economía. Por ejemplo, atención a residentes, no a golondrinas (pero esto nos devuelve al hombre gangrenado del último post: ¿qué hacer con él si cruza la frontera para instalarse en el hospital de Salta? ¿Cómo cerrarle la frontera -que es lo mismo que dejarlo morir en la calle? Aquí es donde Noiret baja el arma.)
La política se debate en la retórica. Dejando de lado a la derecha xenófoba (que admite una versión intranacional con el separatismo y el planteo racial), la progresía no oscila tanto entre el altruísmo tribunero y la dura realidad de los números, sino entre progresismo rico (que, proteccionista por naturaleza, recela de la migración) y progresismo pobre (que, a falta de otra cosa, la promueve). La asimetría es obvia: la migración es inmigración en países ricos y emigración en países pobres. Nosotros, a mitad de camino entre EEUU y Perú, enfrentamos una contradicción interna que por ahora salvamos por izquierda (la residencia argentina, me cuentan, es casi automática) a expensas de nuestros pobres (que sufren la dilución de los servicios públicos) sin demasiado impacto en clases medias y altas que optan por la versión privada. Lo mismo la salud que la educación, el trabajo, la tierra.
Esto explica en parte la mirada perpleja del progresismo bienpensante ante la lucha entre iguales en el Indoamericano (una translación del cisma entre coyas jujeños y bolivianos al que se refería el post anterior). Suponiendo una distribución arbitraria entre quienes deciden y quienes viven el efecto de estas decisiones, podría decirse que nuestra decisión altruista distribuye los panes, pero no necesariamente los nuestros.
La nota sobre migraciones a la que me refería en un post anterior hace mención a las facturas que el gobierno porteño envió a gobiernos limítrofes por la atención gratuita de inmigrantes fugaces. Cabe aclarar que las fronteras son económicas, no nacionales: sin ir más lejos, me cuenta mi familia política (de Cipolletti) que Neuquén no atiende en sus hospitales públicos a ciudadanos de otras provincias.
Las distribución de los panes es un ejercicio trivial en la abundancia. La economía, en cambio, tienen sentido en la escasez, es el emergente de la escasez, es la administración de la escasez (etimológicamente, del griego, administración del patrimonio, o sea, de lo que hay). Si unimos este concepto al concepto de arbitraje (ése que indica que las personas tratan de sacar el mejor partido de las oportunidades disponibles) llegamos al problema de la migración como expresión del arbitraje.
En economía, si una moneda paga una tasa de interés mayor que otra, los inversores tienden a pedir prestado en la moneda de interés bajo para depositar en la moneda de interés alto, haciendo que una se aprecie y la otra se deprecie. Si el gobierno de tasas altas no quiere que esto suceda, debe intervenir en el mercado cambiario, comprando dólares a un precio superior al de mercado, con un costo. Esta intervención preserva el diferencial de tasas, trae más especuladores y de vuelta al comienzo.
En salud, si una provincia rica (o pobre, pero que prioriza la salud) decide invertir en hospitales y médicos, los pacientes se trasladan de otras provincias a la provincia rica en salud, depreciando sus servicios de salud (por agotamiento de insumos, congestión y racionamiento) y apreciando los de la provincia emigrante (por los mismos motivos, pero a la inversa). Si la provincia huésped no quiere que esto suceda, debe invertir para extender la capacidad de sus servicios médicos, con un costo. Esta nueva inversión preserva el diferencial de servicio y trae más inmigración local y extranjera, y de vuelta al comienzo.
Una amiga me pide el "so what factor", pero la complejidad del problema elude la moraleja fácil, el galerazo. Un análisis técnico indicaría que se trata de una solución interior (que es como decir: un poco de cada cosa, ni todos los foráneos ni ninguno). Pero esta salida genérica poco informa sobre la respuesta política). El humanismo pide generosidad para con los hombres y mujeres de buena voluntad. El hombre rico de Tolstoi, en cambio, tira la toalla: la distribución es una misión imposible (el erario de la Neuquén no es suficiente para atender a la Patagonia y parte de Chile; el de la ciudad no alcanza para el área metropolitana). La solución interior recomendaría selectividad en la escasez, priorización, economía. Por ejemplo, atención a residentes, no a golondrinas (pero esto nos devuelve al hombre gangrenado del último post: ¿qué hacer con él si cruza la frontera para instalarse en el hospital de Salta? ¿Cómo cerrarle la frontera -que es lo mismo que dejarlo morir en la calle? Aquí es donde Noiret baja el arma.)
La política se debate en la retórica. Dejando de lado a la derecha xenófoba (que admite una versión intranacional con el separatismo y el planteo racial), la progresía no oscila tanto entre el altruísmo tribunero y la dura realidad de los números, sino entre progresismo rico (que, proteccionista por naturaleza, recela de la migración) y progresismo pobre (que, a falta de otra cosa, la promueve). La asimetría es obvia: la migración es inmigración en países ricos y emigración en países pobres. Nosotros, a mitad de camino entre EEUU y Perú, enfrentamos una contradicción interna que por ahora salvamos por izquierda (la residencia argentina, me cuentan, es casi automática) a expensas de nuestros pobres (que sufren la dilución de los servicios públicos) sin demasiado impacto en clases medias y altas que optan por la versión privada. Lo mismo la salud que la educación, el trabajo, la tierra.
Esto explica en parte la mirada perpleja del progresismo bienpensante ante la lucha entre iguales en el Indoamericano (una translación del cisma entre coyas jujeños y bolivianos al que se refería el post anterior). Suponiendo una distribución arbitraria entre quienes deciden y quienes viven el efecto de estas decisiones, podría decirse que nuestra decisión altruista distribuye los panes, pero no necesariamente los nuestros.
domingo, 1 de enero de 2012
Los bolivianos son implacables
En la sobremesa de la penúltima noche del año surge oblícuamente el tema de la migración. Con la excusa de una nota que preparamos con un distinguido colega para la próxima revista Crisis, cito de memoria algunos números frescos del último censo. Los conceptos se confunden (mis contertulios son rosarinos, de residencia patagónica): migración, inmigración, federalismo trunco, fronteras geográficas y económicas, fronteras simbólicas. Uno cuenta una anécdota que le cuenta hace unos meses una médica que trabaja en Salta y que pasa unos días
visitando familia en Tilcara, donde mi amigo está de turista. De viaje de intercambio profesional en Bolivia, en una visita "de campo" la doctora y un colega local se cruzan con un hombre en la calle con la pierna con principio de gangrena. Cuando ella le dice a su colega que hay que llevar al hombre al hospital, éste le responde que lo deje, no hay nada que hacer, el tipo no tiene un peso. Con la misma resignada pasividad con la que cuenta esto la doctora señala las camionetas que llegan cargadas de mantas y personas que rápidamente montan sus tiendas copando la plaza, desplazando a los vendedores jujeños. Los vendedores jujeños y bolivianos son indistinguibles a la vista, pero entre ellos se odian. Los jujeños se quejan de que los bolivianos le roban el mercado llenándolo de "artesanías industriales". Los turistas no distinguen, y si distinguen igualmente prefieren la versión más económica. Para los coyas jujeños, los coyas bolivianos son los chinos de la Puna. En Bolivia la salud pública no existe, me dice mi amigo que le dice la doctora, retomando el relato. Por eso se entiende que crucen a Argentina para operarse. O para parir. Es una práctica aceitada, casi ritual. Los hospitales públicos del NOA están llenos de inmigrantes fugaces. "Los bolivianos son implacables", resume la doctora.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Sugerentes faldas escocesas
El primer video de Belle & Sebastian:
y un oscuro video casero de Arab Strap (un grupo con nombre S&M que influyo de manera oblicua en B&S y otras bandas de Glasgow):
We slept in this morning and she had to get ready in a hurry - no time for her usual attention to detail - and she ran out the door, slamming it behind her, leaving her keys swinging and jangling. I stayed in bed until I heard the downstairs door shut, then peeked through the blinds and as soon as she was out of sight, I went for the keys. She never tried to make a secret of the box or the fact it was locked or even where she kept it. But as I said at the time - "If you've nothing to hide, why hide it?"
It's one of those wee red cashbox things and she keeps it in a drawer by the bed, under some pictures and books. Every key she has is on the same keyring - it took me a while to find the right one. I don't know, I suppose I've had my doubts for a while. There's been hushed phone-calls virtually every night, her friends stop talking when I come in the room and they look at each other, and I don't know, it's just a feeling. Anyway, I eventually found the right key and it fitted perfectly in. I put the box on top of the bed and opened it up...
There were these pictures of friends and ex's, letters, postcards, doodles, nothing bad - and then I found some sort of sex diary and I went to the latest entry. It explicity detailed a recent adventure up the park with a boy she said she had forgotten about...
And it got worse as it went on. The dates never made sense, there were people I had never even heard of. Eventually I had to stop reading it because I started to feel sick. So I put everything back the way I found it, shut the drawer and phoned you. See, I don't know what to do. I keep having fantasies about leaving her dictaphone under the pillow or following her when she goes to work. I've been lying about where I'm going, just in case I can bump into her.
y un oscuro video casero de Arab Strap (un grupo con nombre S&M que influyo de manera oblicua en B&S y otras bandas de Glasgow):
We slept in this morning and she had to get ready in a hurry - no time for her usual attention to detail - and she ran out the door, slamming it behind her, leaving her keys swinging and jangling. I stayed in bed until I heard the downstairs door shut, then peeked through the blinds and as soon as she was out of sight, I went for the keys. She never tried to make a secret of the box or the fact it was locked or even where she kept it. But as I said at the time - "If you've nothing to hide, why hide it?"
It's one of those wee red cashbox things and she keeps it in a drawer by the bed, under some pictures and books. Every key she has is on the same keyring - it took me a while to find the right one. I don't know, I suppose I've had my doubts for a while. There's been hushed phone-calls virtually every night, her friends stop talking when I come in the room and they look at each other, and I don't know, it's just a feeling. Anyway, I eventually found the right key and it fitted perfectly in. I put the box on top of the bed and opened it up...
There were these pictures of friends and ex's, letters, postcards, doodles, nothing bad - and then I found some sort of sex diary and I went to the latest entry. It explicity detailed a recent adventure up the park with a boy she said she had forgotten about...
And it got worse as it went on. The dates never made sense, there were people I had never even heard of. Eventually I had to stop reading it because I started to feel sick. So I put everything back the way I found it, shut the drawer and phoned you. See, I don't know what to do. I keep having fantasies about leaving her dictaphone under the pillow or following her when she goes to work. I've been lying about where I'm going, just in case I can bump into her.
Tres cosas que aprendimos en las pampas sobre las crisis de deuda soberana
Nada se pierde. Aquí, brevemente comentadas, las transparencias de mi presentación en el seminario de deuda soberana organizado hace unas semanas por el Ministerio de Economía junto con el Banco Mundial.
Las crisis, de cerca y desde una perspectiva mediática que necesita novedades, descubrimientos, pliegues (y un cast de culpables), suelen verse más distintas de lo que son en realidad desde un punto de vista económico.
En el fondo, las enseñanzas sobre las causas y consecuencias de las crisis tal y como las entendemos en las pampas (las crisis emergentes al estilo de los 90s,que en nuestro elongado caso llegó hasta el 2002), pueden resumirse de manera esquemática pero de todos modos iluminadora en tres cuestiones (o problemas) esenciales: el de la moneda (la génesis), el de la resolución (la distribución de costos), y el probleme de incentivos (que atraviesa tanto las formas de resolución como el de la génesis).
El problema de la moneda: todas las crisis emergentes fueron en definitiva crisis de moneda (o, más específicamente, crisis de deuda en moneda extranjera, de públicos y privados según el caso). ¿En qué difiere esta Italia con aquélla de mediados de los 90s con similar nivel de endeudamiento? En que en este caso hay un escenario de unión monetaria incompleta (Italia fuera del euro, o Banco Central Europeo independiente de la suerte de sus soberanos) en el que la deuda italiana pasa a estar denominada en una moneda extranjera (es decir, una que no puede imprimir): el euro. De ahí se sigue que, dependiendo de la actitud del BCE, la eurozona puede ser vista como Estados Unidos (estados con déficits y superávits gemelos que mayormente se cancelan entre sí a nivel regional, y fuertemente endeudados en la moneda local) o como Alemania + Argentina (con los PIIGS deficitarios y eurizados al borde de una crisis de deuda "emergente").
El problema de resolución: si la devaluación resuelve el problema de flujos (el déficit externo y, con inflación y dilución de salarios, el fiscal), sólo una quita de deuda puede resolver el problema de stocks (que se profundiza con la devaluación y la inflación de deudas dolarizadas). Argentina 2002 es un buen ejemplo de esto último: licuación mediante pesificación de deudas domésticas + default de deudas externas, junto con los inevitables: congelamiento de depósitos y controles cambiarios y de capitales. No hay atajos: es así de feo.
El problema de incentivos es al menos dos. El primero, el de los gobiernos que tienden a demorar el default para salvarse, a expensas de los contribuyentes que terminan debiéndole más al FMI, al BCE y a sus propios bancos, para beneficio de los acreedores originales. Si un rescate del FMI involucra un riesgo moral es del gobierno con sus propios votantes (el Fondo siempre cobra; el contribuyente gringo puede dormir tranquilo).
Los mercados, por su parte, no penalizan un default cuando es inevitable. Hasta Argentina recuperó rápidamente el acceso a los mercados después del default de 2005 (sólo para perderlo de nuevo, por razones conocidas, en el 2007).
El problema de incentivos es al menos dos. El segundo, el de los acreedores privados a los que un rescate rescata, reduciendo el castigo a la toma de riesgo e inhibiendo la disciplina de mercado a futuro.
¿No fue acaso el seguro implìcito del BCE y su promesa ilusoria de convergencia de tasas lo que movió capitales desde el norte de la eurozona a la más rentable periferia, generando exceso de gasto, inflación diferencial, déficits gemelos y finalmente crisis de deuda?
¿Qué lecciones positivas extraemos de estas 3 cosas que aprendimos de las crisis emergentes sobre la situación de la eurozona? Depende de si hablamos de una unión monetaria completa o de un rejunte de países que usan la misma moneda. En el primer caso, en las antípodas de los precedentes emergentes, la prognosis apuntaría a la dilución por emisión inflacionaria (ningún país con deuda en una moneda que puede emitir a discreción elige la vía del default) complementada con una generosa asistencia del BCE a los bancos y un rápido avance hacia una unión fiscal que introduzca transferencias fiscales (a diferencia de prèstamos) entre países a cambio de limitar la soberanía fiscal de los miembros (una ley de responsabilidad fiscal supranacional). En el segundo caso, nop estaríamos lejos de Argentina 2002: default rápido y furioso, pesificación de la economía, corralón y controles. Y una vela para que el ciclo global sople a favor. Hoy Europa camina a tientas intentando balancear estos dos caminos. El problema es que entre la eurozona completa y el rejunto no hay nada.
De paso, un aclaración tardía: las monedas de las figuras son los viejos patacones originales.
Las crisis, de cerca y desde una perspectiva mediática que necesita novedades, descubrimientos, pliegues (y un cast de culpables), suelen verse más distintas de lo que son en realidad desde un punto de vista económico.
En el fondo, las enseñanzas sobre las causas y consecuencias de las crisis tal y como las entendemos en las pampas (las crisis emergentes al estilo de los 90s,que en nuestro elongado caso llegó hasta el 2002), pueden resumirse de manera esquemática pero de todos modos iluminadora en tres cuestiones (o problemas) esenciales: el de la moneda (la génesis), el de la resolución (la distribución de costos), y el probleme de incentivos (que atraviesa tanto las formas de resolución como el de la génesis).
El problema de la moneda: todas las crisis emergentes fueron en definitiva crisis de moneda (o, más específicamente, crisis de deuda en moneda extranjera, de públicos y privados según el caso). ¿En qué difiere esta Italia con aquélla de mediados de los 90s con similar nivel de endeudamiento? En que en este caso hay un escenario de unión monetaria incompleta (Italia fuera del euro, o Banco Central Europeo independiente de la suerte de sus soberanos) en el que la deuda italiana pasa a estar denominada en una moneda extranjera (es decir, una que no puede imprimir): el euro. De ahí se sigue que, dependiendo de la actitud del BCE, la eurozona puede ser vista como Estados Unidos (estados con déficits y superávits gemelos que mayormente se cancelan entre sí a nivel regional, y fuertemente endeudados en la moneda local) o como Alemania + Argentina (con los PIIGS deficitarios y eurizados al borde de una crisis de deuda "emergente").
El problema de resolución: si la devaluación resuelve el problema de flujos (el déficit externo y, con inflación y dilución de salarios, el fiscal), sólo una quita de deuda puede resolver el problema de stocks (que se profundiza con la devaluación y la inflación de deudas dolarizadas). Argentina 2002 es un buen ejemplo de esto último: licuación mediante pesificación de deudas domésticas + default de deudas externas, junto con los inevitables: congelamiento de depósitos y controles cambiarios y de capitales. No hay atajos: es así de feo.
El problema de incentivos es al menos dos. El primero, el de los gobiernos que tienden a demorar el default para salvarse, a expensas de los contribuyentes que terminan debiéndole más al FMI, al BCE y a sus propios bancos, para beneficio de los acreedores originales. Si un rescate del FMI involucra un riesgo moral es del gobierno con sus propios votantes (el Fondo siempre cobra; el contribuyente gringo puede dormir tranquilo).
Los mercados, por su parte, no penalizan un default cuando es inevitable. Hasta Argentina recuperó rápidamente el acceso a los mercados después del default de 2005 (sólo para perderlo de nuevo, por razones conocidas, en el 2007).
El problema de incentivos es al menos dos. El segundo, el de los acreedores privados a los que un rescate rescata, reduciendo el castigo a la toma de riesgo e inhibiendo la disciplina de mercado a futuro.
¿No fue acaso el seguro implìcito del BCE y su promesa ilusoria de convergencia de tasas lo que movió capitales desde el norte de la eurozona a la más rentable periferia, generando exceso de gasto, inflación diferencial, déficits gemelos y finalmente crisis de deuda?
¿Qué lecciones positivas extraemos de estas 3 cosas que aprendimos de las crisis emergentes sobre la situación de la eurozona? Depende de si hablamos de una unión monetaria completa o de un rejunte de países que usan la misma moneda. En el primer caso, en las antípodas de los precedentes emergentes, la prognosis apuntaría a la dilución por emisión inflacionaria (ningún país con deuda en una moneda que puede emitir a discreción elige la vía del default) complementada con una generosa asistencia del BCE a los bancos y un rápido avance hacia una unión fiscal que introduzca transferencias fiscales (a diferencia de prèstamos) entre países a cambio de limitar la soberanía fiscal de los miembros (una ley de responsabilidad fiscal supranacional). En el segundo caso, nop estaríamos lejos de Argentina 2002: default rápido y furioso, pesificación de la economía, corralón y controles. Y una vela para que el ciclo global sople a favor. Hoy Europa camina a tientas intentando balancear estos dos caminos. El problema es que entre la eurozona completa y el rejunto no hay nada.
De paso, un aclaración tardía: las monedas de las figuras son los viejos patacones originales.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

























