miércoles, 27 de febrero de 2013

Tasas Chinas 2.2: Tasas iraníes

Ayer hicimos terapia y catarsis grupal con Juan Tokatlián (un argentino armenio, según su definición) sobre el pacto con Irán.

Como preámbulo de la marcha de esta tarde, les dejo el audio acá y acá.

La banda de sonido, acá

jueves, 21 de febrero de 2013

El discreto encanto de Rocas y Evitas

(Publicado el 20 de febrero de 2013 en Foco Económico.)

Para no repetir gráficos que mis eximios colegas han presentado de muchas mejores manera en este sitio, digamos que basta mirar las series de algunos agregados monetarios para entender que el crecimiento de estos correlaciona muy de cerca con la inflación (en rigor, con el producto nominal, que para las series del gráfico utiliza el Índice Coincidente de Actividad, el ICAE, una proxy el PBI real mensual que se describía en este post).


Como señalé en más de una ocasión (recientemente, acá), esta correlación no nos dice mucho sobre la causalidad de la relación, sobre todo en un contexto de inflación inercial como el argentino donde, en ausencia de estímulos monetarios, la variación de precios se ubicaría, por indexación a la inflación pasada (en rigor, expectativas adaptativas), arriba del 20%. ¿La inflación de 2012 fue alta porque el Banco Central emitió pesos a un ritmo alto para financiar al Gobierno, o se emitió a un ritmo alto porque, con precios que incorporaban expectativas de inflación arriba del 20% una emisión menor habría elevado las tasas y provocado una recesión? Difícil (y aburrido) dirimir esta cuestión semántica de manera concisa. (Me basta con señalar que, personalmente, pienso que la idea de bajar esta inflación inercial al 10% reduciendo la tasas de expansión monetaria a un 10% me parece económicamente naif, e innecesariamente costosa.)

Dejando de lado los tecnicismos (y abstrayéndonos por simplicidad de la demanda de dinero bancario que asumimos constante), la teoría monetaria nos dice que la cantidad de billetes que la gente tiene en sus bolsillos (el circulante) es proporcional más o menos al gasto y que el gasto lo es al producto bruto nominal. En una situación de inflación cero, si la cantidad de dinero inicial es 100 y el producto real crece 5%, la población gastará 5% más y demandará un 5% más de pesos: 5 pesos adicionales que debe emitir el Banco Central. Esta renta del banco central, el llamado señoreaje, no sería inflacionaria: sólo emite para compensar el crecimiento.

Si en vez de cero la inflación esperada e incorporada en precios y salarios es del 10%, el 5% de crecimiento real nos darán un aumento del gasto (y de la demanda de pesos) del 15%, induciendo al Banco Central a emitir 15 pesos. La emisión sería “endógena” a la inflación, con lo que (aquí la semántica se complica) no la estaría causando sino convalidando: si emitiera menos habría un déficit de pesos que provocaría el aumento de la tasa de interés y el enfriamiento de la demanda que, eventualmente, reduciría la inflación a niveles compatibles con la nueva tasa de emisión monetaria.

Si emitiera más, en cambio, estaría echando combustible a la suba de precios. Si el Banco Central emitiera, por ejemplo, 20 pesos en vez de los 15 que se demandan, los 5 pesos excedentes tienen dos posibles destinos: engordar la billetera (más pesos para el mismo gasto, que es igual a decir que cada billete pasa más tempo en la billetera, lo que en jerga económica se asocia con una menor velocidad del dinero) o aumentar los precios (elevando la inflación de 15% a 20%). En este caso, podría decirse que este 5% adicional fue causado por la emisión (semántica con la que mis insignes colegas monetaristas sin duda disienten).[1]

Si leemos de nuevo los dos ejemplos, notamos enseguida que la diferencia entre (por llamarlas de algún modo) inflación endógena y monetaria es que en la primera asumimos que la inflación precede a la emisión y en la otra asumimos lo contrario.

En todo caso, independientemente de la incidencia de la inflación inercial, o de lo que se piense de ella, intuitivamente, una expansión monetaria mucho mayor a la inflación esperada debería empujar la inflación hacia arriba. Sobre todo si la creciente inestabilidad de precios reduce la demanda por saldos reales por aumento de la velocidad (más simple: la erosión inflacionaria hace que me quemen los pesos en la billetera y me esmere por sacármelos rápidamente de encima). Por eso llama la atención que en la Argentina pase exactamente lo contrario.

En 2012 nuestra base monetaria creció 38%. El PBI creció alrededor del 1%. La inflación minorista se ubicó en 25%-26% según estimaciones privadas. De esto último surge un aumento del PBI nominal que, asumiendo un deflactor del PBI similar a la inflación (digamos, compensando el efecto positivo del aumento de los términos de intercambio con el negativo del dólar bajo), no daría un crecimiento del producto nominal del 27%. ¿Dónde se fue el resto del dinero?

Parte de la respuesta se insinúa en el gráfico anterior: la series correlacionan, pero el crecimiento del circulante (y, en los últimos meses, de depósitos a plazo) es marcádamente superior a la de la base monetaria.

El siguiente gráfico ilustra la misma respuesta, con lupa: el aumento histórico de la demanda de saldo líquidos, como porcentaje del PBI nominal, tomando el dato del INDEC,…:
lyeyati2
…tomando la aproximacion del ICAE multiplicada por el IPC privado…:
lyeyati3

…y como porcentaje del M2:

Circulante (como % de M2)



¿Qué significa esto? Que, ajustando por inflación (y a pesar de la inflación), tenemos más Rocas y Evitas en los bolsillos (o en el cajón del escritorio).[2] Más en general, que (la mayor parte de) la emisión por arriba de la inflación no fue a más inflación como indica la teoría monetaria.

¿Cómo se explica ésta aparente anomalía? Por un lado, está el corralito cambiario, que combina tasas reales negativas con la inaccesibilidad de activos de ahorro (activos externos, inmuebles dolarizados) y cierta saturación de la demanda de bienes durables. Por el otro está, también, el corralito cambiario, que promueve la desbancarización e informalización paulatina de la economía (de la que previamente era formal y estaba bancarizada, se entiende): cada vez que un comprador y un vendedor pasan por el mercado cambiario paralelo quedan “impositivamente descalzados”: declararon pesos y tienen dólares, o viceversa. De ahí que la mayor parte de esos pesos descalzados no regresen al banco sino a la billetera o al cajón del escritorio. Y que se generalicen las transacciones en efectivo.

También podríamos mencionar las tasas reales negativas, aunque éstas eran igualmente negativas hace dos años y los depósitos a plazo fijo de hecho se aceleraron hacia fin de año. Por último (un factor difícil de mensurar) está el temor: la presión de la AFIP sobre la economía informal (bienvenida a pesar de sus motivos parafiscales) induciría al ahorrista gris a mantenerse lejos del registro bancario.

Lo interesante de la situación, más allá del desvío temporario de lo que normalmente esperaríamos de la aceleración de la emisión neta de dinero, es su potencial inestabilidad. Desde los inicios de la posconvertibilidad, el Banco Central argentino viene testeando los límites de la “remonetización” empujando las tasas de interés por debajo de la inflación, a la larga con efectos previsiblemente inflacionarios. No es improbable que el BCRA vuelva a tentarse con seguir quebrando récords de dinero en poder del público. Pero esta vez la demanda de dinero parte de niveles inusualmente altos y una rápida reversión a niveles históricos podría llevar a una dinámica turbulenta difícil de gestionar por un banco central que hasta ahora sólo supo esterilizar mal y, sobre todo, tarde.

En el ínterin el laboratorio económico argentino seguirá explorando los límites de la ciencia económica, para delicias de su público.

__________________________

[1] Demasiado “superneutral” este argumento, me comenta un colega. Cierto, la emisión podría tener efectos sobre la oferta (por ejemplo, más impresión de billetes) pero la simplificación evita frenos en la trama y no cambia sustancialmente el argumento.
[2] Para aquellos lectores no versados en la numismática argentina, merefiero a los rostros que adornan los billetes locales de máxima denominación (100 pesos).

miércoles, 20 de febrero de 2013

Tasas Chinas 2.1: Esperando la crisis

Volvió Tasas Chinas. El audio de las dos mitades del programa, acá y acá.

Invitado: Martín Lousteau. Libro del día: Noches Azules, de Joan Didion.

Soundtrack: Múm, Zeppelin, Wolfgang Press, Patti Smith, Wilco.

Les dejo la introducción de la segunda temporada:

“Lo único que pregunto es si la crisis llegará antes o después de las elecciones”, se preguntaba (o me preguntaba) una lectora después de leer la última columna de Tasas Chinas en Perfil.

Lamento informarte, estimada lectora, que la crisis no llegará.

Por algún motivo que seguramente tiene raíces históricas, como casi todo en esta vida, vivimos esperando la definición. Un escenario en el que nada cambia, o en el que todo cambia de manera pausada, imperceptible, como en un estofado lento, es difícil de concebir, y ciertamente mucho más dificil de vender. Especialmente si este escenario intermedio, neurótico, está asociado, como casi todo en esta vida, al malestar y al deseo insatisfecho.

Tenemos una aversión natural a la medianía. Soñamos con un desenlace, un cierre, y la fantasía de la crisis es un cierre tan bueno como cualquier otro.

¿Rebotamos o colapsamos?

La desangelada intelectualidad oficialista apuesta al rebote de la mano de China, Brasil, la soja o Vaca Muerta. Le prende una vela a una virtuosa alineación de países y commodities mientras espera la muerte del capitalismo destituyente.

La intelectualidad opositora, por su parte, le prende una vela a la inflación y al dólar blue, esperando que las penurias económicas y el voto negativo hagan el trabajo por ellos. La analogía literaria de esta oposición estática (¿extática?) y expectante no es la espera de Beckett sino la de Buzzati: el capitán Drogo insistiendo con la rutina militar de la Fortaleza en el desierto, anticipando la invasión de los tártaros que nunca llega. La crisis que nunca llega.

Argentina no emerge ni se hunde: va a la deriva en un largo crepúsculo. El producto no cae pero sube menos que el 5% con el que se ilusionaban los economistas de Estado a principio de año. Indiferente a las necesidades mediáticas y políticas, la economía camina justo en el medio, entre el colapso y el milagro, entre los sueños de las viudas de la convertibilidad y las aspiraciones de los soldados de Cristina. La economía camina lento.

Cuesta imaginar esta deriva sin desenlace, pero es lo que hay. Probablemente nos esperen tres años más de inverosímiles discusiones sobre los orígenes de la inflación y las amenazas del neoliberalismo. Tres años de vehemente improvisación, de autocelebración y liturgia por cadena nacional. Tres años de gesta verborrágica y silenciosa claudicación. Tres años de enervante calma chicha.

Tres años de impotencia.

O tres años para pensar el futuro, para construir una alternativa que no huela a reciclaje.

Nada sucederá por sí sólo. La crisis no nos salvará. Hay que remar.

Inflación: Adicción

(Publicada el 27 de enero de 2013 en La Nación)

Las razones de la inflación argentina fueron muchas y cambiantes: la bienvenida recuperación del salario, la inflación mundial de alimentos y energía, el crecimiento de la demanda por encima de la oferta. Y, por último, la profecía autocumplida de que la variación de precios será mañana igual o mayor que la de ayer, lo que incorpora la inflación pasada en la fijación de precios, reproduciéndola y convalidando expectativas. Esta inercia inflacionaria explica el 26% de 2012, un año sin aumento de salario real ni inflación global ni recalentamiento local.

Pero la inercia tiene en la actualidad otro argumento, más político: el extravío del superávit fiscal, sin el cual el Gobierno depende cada vez más de las transferencias del Banco Central.

Mucho se discute si la inflación es o no una consecuencia de la emisión de dinero ("inflación monetaria", según dicen los críticos) o si, por el contrario, la emisión es consecuencia de la inflación ("emisión endógena", responde el Banco Central). En la práctica, identificar la causalidad entre inflación y emisión es como el problema del huevo y la gallina. ¿La inflación de 2012 fue de 26% porque el Banco Central emitió pesos a un ritmo del 40% para financiar al Gobierno o se emitió al 40% porque una emisión menor habría elevado las tasas y provocado una recesión?

Por suerte, no hace falta adentrarse en arduas discusiones semánticas para abordar el tema que nos ocupa: después de todo, intentar bajar la inflación inercial con un shock monetario sería económica (y socialmente) costoso e ineficiente.

Pero, puestos a especular, ¿cuántos ingresos perdería el Gobierno si en 2013 lanzara un índice de precios al consumidor (IPC) creíble, instruyera a su banco central a preparar un programa monetario con un rango de inflación centrado, digamos, en 13%, y coordinara con éxito precios y salarios alrededor dentro de rango?

En 2011, el Tesoro Nacional le pasó al Banco Central las siguientes facturas: 21.000 millones de pesos por préstamos (el incremento del stock de "adelantos transitorios"); 10.500 millones por transferencias de las utilidades de 2010 (el superávit "cuasifiscal") y 9600 millones de dólares por transferencia de reservas. Las primeras dos implican emisión de pesos hoy; las reservas son emisión de ayer (los pesos emitidos para comprarlas). Así, el Banco Central se hizo cargo nada menos que del 16,9% del gasto primario del Gobierno.

Para 2012, tras la aprobación de la nueva Carta Orgánica del Banco Central, las facturas del Tesoro subieron: 60.600 millones de pesos por préstamos, 7700 millones de pesos por utilidades de 2011 y 7600 millones de dólares por reservas. O sea, 20% del gasto. Para 2013 se estiman hasta 55.000 millones de pesos de préstamos, 37.000 millones de pesos de utilidades de 2012 y 8000 millones de dólares de reservas (estas últimas, incluidas en el presupuesto). Cuánto del gasto financiará el Banco Central con emisión dependerá, entre otras cosas, de cuánto demande el paquete de estímulo electoral de marzo. Pero difícilmente esté por debajo del de 2012.

La dinámica ascendente del financiamiento del Banco Central sigue una lógica peligrosamente circular. Los adelantos tienen un techo deslizante calculado sobre la base de la emisión monetaria y a la recaudación de los últimos 12 meses, ambas crecientes con la inflación.

Por su parte, las utilidades reflejan la depreciación oficial, que captura el aumento en pesos de los activos dolarizados del Banco Central: no sólo el de las reservas, sino también el de las letras intransferibles que el Tesoro le coloca al Central cada vez que le saca reservas. Más simple: el Banco Central gana activos dolarizados aunque pierda reservas, y transfiere utilidades contables. Dinero del Estanciero.

Al final del círculo, la inflación pasada justifica un dólar más alto y eleva el techo de los préstamos y las utilidades. El Banco Central gira estos adelantos y utilidades al Gobierno emitiendo más pesos y generando más inflación. Y así de vuelta al comienzo.

Invirtiendo esta dinámica (yendo para atrás), y asumiendo que las cantidades nominales (emisión, recaudación, tipo de cambio) se mueven con la inflación, reducir la inflación a la mitad implicaría "perder" la mitad de los adelantos de 2013 (y de las utilidades a transferir en 2014). Una merma de ingresos que, en una situación normal, sería financiada con un mix de crecimiento (más recaudación) y capital privado (incluyendo el refinanciamiento parcial del servicio de deuda), pero que en nuestro caso obligaría al Gobierno a revisar el subsidio al aire acondicionado o la cuenta del Fútbol para Todos.

Por eso, a menos que encuentre formas más sanas de financiamiento, es improbable que el Gobierno se recupere de su adicción a la inflación..

sábado, 16 de febrero de 2013

En la era del yuyo

Esta tercera columna es un sampler de mis introducciones a los primeros programas de Tasas Chinas, que regresa este martes 19 a las 17 horas por Radio UBA (FM 87.9).

En la era del yuyo, la temperatura nacional sube y baja con el precio de la soja. Hoy está debajo de 600 pero arriba de 500. Respiramos. En la era del yuyo, donde todo, desde la inflación hasta la inseguridad, es una sensación, hay sensación de cambio de ciclo.

En la era del yuyo, las penurias del mundo, que se nos venía encima hasta que cerramos las aduanas, son la prueba final de nuestros aciertos. La crisis nos reivindica, el mal de muchos nos consuela. El relato oscila entre la crítica ajena y la reivindicación propia. Profundiza obsesivamente en la historia reciente, reescribiéndola, subvirtiéndola. Nos recuerda cómo nos encontró en la calle y nos dio un techo. El relato desdeña el presente simple a favor del pasado perfecto.

En la era del yuyo, somos todos neoliberales o progresistas. O liberales neoprogresistas.

En la era del yuyo, los pesos están para gastarse. Los dólares, rigurosamente vigilados, custodiados por expertos. Guita, mosca, plata, pasta, papota, filo, vento, tarasca, tela, teca, menega, viyuya son las formas y los colores del dinero en el Río de la Plata. Blue, negro, celeste, gris, paralelo, ilegal, lechuga, contado con liqui, cable, paypal, ebay, casino, visa son las formas y los colores del dólar.

En la era del yuyo somos todos especuladores. Los ingresos suben pero se desmaterializan con la inflación. Dentro del cepo, los pesos circulan y vuelven a su fuente, como la moneda de un mago. Los pobladores acorralados ahorran diez naranjas, y a fin de año tienen nueve naranjas. Ahorrar es mal negocio. Ahorrar es recesivo.

En la era del yuyo, la riqueza es efímera y la pobreza, perenne. Como el trabajador fordista patinándose el aguinaldo fordista en un nuevo Ford T, el trabajador del modelo engrosa las arcas de la nueva burguesía fueguina. Las familias alquilan y consumen de prestado, en cuotas, a la espera del milagro. Para los creyentes, Dios proveerá. Para los otros, proveerá la Anses, pródiga heredera de la crisis que un día soltará su última moneda, se encogerá de hombros y se retirará en silencio.

En la era del yuyo la abuela guarda televisores y heladeras en la maceta. El auto reemplaza al ladrillo. En un futuro todos tendremos un auto que nos cobije del frío.

En la era del yuyo los problemas no se arreglan, se expropian. Es la contracara del desendeudamiento: las expropiaciones se pagan a los premios. Un día nos despertarán de la resaca del éter sojero los golpes del cobrador en la puerta.

En la era del yuyo tenemos Alzheimer estadístico. La memoria reciente desaparece de los servidores. Inversiones de la Anses, ejecución presupuestaria, déficit de empresas públicas, van a engrosar la larga lista de series desactualizadas o desaparecidas en el ejercicio de la información. Reemplazadas por el trascendido oficial o el dedo oscilante privado.

En la era del yuyo volamos a ciegas. En la era del yuyo el insumo de las políticas es el alambre. Por suerte o por desgracia, el alambre es de origen nacional. Abunda. El Ministerio de Industria ensambla insumos importados y el de Economía raciona insumos industriales, mientras se ilusionan con una Salada angoleña. El modelo actúa de maneras misteriosas: por el puerto entran más energía y menos máquinas; por el puerto salen menos manufacturas y más soja.

En la era del yuyo celebramos el desarrollo en Tecnópolis, coreografiado por Fuerza Bruta.

En la era del yuyo la historia está viva y pasa en cadena nacional. El Ministerio de la Abundancia raciona, el de la Verdad manipula y borra, el del Amor reeduca y castiga.

En la era del yuyo, tapamos el sol con la mano y las goteras con baldes nacionales y populares. Nos adaptamos, como los sapos en agua hirviendo, a la economía de guerra, en la paz de la resignación.

En la era del yuyo, pagamos deuda externa con deuda interna. Deuda pasada con deuda futura. Como hace diez años. Desandamos nuestra historia cada diez años. Caminamos de espaldas hacia el futuro.

jueves, 14 de febrero de 2013

Políticos tiempistas en loop

(Segunda columna de Tasas Chinas, Diario Perfil, 3 de marzo)

En la era del yuyo, la política por fuera del poder es una carrera de obstáculos. Una maratón de baile, como en esas maratones de baile de la Gran Depresión. Como en esa película sobre la Gran Depresión en la que mataban a Jane Fonda como a un caballo. El vencedor no es el más fuerte ni el más capaz ni el más vivo, sino el último en caer.

La última vez que un líder político se embanderó en una idea de país, finalmente hizo todo lo contrario. Si les decía la verdad, no me votaban, confesó. ¿Será por eso que nuestras encuestas favorecen a los tiempistas?

Hay que reconocer que los tiempistas generan cierto suspenso. Clint Eastwood, en un spaguetti western de Leone en el que no pasa nada en la primera hora. Los tiempistas incluso insinúan una cierta profundidad, como esas personas que hablan muuuyyy leeentooo, como si escogieran las palabras exactas. Como Chance, el jardinero, o el sensei de David Carradine. (Al menos el sensei sabía pelear en la oscuridad.)

Pero es sólo una ilusión. Porque al final del silencio del tiempista no hay nada. Hay palabras más silenciosas que el silencio. Palabras imperceptibles e inmemorables. O previsibles y sorpresivamente ruidosas. Chamuyo.

Sus sesudas parrafadas o sus desapariciones erráticas son samplers, randomizaciones de discursos y poses pasadas. ¿Será que de tanto esperar el tiempista llega con el caballo cansado?

En un temprano comentario cinematográfico sobre los realities de Bertrand Tavernier, Harvey Keitel tenía una cámara en la cabeza desde la que transmitía los últimos días de Romy Schneider, a quien acompañaba. Es increíble lo pudorosos que somos sobre la muerte, le decía Romy en la película. La muerte es la nueva pornografía.

Si el cristinismo convirtió la política en la nueva pornografía, nuestras letárgicas oposiciones le pusieron una hoja de parra y la privaron de sentido. Oposiciones de fotos y galas, de tuits manufacturados, pequeños anuncios y gozosa victimización. Fútbol y bicicleta. Actores improvisando líneas inocuas detrás de la máscara, líneas intercambiables como camisetas o estereotipos. Comedia del arte de las oposiciones.

Políticos en loop. ¿Qué es lo que piensan de la avanzada de los buitres, de la impotencia de YPF, de los subsidios al aire acondicionado, del derrape de la educación, de nuestra industria de capacidades diferentes, del desendeudamiento en esteroides, del estancamiento? El tiempista calla y sube en las encuestas.

¿Cuándo le perdieron nuestros políticos las ganas al futuro? Y si los políticos son apenas los emergentes del voto, ¿cuándo le perdimos nosotros las ganas al futuro? Argentina parece congelada en el puro presente. Fugaz como la señal del celular, como los discursos presidenciales, como las alianzas electorales. Un poco a la deriva, perdida en el desierto, gritándoles a los caballos cansados.

En la era del yuyo, vivimos la magia y después le vimos el truco a la magia y ahora volvemos a la realidad de nuestro monoambiente dominguero mal iluminado y con olor a encierro, sin dinero para comprarnos un feriado, condenados al discurso autista y autocomplaciente del maestro de ceremonias oficial por cadena nacional, o al discurso catártico y testimonial de la autoconmiseración que nos devuelven las oposiciones por la cadena oligopólica. Rebotando entre imágenes de un pasado que confundimos con nuestro destino.

Un país en loop. Pero también esto puede ser sólo una ilusión. Porque al final un loop es la repetición mecánica de un fragmento musical. Y, como dice Diederichsen, lo que escuchamos en un loop es siempre distinto porque, a cada repetición, nosotros estamos cambiando. Y en estos cambios en nosotros está nuestra esperanza de futuro.

La intervención de la realidad

El 13 de enero salió la primera columna (dominguera y quincenal) de Tasas Chinas en el Diario Perfil. En ellas, abuso del refrito de los conceptos más o menos desilvanados que surgen en las introducciones del programa de radio. Para los que no la hayan leído ni escuchado, la transcribo acá:

La sobremesa del sábado se cristiniza. No recuerdo bien cómo empieza el asunto. Probablemente con la Ley de Medios. Comento las palabras de Alejandro Pereyra, el representante propuesto por el FAP e impugnado por el Gobierno para integrar la Afsca, en mi programa de radio. Su descripción de la distancia entre la letra y la realidad de la Ley de Medios. La decepción de la progresía bienpensante que vota un proyecto por lo que dice y luego se sorprende de los resultados, de que le contrabandeen artículos como con la Ley de mercado de capitales, o le bloqueen el nombramiento de sus representantes, como le pasó al FAP con Pereyra. 

En la mesa me piden ejemplos y menciono que con la excusa de la inclusión de los pueblos originarios el Gobierno entrega licencias a miembros del Kolina de Alicia Kirchner; que los grupos oligopólicos sin cotización pública adelantaron que desinvertirían repartiendo licencias entre socios y familiares. Como salió en los medios, les digo.

¿En qué medios?, me preguntan.

Como no hay fuentes objetivas, les digo, simplemente no hay fuentes. Y sin fuentes no hay debate, hay tribuna. Un partido emotivo pero feo. No debería pero insisto. La inflación, por ejemplo. El Indec dice 10%. La oposición 24%. El Indec miente, dice la oposición. La oposición miente, dice el Indec. Entonces nadie tiene razón, todos tienen algo de razón y algo de mentira. Entonces no será ni 10% ni 24%. Partimos la diferencia: 17%. La irrealidad del relato gana 7%.

La inflación es distinta, me dicen. Difícil de esconder. Se siente. Cierto, la inflación es una sensación.

No debería pero insisto. ¿Qué sucede con lo que no se siente? Les cuento que hace un mes publiqué un informe sobre la evolución de la industria argentina. Corto, descriptivo, basado en cifras oficiales. El informe mostraba que según los datos del Ministerio de Economía la participación de la industria en el producto, el empleo y las exportaciones no había crecido como dicen los funcionarios del Ministerio de Economía en sus discursos. Escribas oficialistas y lobbistas del proteccionismo sectorial criticaron el informe porque definía mal a la industria. No la definimos nosotros sino el Ministerio de Economía. Está todo en la página del Ministerio. No hubo caso. Como la industria no se siente y los datos se construyen, nada es verificable.

Así estamos, construyendo datos, abrazados a la ficción. Los datos son, no se construyen, les digo. Mis amigos disienten. Depende de cómo se presenten, me dicen. Uno de ellos da un ejemplo: si cambiás el eje de medición de un gráfico un cambio pequeño puede verse como un cambio grande.

No debería pero insisto. Un cambio no se hace más grande si reduzco la escala del eje. Tampoco se hace más pequeño si alejo de mi vista la página donde imprimí el gráfico. Si algo que ayer valía diez hoy vale cinco, sé positivamente tres cosas: que hoy es más pequeño, que hoy es cinco más pequeño, y que hoy es la mitad que ayer. No importa la unidad, el color del gráfico o la mancha de café sobre la hoja.

Hay una diferencia semántica esencial entre la medición del dato y su interpretación. Podemos decir que la inflación no mide exactamente el costo de vida. Podemos decir que, por la presencia de mejores bienes y servicios públicos no incluidos en el ingreso, un hogar pobre, definido como uno que no supera cierto nivel de ingresos, es hoy menos pobre que hace cincuenta años. Podemos interpretar los datos. Pero si ponemos en duda el mero dato, todas las interpretaciones se vuelven igualmente posibles, y se cancela la posibilidad de un saber objetivo.

Para el obispo Berkeley, idealista del siglo 18, existían sólo dos tipos de cosas: espíritus e ideas. Los espíritus eran seres activos que creaban y percibían ideas, y las ideas eran seres pasivos creados y producidos por los espíritus. Ser es ser percibido, decía Berkeley. El calor, el dolor de cabeza, la resaca, la indigestión, la inseguridad, la inflación, la pobreza, el hambre, serían apenas percepciones del espíritu.

Berkeley me angustia.

Necesitamos el dato para describir la realidad y ordenar su interpretación. Para no ser todos Berkeleys, debatiendo con nosotros mismos, vehementes defensores de mundos imaginarios.

Pero esta vez no insisto. Ya son las tres de la mañana y en vistas de que la batalla está perdida opto por seguir los consejos del obispo y refugiarme en mi isla berkeliana mientras me repito como un mantra la realidad existe la realidad existe. Hasta que la realidad me despierta con la cuenta.

martes, 5 de febrero de 2013

Tasas Chinas de Vesano 1.7: Ultimos mixtapes


Último programa musical de Tasas Chinas. El 19 volvemos en vivo, si no lo hacen feriado.

Soundtrack 1: Melody´s music chamber, Ivy, Everything Everything, Trailer Trash Tracies, Walk the Moon, meewithoutYou, Elbow, Little Dragon.

Soundtrack 2: Strokes, Kate Bush, Keren Ann, Bryan Ferry, Yo la Tengo, Madness, Pepe Deluxe.

 

miércoles, 30 de enero de 2013

Tasas Chinas de Verano 1.6

Soundtrack 1: Luois Prima, Wildbirds & Peacedrums, Cake, Violens, Bat for Lashes, Lianne La Havas, Lisa Germano,  Destroyer, Lloyd Cole, Shins.

(Soundtrack 2: Brand New Heavies, G Love, Avalanches, Cut Copy, Basement Jaxx, Matías Aguayo, Memory Tapes, Broken Social Scene. Demasiado grande para goear)

miércoles, 23 de enero de 2013

Tasas Chinas de Verano 1.5

Seguimos colgando la música que dejamos en lugar de nuestro chamuyo. Esta vez del programa de 22 de enero.

Soundtrack 1: Girl Talk, André Williams, Beck, Elvis Costello, Bjork & Bestie Boys, Santigold & Diplo, Erykah Badu & Stephen Marley, The Rapture, Depeche Mode.

Soundtrack 2 (Afrika): Salif Keita, Habib Koité, Youssou N'dour, Miriam Makeba, Dub Colossus, Baloji, Amadou & Mariam (con Bernard Cantat), Babatunde Olatunji.

miércoles, 16 de enero de 2013

Tasas Chinas de Verano 1.4: 50 shades of Blue

La música del cuarto programa de verano.

Soundtrack 1 (Europa Europa): Air, Stereolab, Benjamin Biolay & Chiara Mastroianni, Persephone's Bees, Zucchero, Goran Bregovic (via Shantel), Jil is Lucky.

Soundtrack 2: The The, ?, Amanda Palmer, Amerie, Tuneyards, Aretha Franklin, Anais Mitchell, Fatboy Slim, Nouvelle Vague.

miércoles, 9 de enero de 2013

Tasas Chinas de Verano 1.3

Les dejo la música del programa del último martes.

Soundtrack 1: Beth Orton & Chemical Brothers, Fletwood Mac, Robert Plant, Johnny Cash, Jill Scott-Heron, Marvin Gaye, Lou Reed, Donovan.

Soundtrack 2: Shins, Postal Service, Delgados, Flaming Lips, Stone Roses, Lush, David Bowie, Talking Heads.

domingo, 6 de enero de 2013

INDEC, 1968-2007

Les dejo el cuestionario completo a raíz de esta nota en La Nación en ocasión de los 6 años del deceso del INDEC. 

¿De cuánto es la brecha acumulada entre el IPC del Indec y el de las provincias desde enero del 2007?

Depende de qué provincias se tomen, ya que algunas retiraron sus mediciones o comenzaron a dibujarlas para congraciarse con el gobierno. El promedio que nosotros usamos como referencia da una brecha cercana al 100%, es decir, en seis años, la inflación de las provincias duplicó la del IPC del INDEC.
¿Qué consecuencias negativas generó esta brecha?

Las consecuencias negativas las generó la inflación: alto costo financiero (en enero de 2007 teníamos el riesgo país de Brasil y a partir de la manipulación del IPC, percibida como default encubierto por los inversores, convergimos al de Venezuela); salida de capitales y corralito cambiario (por causa de la aceleración de la apreciación del peso y de las tasas de interés por debajo de la inflación); persistencia de la pobreza y la desigualdad a pesar del gasto social del gobierno (la inflación no sólo pega más sino que es más alta en hogares de bajos recursos); déficit fiscal por acumulación de subsidios para tapar la inflación (30% del IPC son precios de servicios subsidiados; sin éstos, la inflación sería aún más alta). 

La brecha, por su parte, sumó la imposibilidad de indexar a (de protegerese de) la inflación, contribuyendo a la desaparición de ahorros y préstamos en pesos a largo plazo, e imposibilitando un acuerdo de precios y salarios para el que se requiere una medición creíble de la inflación.
¿Qué caminos deberían tomarse para salir de esta situación?.

Esencialmente tres pasos secuenciales. Primero, desandar la intervención del INDEC, para contar con un nuevo IPC creíble que sirva de termómetro de la inflación. Segundo, desandar la desaparición del banco central como autoridad monetaria, para contar con un programa monetario consistente con un rango de inflación realista y confiable que sirva para alinear expectativas. Tercero, eliminar la indexación a la inflación, mediante un acuerdo de precios y salarios contingente a la evolución de la inflación futura (es decir, al rango del banco central), con cláusulas de ajuste que protejan los salarios en caso de que la inflación sea mayor a la esperada. Con esto, se podría recortar la inflación a la mitad en un par de años sin necesidad de un shock monetario o un ajuste en el nivel de actividad.

¿Crees que el Gobierno va a tomar alguna salida o atajo al respecto?

Me parce que ya se resignó a no ir en la dirección que propongo. Intentará en cambio contener salarios, pisar el tipo de cambio, mantener parte de los subsidios. En fin, lo que ha venido haciendo hasta ahora con éxito decreciente. Y seguirá justificando la inflación como el precio del crecimiento, a pesar de que el crecimiento ya no acompaña.

¿Cómo se puede recuperar la credibilidad del Indec?

Cuando te internás por un camino equivocado, la mejor solución es volver sobre tu pasos. Lo mismo en este caso: hay que recuperar a los funcionarios purgados, y la transparencia y el modus operandi previos a la intervención. Con esto en mano, hay que definir y comunicar la metodología de un nuevo indice de precios (por ejemplo, el IPC nacional tanta veces prometido). El resto, viene sólo con el tiempo y si se trabaja bien.

¿Qué pasa si se mantiene el status quo?

Lo más probable es que la inflación siga sesgándose paulatinamente hacia arriba, aunque contenida por un mercado laboral endeble y una menor demanda doméstica. En 2012 la inflación fue mayor a la de 2011 aun con un crecimiento muy modesto. Uno se ve tentado a pensar que estas situaciones desembocan en una crisis: repudio del peso, aceleración inflacionaria, descontento social. Pero la realidad puede ser mucho menos dramática: por ejemplo, tres años más de bajo crecimiento con alta inflación.

miércoles, 2 de enero de 2013

Tasas Chinas de Verano 1.2

Mientras el equipa de TS disfruta del invernal verano bonaerense, va la música del segundo programa estival, acá y acá.

Soundtrack 1: Depeche Mode, Luscious Jackson, The Bird and the Bee, Cardigans, Saint Etienne,  Royksopp, Rickie Lee Jones, Pixies, Vampire Weekend.

Soundtrack 2: Balkan Beat Box, Cheb Mami, Pink Martini, Superchango, Jovanotti, Les Negresses Vertes (via Massive Attack), Gogol Bordello, Bebé.


lunes, 31 de diciembre de 2012

Tasas Chinas de Verano 1.1: Intervalo musical

Nos fuimos a la playa, pero queda nuestra música, todos los martes de 5 a 6 de la tarde. Les dejo los dos sets que preparamos para el programa del martes pasado, acá y acá.

Soundtrack 1: Morphine, New Build, Spoon, Thieves Like Us, La´s, Libertines, Supergrass & Massive Attack.

Soundtrack 2: Amigos Invisibles, Buika, Santullo, Martín Buscaglia, Ketama, La Perra que los Parió & Virus.

Buen comienzo de año.


domingo, 23 de diciembre de 2012

Solidaridad calvinista

Transcribo un cuento breve de Italo Calvino (traducido del español por un servidor). Cortesía de un querida amiga coleccionista de retazos literarios (acá, la versión "castiza"). Son tantas las interpretaciones del cuentito que prefiero no arruinarlo con una selección pueril.




Solidaridad

Me detuve a mirarlos.
Trabajaban así, de noche, en una calle apartada, contra la persiana metálica de una tienda.
La persiana era pesada: hacían palanca con una barra de hierro, pero no se levantaba.
Yo pasaba por allí, solo y sin rumbo. Me puse a empujar yo también con la barra. Ellos me hicieron lugar.
No marchábamos acompasados; yo dije "¡Vamos!". El compañero de la derecha me dio un codazo en voz baja:
-¡Callate! -me dijo-, ¿estás loco? ¿Querés que nos oigan?
Sacudí la cabeza como para decir que se me había escapado.
Hicimos un esfuerzo, sudamos, pero al final la levantamos tanto que se podía pasar. Nos miramos, contentos. Después entramos. A mí me dieron una bolsa para que sostuviera. Los otros traían cosas y las metían adentro.
- ¡Con tal que no lleguen esos putos de la policía! -decían.
- Cierto -respondía yo-. ¡Putos, eso es lo que son!
- Silencio. ¿No oyen ruido de pasos? -decía uno de vez en cuando. Yo paraba la oreja con un poco de miedo.
- ¡No, no son ellos! -contestaba.
Otro me decía:
- ¡Llegan siempre cuando menos se los espera!
Yo sacudía la cabeza.
- Matarlos a todos, eso es lo que habría que hacer -decía yo.
Después me dijeron que saliera un momento, hasta la esquina, a ver si llegaba alguien. Salí.
Afuera, en la esquina, había otros tipos, pegados a las paredes, escondidos en los ángulos, que se acercaban.
Me uní a ellos.
- Hay ruidos por allí, por aquellas tiendas -dijo el que tenía más cerca.
Estiré el cuello.
- Meté la cabeza, imbécil, que si nos ven escapan otra vez -murmuró.
- Estaba mirando... -me disculpé, y me apoyé en la pared.
- Si conseguimos rodearlos sin que se den cuenta -dijo otro- caerán todos en la trampa.
Nos movimos a saltos, de a puntas de pié, conteniendo al respiración: a cada momento nos mirábamos con ojos brillantes.
- No se nos escaparán -dije.
- Por fin vamos a atraparlos con las manos en la masa -dijo uno.
- Ya era hora -dije yo.
- ¡Delincuentes, atorrantes, desvalijar así las tiendas! -dijo aquél.
- ¡Atorrantes, atorrantes! -repetí yo con rabia.
Me mandaron un poco adelante, para ver. Caí dentro de la tienda.
- Ahora -decía uno cargando una bolsa al hombro.
- ¡Rápido -dijo otro- cortemos camino por la trastienda! ¡Así nos escabullimos delante de sus propias narices!
Todos teníamos una sonrisa de triunfo en los labios.
- Se van a quedar con la boca abierta -dije.
Y nos escurrimos por la trastienda.
- ¡Una vez más caen como idiotas! -decían.
En eso se oyó:
- Alto ahí, ¿quién va? -y se encendieron las luces.
Nos agachamos para escondernos detrás de un tacho de basura, pálidos, y nos tomamos de la mano. Otros entraron también allí, no nos vieron, dieron media vuelta. Salimos rajando.
- ¡Los cagamos! -gritamos. Yo tropecé dos o tres veces y me quedé atrás. Me encontré en medio de los otros que también corrían.
- Corré -me dijeron-, que los alcanzamos.
Y galopábamos todos por el callejón, persiguiéndolos.
- Corré por aquí, cortá por allá -nos decíamos y los otros ya nos llevaban poca ventaja, y nos gritábamos-: ¡Corré, que se nos escapan!
Yo conseguí pisarles los talones a uno que me dijo:
- Bravo, pudiste escapar. ¡Ánimo, por aquí, que los haremos perder la pista! -Y me puse a su lado. Al cabo de un momento me encontré solo en un callejón. Uno se me acercó, me dijo corriendo:
- Por aquí, los he visto, no pueden estar lejos. -Corrí un poco detrás de él.
Después me detuve, sudando. no había nadie, no se oían más gritos. Metí las manos en los bolsillos y seguí paseando, solo y sin rumbo.

La historia sin fin de la deuda argentina (La Vanguardia, Barcelona, 19/12/12)

Atrapada en su propio laberinto, Argentina enfrenta un dilema. De acuerdo a la Ley Cerrojo, aprobada antes del canje de deuda de 2005 para estimular la aceptación de los bonistas, el país no puede hacer pagos ni presentar ofertas a los bonistas que no entraron (holdouts). De acuerdo al reciente fallo del juez de Nueva York Thomas Griesa, Argentina está inhibida de pagar a los bonistas sin antes depositar todo lo reclamado por los holdouts litigantes. Así, la Argentina no puede pagar a los holdouts (según la ley local) ni pagar a los bonistas (según la ley de Nueva York).

En su fallo, Griesa no sólo aceptó la versión del tratamiento equitativo (pari passu) propuesto por los holdouts (pagar todo lo adeudado, en efectivo) sino que levantó el carácter suspensivo de su orden de febrero de 2012 y obligó a Argentina a depositar en garantía, con el próximo pago, la totalidad de lo demandado por los litigantes (u$s 1,33 mil millones) –argumentando que la Argentina había dado señales de que no acataría un fallo en contra. Además, la sentencia fue más allá de lo esperado al prohibirle al fiduciario de los bonistas (Bank of New York Mellon, BoNY) girar el dinero a los bonistas si no se constituye dicha garantía.

Este giro tuvo dos implicaciones. Primero, si la Argentina pagaba a los bonistas sin hacer el depósito, corría el riesgo de que el BoNY se negara a transferir el dinero, disparando un default técnico. Así, Griesa convertía al BoNY en el eslabón débil por donde el blindaje anti-litigios del canje podría ser perforado.

Segundo, Argentina enfrentaba un dilema delicado: si pagaba, una sentencia desfavorable lo habría hecho cumplir con un fallo excesivo (y, desde muchos puntos de vista, injusto); si no pagaba, socavaba su apelación al revelar su falta de voluntad de cumplir con un fallo adverso. Como en el póker, Griesa obligaba a Argentina a pagar para ver.

Afortunadamente, la Cámara de apelaciones repuso la medida cautelar postergando el desenlace para marzo –y probablemente para octubre dado que, aún si la Cámara no favorece a la Argentina, es improbable que levante la cautelar antes de que se resuelva la apelación ante la Corte Suprema. La suspensión permite ganar tiempo, pero no revierte el fallo original de Griesa ni resuelve el problema.

¿Hay salida de este laberinto? Desobedecer probablemente implique el redireccionamiento de los pagos por fuera de la cadena intervenida por Griesa en su último fallo, a otra plaza financiera no sujeta a la ley de Nueva York. Esto constituiría un default sólo si los bonistas no aceptaran dicho pago.

¿Por qué no lo aceptarían? Porque, logradas ciertas mayorías, estarían en condiciones de declarar a los bonos del canje en default y acelerarlos: pedir el pago anticipado de toda la deuda por incumplimiento de contrato. En la práctica, sin embargo, los incentivos suelen operan en el sentido contrario: si nadie aceptara, el país se vería obligado a repudiar la deuda por incapacidad de pago y nadie vería un peso –un equilibrio malo en el que pierden todos, en las antípodas de la solución cooperativa promovida por un canje de deuda exitoso. Es precisamente esta solución cooperativa la que parasitan los holdouts y, ahora, castiga el fallo de Griesa.

¿Qué dice la economía al respecto? En principio, que la victoria de los holdouts podría ser una derrota para los mercados financieros. Los holdouts litigantes –en su mayoría, fondos buitres y bufetes de abogados que compran bonos a precio de remate a bonistas desahuciados, especulando con que, luego de que todos entren al canje, el gobierno ceda al acoso legal y pague a escondidas la pequeña deuda pendiente– son la consecuencia de la falta de una ley de quiebras internacional que regule las restructuraciones soberanas.

En una convocatoria de acreedores el juez impone a todos una restructuración que contemple la capacidad de pago del deudor (la preservación del valor de la firma por sobre el desguace) y la equidad de los acreedores (que maximicen el cobro sujeto a la capacidad de pago). En este caso, se evitan tanto los canjes extorsivos como los holdouts.

En ausencia de un mecanismo de reestructuración internacional, a partir de 2002 los emisores soberanos adoptaron “cláusulas de acción colectiva” (CAC) que permiten modificar legalmente el contrato con el apoyo de un número suficiente de acreedores, eliminando la posibilidad de litigios. De hecho, la Cámara de Apelación argumentó que la orden de Griesa no implicaba un riesgo para otros bonos en Nueva York precisamente por la proliferación de estas CACs.

Pero esto último no es estrictamente cierto, por tres motivos. Primero, hay mucha deuda soberana emitida sin CACs. Segundo, las CACs son válidas bono por bono (esto es, sin agregación) y pueden ser fácilmente bloqueadas si los holdouts compraran un porcentaje alto de emisiones chicas. Tercero, aún si las CACs no fueran bloqueadas, la posibilidad de cobrar todo al contado en las cortes reduciría enormemente el incentivo para coordinar una reestructuración vía CACs: con el fallo de Griesa, todos querrían ser holdouts.

Dicho esto, no es imposible concebir un final feliz. Si la Cámara se inclinara por una interpretación más literal del pari passu como “igualdad de condiciones”, los holdouts podrían ser invitados, nuevamente, a participar del canje ya ofrecido al resto de los bonistas.

A menos que la Argentina proponga una fórmula alternativa de pago a los holdouts, la Cámara debería optar entre la fórmula maximalista exigida por los litigantes y aceptada por Griesa (todo y en efectivo) y lo ofrecido por la Argentina: cero. Insistir con no pagar un centavo podría acabar beneficiando a los holdouts con una sentencia en firme por un monto exorbitante.

Pero con el precedente de la suspensión de la Ley Cerrojo para reabrir el canje en 2010, el Gobierno bien podría proponer una nueva suspensión de la ley y reapertura del canje, una alternativa ya insinuada por voceros oficiales para lo cual se contaría acuerdo parlamentario.

Bastaría entonces con que el gobierno y la oposición entendieran que una negociación con la justicia de Nueva York que se limitara a ofrecerle a los holdouts lo mismo ya ofrecido al resto de los bonistas sería una derrota legal para los buitres y una victoria legal para el país, cerrando de una vez y para siempre la interminable saga de la deuda. Y sentando un precedente que comience a llenar un importante vacío en la arquitectura financiera internacional, en momentos en los que nuevas reestructuraciones soberanas son altamente probables.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Tasas Chinas 1.23: Cordón condón chandon

Último programa de la primera temporada de Tasas Chinas, acá y acá y acá. Hora y media de magia radiofónica, con invitado de lujo: Ricardo Piglia, hablando de literatura, crítica, intelectaules y política. Más brindis de despedida con quipo completo, y furcio final de un servidor.

Soundtrack: Demdike Stare, King Crimson, Stereolab, Delgados, Liliana Herrero.

De yapa, la introducción (¿extroducción?) del programa final:

En la era del yuyo también se acaba el año. Este es el programa número 23 de Tasas chinas. Último episodio de la primera temporada. 

Por más que hicimos fuerza, Argentina no crece. Será que perdimos el envión. El yuyo nos mira resignado, temeroso del cambio de moda. Pero para nosotros siempre será un referente, un mojón simbólico de los años gordos. La sojización es un sueño eterno.

El otro día en una entrevista sobre econovelistas, el amigo Sebastián Campanario me preguntó a qué novela, cuento o poema se parece la coyuntura económica argentina actual. Me vino a la mente
La salud de los enfermos, un cuento de Cortázar en el que para cuidar la salud de la madre, la familia le oculta la muerte del hijo con una trama de engaños y cartas apócrifas, con tal convicción que todos terminan creyéndose el relato.

En Eterno resplandor de una mente sin recuerdos Jim Carrey se somete a una operación para extirpar el recuerdo de Kate Winslet, la novia que lo dejó. Que no sólo lo dejó sino que extirpó los recuerdos de él y ahora no lo reconoce por la calle.

Técnicamente, la operación es daño cerebral, le dice el médico a cargo de la intervención a Jim Carrey en la primera consulta. Pero es comparable a una noche de borrachera: Nada que vayas a extrañar.

Durante la operación Jim va perdiendo uno a uno los recuerdos de las horas pasadas con Kate. Sueña con ella, y en sus sueños ve desaperecer escenas completas de su vida juntos, o lo que recuerda de su vida juntos. En algún momento se arrepiente y corre en el espacio de sus recuerdos, trata de ocultarse de la máquina que ausculta su cabeza buscando los rastros de Kate. Jim se esconde debajo de una mesa de cocina pero al siguiente segundo la mesa ya no está. La cocina ya no está. Hay sólo un espacio vacío.

Ayer, desapareció una de las series que uso para aproximar el crecimiento de la economía desde 2007, el año en el que el Indec empezó a reportar números de crecimiento mayores a los reales. Cada tantos meses desaparece alguno de los índices de precios de Indec provinciales, indequitos, que uso para aproximar la inflación desde 2007, el año en el que el Indec empezó a reportar números de inflación menores a los reales.

Como Jim Carrey, vuelvo a los lugares habituales buscando mi númerito y encuentro un espacio vacío.

Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Metáfora de la información menguante en la era del relato.

Argentina no crece, planea en la niebla. Sin datos. Volamos con visibilidad cero, volamos por instrumentos. El piloto nos cuenta por donde pasa el avión, la velocidad de crucero, la altura a la que vuela. No ve nada, no tiene idea. Lee los nombres de los lugares de un libro negro, la velocidad y la altitud de un aparato negro. Da la sensación de que el avión está perdiendo altura pero puede que sea un pozo de aire. Lo sabremos al llegar. Cada vez que el avión tiembla aparece una nueva raya en la pantalla del televisor. En el televisor pasan una de Jim Carrey. En blanco y negro, doblada al español. 


Este es el programa número 23 de Tasas chinas. Último episodio de la primera temporada. La semana que viene estamos todos de vacaciones. En pantalón corto y musculosa. Deseando que el verano dure para siempre.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Tasas Chinas 1.22: Medios, política y la insoportable subjetividad del ser

Audio del último programa acá y acá. Sebastián Etchemendy sobre Ley de Medios y manifestalización del debate político. Soundtrack: Joni Mitchell, Tanlines, Xtantiero, Spoon, Loenard Cohen.

Les dejo las palabras introductorias, apenas audibles entre los tambores.

En la sobremesa del sábado se cristiniza la conversa. No recuerdo bien como empieza el asunto. Comento la discusión sobre la ley de medios del programa pasado. Las paralabras de Alejandro Pereyra sobre la distancia entre la letra y la realidad de la ley de medios. La decepción de la progresía bienpensante que vota un proyecto por lo que dice y luego se sorprende de los resultados, de que le contrabandeen artículos o le bloqueen el nombramiento de sus representantes. Como le pasó a Pereyra.

Me piden ejemplos y menciono la denuncia de la Junta Indígena Nacional, de que con la excusa de la inclusión de los pueblos opriginarios el gobierno entrega licencias a miembros del Kolina de Alica Kirchner, menciono que los grupos de medios oligopólicos sin cotización pública adelantaron que desinvertirían desguazando el grupo entre familiares y testaferros, como salió en los medios. ¿En qué medios?, me preguntan.

Tocado.

Hablamos de temas complejos y opinables donde no hay fuentes objetivas. Ese es el triunfo del relato, la derrota cultural. Como no hay fuentes ob-je-ti-vas, pues simplemente no hay fuentes. Y sin fuentes no hay debate, hay tribuna. Un partido emotivo pero feo.

No debería pero insisto. Lo mismo sucede con la inflación, les digo. El Indec dice 10%. La oposición 24%. El Indec miente, dice la oposición. La oposición miente, dice el Indec. Entonces nadie tiene razón. Entonces no será ni 10% ni 24%. Somos plurales, vivos. No nos comemos el verso: todos tienen algo de razón y algo de mentira. Partamos la diferencia: 17%. Y así, la irrealidad del relato gana 7%.

La inflación es distinta, me dicen. Se siente. Cierto. La inflación es una sensación.

No debería pero insisto. ¿Qué sucede con todo lo demás, lo que no se siente?, les digo. Hace un mes publiqué con un colega un informe sobre el tamaño y la evolución comparada de la industria argentina. Corto, descriptivo, basado en datos oficiales. El informe mostraba que los datos del Ministerio de Economía indicaban que la industria no había crecido en los últimos años como dicen los funcionarios del Ministerio de Economía en sus discursos.

Escribas oficialistas y lobistas del proteccionimo sectorial criticaron el informe porque definía mal la industria. No somos nosotros los que la definimos, respondimos, es el Ministerio de Economía. Está todo en la página del Ministerio. Entren y vean. Pero la industria no se siente, y los datos, aún los oficiales, se construyen. Así estamos, construyendo datos, abrazados a la ficción.

No debería pero insisto. Los datos son, no se construyen, les digo. Ellos disienten. Depende de cómo se presenten, del enfoque y del corte, me dicen. Uno de ellos me da un ejemplo: si cambias el eje de medición de un gráfico un cambio pequeño puede verse como un cambio más grande. Mi amigo es ingeniero.

No, le digo. Un cambio no se hace más grande si reduzco la escala del eje. Tampoco se hace pequeño si alejo de mi vista la página donde imprimí el gráfico. Si algo que ayer valía 10 hoy vale 5, sé positivamente tres cosas: que hoy es más pequeño, que hoy es 5 más pequeño, y que hoy es la mitad que ayer. No importa la unidad, el color del gráfico o la mancha de café sobre la hoja. El dato es, no se construye.

Hay una diferencia semántica esencial entre la medición del dato y su interpretación. Podemos decir que la inflación no mide exactamente el costo de vida. Podemos decir que, por la presencia de mejores bienes y servicios públicos no incluidos en el ingreso, el pobre, definido como quien no supera un cierto nivel de ingresos, es hoy menos pobre que hace 50 años. Podemos interpretar los datos. Pero si ponemos en duda el mero dato, todas las intepretaciones se vuelven igualmente posibles, y se cancela la posibilidad de construir un saber objetivo.

El obispo George Berkely, idealista del siglo 18 y precursor del relato, decía que existían sólo dos tipos de cosas: espíritus e ideas. Los espíritus eran seres activos que creaban y percibían ideas, y las ideas eran seres pasivos creados y producidos por los espíritus. Ser es ser percibido, decía Berkely. El calor, el dolor de cabeza, la resaca, la indigestión, la inseguridad, la inflación, la pobreza, el hambre, serían apenas percepciones del espíritu. Un espíritu que bien podría ser único ya que no hay manera de confirmar si los demás espíritus con los que convivimos, discutimos y cogemos son más que frutos de nuestra imaginación.

Berkeley me angustia.

Necesitamos el dato para describir la realidad y ordenar su interpretación. Para no ser todos Berkeleys, debatiendo con nosotros mismos, vehementes defensores de mundos imaginarios.

Pero esta vez no insisto. Ya son las tres de la mañana y en vistas de que la batalla está perdida opto por seguir los consejos del obispo y refugiarme en mi isla berkliana y perderme media hora en mi selva personal mientras me repito como un mantra la realidad existe la realidad existe la realidad existe, hasta que la realidad me despierta con la cuenta.

martes, 4 de diciembre de 2012

Tasas Chinas 1.21: La realidad, intacta

Programa 21 de Tasas Chinas, acá y acá. Diego Valenzuela sobre Sarmiento, historia y política del AMBA y Alejandro Pereyra sobre Ley de medios. Y el debut de la hermosa cortina de Tasas Chinas que nos ofrendaron los amigos de Xtantiero.

Soundtrack: Ryuichi Sakamoto/Gustavo Santaolalla, the Beta Band, Xtantiero, Santullo, Paolo Conte.

Para los que quieren sufrirla de nuevo, va la introducción del programa.

¿En qué estábamos? 

Este es el programa número 21 de Tasas Chinas en la era del yuyo.

Las tasas ya no son chinas, son japonesas. Un poco por arriba del 1% este año, un poco por arriba del 3% el año siguiente. Nos salva Brasil: si levanta, nos levanta un poco; si no levanta, como parece…bueno, consuelo de tontos.

Y el yuyo ya no es lo que era. El precio puede subir, claro. También puede bajar. Así estamos, pendulando del tallo, negando la ley de gravedad. Como las tapas del día antes de la elección, Carta Abierta tiene dos versiones ya escritas sobre el tema. En una el héroe vence al mundo, en la otra el héroe nos defiende del mundo. En ambos casos el resultado será, a posteriori, cantado. En las postrimerías de la era del yuyo la realidad sólo confirma la ficción.

Lo que el relato no tolera es la postergación. Entre victorias y derrotas, entre amigos y enemigos, la realidad se filtra en los intersticios, justo en el medio de discursos antagónicos. Cuesta articular la medianía, la falta de definición, la suspensión del desenlace. ¿Cómo interpretar los datos cuando no tienen dirección, cuando sólo nos dicen que seguiremos más o menos así por un tiempo indefinido, cuando la trama apenas avanza, imperceptible como un caracol?

En el discurso mediático la realidad habla a los gritos, cualquier dato es señal del colapso inminente, o prueba del resurgimiento inminente. La realidad se desmaterializa dinamitada por el montaje cinético, por la adrenalina del minuto a minuto, por el facón de Gvirtz o el primer plano lacerante de Mauro Viale. El discurrir cotidiano, sin estridencias, no contribuye al relato. El maestro de ceremonias se aburre, mira ansioso al productor, pide un corte. A las medias tintas las escupe Dios. Por eso el final de la programación nos deja un malestar que a esas alturas cuesta identificar de dónde viene.

Tu sombra está sobre la línea de seguridad, le dice el personaje de Kangho Song en la película coreana Zona de Seguridad Compartida, que se desarrolla en la zona de seguridad compartida entre las dos Coreas. La realidad argentina habita ese no lugar entre fronteras ideológicas de la guerra fría. A cada paso suena el fuego cruzado de los guardias apostados a ambos lados de la zona, contra un fondo de propaganda oficial que sale continuamente de los parlantes.

Nos zambullimos bien por debajo de la ola gigante hasta casi tocar el fondo de arena y nos quedamos un rato largo, quietos, rodeados del silencio del mar. El estruendo de la ola es un sonido que se extingue lejano, como el bajo del último tema de la fiesta en la terraza. Salimos a la superficie y reconocemos de un lado el horizonte, del otro la playa. La realidad sigue ahí. Intacta.

"Esta es la definición de mi vida", dice Stephen Manson. "Tirado en la cama bajo la luz del sol, atragantándome con la pastilla que me dio el médico para sacarme el pozo."

¿En qué estábamos?

Estimados oyentes, éste es el programa número 21 de Tasas Chinas.

"Si hay algo que quieran decir, diganlo a los gritos que está todo bien."

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Tasas Chinas 1.20: Discutiendo el penal.

El programa de ayer, acá y acá. Martin Kanenguiser y Hernán Lacunza sobre Griesa y fútbol. Burgo sobre El Creyente, y Galperìn sobre célebres primeros libros. Soundtrack: Andy Stott, The Rapture, Serge Gainsbourg & Jean Birkin, Pavement y Secos & Molhados.

A pedido, la intro:

En la era del yuyo, los cronopios usan a sus hijos como escudo de sus errores. Tapan sus errores en una nube de pedos. Se suben a la baranda del balcón y arengan a la gente 9 pisos abajo, que los mira perpleja como quien mira un accidente en la ruta. 

Llega la orden de desalojo y los cronopios organizan una sentada en el pallier, dejan las bolsas de basura en el pasillo, putean al administrador. Satisfechos, se van de vacaciones y cuando vuelven la llave no abre.

En la era del yuyo, los cronopios, como bebés, confunden voluntad con voluntarismo. Cuando las cosas salen como esperan, sienten un dominio mágico de las cosas, cosquillas en la barriga. Cuando las cosas no salen como esperan, se enfurecen con las cosas, despotrican, imaginan segundas intenciones. Culpan al monopolio. El monopolio es el objeto transicional de los cronopios, su manera de manejar las intromisiones de la realidad. Como los bebés que sonríen cuando creen reconocer en una sonrisa la sonrisa de la madre, en la era del yuyo los cronopios se indigestan con la mención del monopolio y se emocionan y cantan con el rostro del líder. Y cuando un cronopio canta, las esperazas y los famas acuden a escucharlo aunque no comprendan mucho su arrebato.

En la era del yuyo somos todos tribuneros. El yuyo ha tribunizado la política, los medios, los asados, el arte, la vida misma. Y la tribuna responde, unida y organizada. Aplaude, se uno al coro. Todos abrazados al ancla que nos arrastra al fondo, aferrados al sable como la caballería ligera.

¿Errores? Nosotros no cometemos errores. Dice uno de los funcios del Departamento de Obras, después de inhabilitar el sistema de ductos de PVC que habita detrás de las paredes del departamento del protagonista del Brazil de Terry Gillian. Nada de esto fue un error, dice el Salmón en su canción Nada de Esto fue un Error.

En el octavo capítulo de la primera temporada de la serie Luoie, el comediante Louie C. K. se ensaña con una mujer del público que no puede parar de hablar. Le dice: el comediante es un tipo con una vida miserable y sin sentido y todo lo que tiene son los 15 minutos por semana que se sube a un escenario para hacer su show. Sólo vive en los 15 minutos de su show. Y vos me estás robando los 15 minutos de mi show.

Hoy trascendió que, en la apelación del fallo de Griesa ante la Cámara, Argentina sostuvo que, de haberse ordenado la reapertura del canje, el pa­ís habría accedido. Hace unas semanas el gobierno salió públicamente a anunciar que no pagarían un peso y a raíz de esto el juez Griesa levanto el no innovar y pidió pago adelantado. Es posible conjeturar que, de haberse dicho entonces lo que se escribió ayer, hoy no estaríamos al borde del default. ¿Nada de esto fue un error?

Tribuneros. Con un coro de esperanzas empobrecidas que dibujan argumentos intelectuales en una lengua muerta, y famas que los miran perplejos esperando que se callen o se corran o dejen de mover las manos y empiecen a mover los pies. Nuestros tribuneros mueven demasiado las manos cuando hablan. Compulsivamente. Como un comediante que extiende demasiado su show para no quedarse sólo con su vida.

Todo esto fue un error.



martes, 20 de noviembre de 2012

Tasas Chinas 1.19: Las oposiciones y el arte fashion

El audio del último programa, acá y acá.

Vicki Donda y Manuel Garrido sobre la oposición (en rigor, las oposiciones) después del 8N, e Inés Katzenstein sobre el (¿polémico? ¿mercantil?) premio Faena.

Soundtrack: Ricardo Villalobos, the White Stripes, Peter Tosh, Isaac Hayes, Brazilian Girls y Lindsay Buckinham.










Por pedido de nuestros millones de oyentes, les copio la intro:

En la era del yuyo, la política es una carrera de obstáculos. Una maratón de baile, como en esas maratones de baile de la Gran Depresión, como en esa peli en la que matan a Jane Fonda como a un caballo. El vencedor no es el más fuerte ni el más vivo sino el último en caer.

La última vez que un líder político se embanderó en una idea de país finalmente hizo todo lo contrario. Si les decía la verdad no me votaban, confesó alguna vez. ¿Será por eso que nuestras encuestas favorecen a los tiempistas?

Hay que reconocer que los tiempistas generan cierto suspenso. Clint Eastwood en un spaguetti western de Leone en el que no pasa nada en la primera hora. Los tiempistas incluso insinúan una cierta profundidad, como esas personas que hablan muuuy leeento como si escogieran las palabras exactas. Como Chancey el jardinero o el sensei de David Carradine. (Al menos el sensei sabía pelear en la oscuridad.)

Pero es sólo una ilusión, porque al final del silencio del tiempista no hay nada. Hay palabras más silenciosas que el silencio, palabras imperceptibles e inmemorables. O previsibles y sorpresivamente ruidosas. Chamuyo.

Las sesudas parrafadas o las desapariciones erráticas son samplers, randomizaciones de discursos y poses pasadas. ¿Será que de tanto esperar el tiempista llega con el caballo cansado?

El cristinismo convirtió a la política en la nueva pornografía. La oposición letárgica le puso una hoja de parra y la privó de sentido.

Política sin instituciones, instituciones sin política. Nada en el medio. Políticos en loop.

Oposición de fotos y galas, de tuits manufacturados y pequeños anuncios. Oposición de fútbol y bicicleta. Oposición de gozosa victimización.

¿Qué es lo que piensa la oposición de la avanzada de los buitres, de la impotencia de YPF, de los subsidios al aire acondicionado, del derrape de la educación, de nuestra industria de capacidades diferentes, del desendeudamiento anabólico, del estancamiento? El tiempista calla y sube en las encuestas.

¿Cuándo le perdimos las ganas al futuro? Argentina está congelada en el puro presente. Fugaz como la señal del celular, como los discursos presidenciales, como las alianzas electorales. Un poco a la deriva, perdida en el desierto, gritándole a los caballos cansados.

En la era del yuyo vivimos la magia y después le vimos el truco a la magia y ahora volvemos a la realidad de nuestro monoambiente dominguero mal iluminado y con olor a encierro, sin dinero para comprarnos un feriado. Condenados al discurso autista y autocomplaciente del maestro de ceremonias oficial, o al discurso catártico y testimonial de la autoconmiseración que nos devuelve la tele. Un país en loop.

Pero también esto puede ser sólo una ilusión. Un loop es la repetición mecánica de un fragmento musical. Y, como dice Diederichsen, lo que escuchamos en un loop es siempre distinto. Porque a cada repetición, nosotros estamos cambiando. Y en estos cambios está nuestra esperanza de futuro.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Tasas Chinas 1.18. ...y péguele fuerte

Ultimo programa de Tasas Chinas, en dos partes: acá y acá. YPF y el pop argenmex de Xtantiero por Nicolás Gadano, Olivera, Galperín y un servidor.

Soundtrack: Axel Kryeger, Paralamas, Café Tacuba y  Xtantiero x 2.

Lo prometido: traducción de la Chilanga Banda

Apuntes sobre el desendeudamiento

El viernes pasado me hicieron una larga entrevista sobre el tema del desendeudamiento público argentino para el programa Periodismo Para Todos. De los aproximadamente 60 minutos del encuentro (aproximadamente 30 minutos de crudo) finalmente extrajeron unos 10 segundos algo descontextuados sobre la fungibilidad del dinero. Dado el tiempo que le dediqué a la exposición y el hecho de que el informe parecía llegar a una conclusión contraria a la que había vertido en mi charlita, vale la pena rescatar sus puntos fundamentales.








  • El endeudamiento (a diferencia de la deuda) suele medirse no en términos absolutos (finalmente, todo sube con la inflación) sino relativos (a la capacidad de pago del deudor: si es una firma, sus resultados; si es un país, su producto o PBI). La medida estándar de endeudamiento público es el cociente de deuda, que se mide como el stock de deuda pública sobre el PBI. En números redondos, éste cociente era de 50% a fin de 2001 y de 150% a fin del 2002 (simplemente por efecto de la devaluación real: como la deuda estaba en dólares, si el dólar sube 2,5 veces y la inflación sólo 0.5 veces, aún sin emitir más deuda el cociente de deuda se triplica). A fin de 2005, tras la restructuración de la deuda, el cociente pasó a cerca de 64%. Hoy este cociente es de 30%. Conclusión: el nivel de deuda pública documentada descendió. 
(Tecnicismo: No tiene mucho sentido medir desde 2001 porque el nivel de deuda esta desinflado por la sobre apreciación real del tipo de cambio. No tiene mucho sentido medir desde 2002 porque el número de deuda está inflado por la sobre depreciación real del tipo de cambio. Ambos desarreglos cambiarios fueron transitorios. No tiene mucho sentido comparar antes y después del canje porque el recorte de la deuda fue debido al default, un mecanismo no asimilable al desendeudamiento –salvo, claro, que se defienda el incumplimiento como política económica voluntaria. Por lo tanto, lo más razonable sería seguir el derrotero de la deuda a partir de fines del 2005.)

  • ¿Cómo se desendeudó a partir del 2005? En parte, de manera virtuosa, con crecimiento y con repago fondeado con el superávit fiscal generado con la crisis (retenciones, aunque también menores salarios reales en el sector público y, naturalmente, menor servicio de la deuda tras la quita del default). En parte, por reversión de la sobre depreciación del peso: la deuda dolarizada (que está en el numerador del cociente de deuda) subió menos que el producto (que está en el denominador y que subió con la inflación). En parte, por la manipulación del IPC, que indexaba una parte no menor de la deuda: la deuda indexada al IPC (que está en el numerador del cociente de deuda) subió menos que el producto (que está en el denominador y que subió con la verdadera inflación). En parte, con la política de tasas bajas: una parte menor de la deuda está indexada a la tasa de interés (BADLAR) que el Banco Central mantiene por debajo de la inflación desde mediados de 2003. 
(Tecnicismo: Hoy que no hay superávit fiscal, el desendeudamiento se explica principalmente por la apreciación real y el impuesto inflacionario y, en menor medida, por el crecimiento.)

  • ¿Cuál es el endeudamiento neto del gobierno? Aquí la cosa se complica un poco. El cociente de deuda es popular pero engañoso. Excluye deuda y activos que el estado tiene en otras arcas (el Banco Central, el fondo de garantía del ANSES). Si tomo todo lo que es parte del estado y lo consolido (es decir, unifico sus balances como si se tratara de una sola entidad), la deuda con el Banco Central o con la ANSES desaparecería (lo que paga el estado por un lado lo recupera el estado por el otro) y aparecería por ejemplo las deudas del Banco Central con el sector privado (Lebacs, Nobacs) y con el exterior (BIS, Banco de Francia). También aparecerían, como activos (es decir, restando a la deuda), las reservas. El cociente de deuda neto de Argentina sería aún menor: dependiendo de algunas definiciones, alrededor del 20% del PBI. 
(Tecnicismo: A la deuda anterior habría que sumarle las llamadas deudas contingentes. De todas ellas, la más obvia es la deuda con gobiernos (defaulteada e incluida en la negociación interminable con el club de Paris), que eventualmente se pagará en su totalidad (el club reprograma pero no acepta quita). A esto cabría sumarle la deuda con empresas con fallo en firme del CIADI, que el país prometió cumplir en algún momento. Menos obvia es la deuda con los holdouts: es probable que algo se pague, pero aún no se sabe cuánto. La deuda con los actuales jubilados (los juicios) probablemente se salde parcialmente en algún momento. En el mismo rubro cabría anotar juicios en el CIADI en curso o potenciales de empresas del sector privado, como el caso Repsol. Por último la más oscura es la deuda no documentada con los futuros jubilados (los beneficios exceden y excederán con creces los aportes y contribuciones futuras, tanto acá como en la mayoría de los países). Esta deuda depende, entre otras cosas, de la esperanza de vida y de los beneficios previsionales en el futuro. Tal vez por eso suele no incluirse en los cálculos de endeudamiento, acá y afuera).

  • ¿Es bueno el desendeudamiento? Depende. Sobre endeudarse en moneda extrajera en tiempos de bonanza como en los 90s es malo. Pagar deuda neta en tiempos de escasez es excesivo (procíclico). Rehusarse a refinanciar los pagos y ajustar a fuerza de corralito cambiario, trabas a las importaciones y recesión, es inexplicable. Tal vez en el fondo lo que explica que desendeudamiento forzado es una interpretación de la deuda a la Lanata: emitir es endeudarse, pagar desendeudarse. Como vimos en el primer punto, este argumento parte de una definición incorrecta del término. 
(Tecnicismo: Este argumento parte también de varios errores de concepto. Primero, las crisis financieras estuvieron asociadas a deuda en moneda extranjera: no hay casos de crisis de deuda en moneda local. Segundo, no toda la deuda es deuda: la mayor parte de la entrada de capitales en la región es vía inversión extranjera directa en activos reales. Tercero. El objetivo del desendeudamiento no se no tener deuda sino tenerla a un nivel que no comprometa la solvencia y que permita suavizar las necesidades de ajuste fiscal en recesiones; es decir, refinanciar parte de la deuda en la bonanza, y refinanciar menos (o directamente tomar deuda neta) en la escasez. Por otro lado, ¿se entiende que si Argentina paga intereses y refinancia todas las amortizaciones igual reduciría su cociente de deuda por efecto del crecimiento, la apreciación y la manipulación del IPC?)

  • La desaparición casi total del acceso al crédito externo (el único remanente es el de los bancos de desarrollo multilateral como el Mundial, el BID y la CAF –aunque también en este frente se puede perder acceso si no se agiliza la gestión) deja el financiamiento del servicio de deuda en manos del mercado doméstico. Y como el Tesoro aborrece la emisión de deuda, utiliza al banco Central como instrumento: el BCRA le gira todos los años reservas (a cambio de un título público no negociable en dólares) y pesos (parte del llamado superávit cuasi fiscal). ¿Cómo hace el BCRA para comprar los dólares y pesos que transfiere al Tesoro para desendeudarse? De dos maneras: con inflación (emitiendo pesos) y con deuda del BCRA (Lebac y Nobac). 

(Tecnicismo: Algunos lectores pueden confundirse con el hecho de que, desde el punto de vista monetario, el BCRA emite deuda para reducir la cantidad de dinero en la economía. Pero desde el punto de vista del balance (qué entra y qué sale), está claro que los pesos y dólares que financian al fisco se compran con inflación y deuda. Pensémoslo de otra manera: si el fisco no pidiera estos pesos el BCRA no debería emitir esta deuda. O de otra: si no emitiera esta deuda, estaría comprando toda la transferencia con impuesto inflacionario, ya que habría más inflación. O de otra: imaginemos que el BCRA emite la Lebac y luego transfiere los pesos que de su venta al Tesoro Nacional.

Tecnicismo: Algunos lectores pueden pasar por alto el hecho de que, desde el punto de vista de los fondos prestables, el dinero que el fisco obtiene (incluyendo el que obtiene a través del BCRA) reduce el stock de fondos disponible para otros deudores domésticos. Para un dado nivel de emisión de dinero, una mayor emisión de deuda del BCRA encarece las tasas de interés, encareciendo el acceso al crédito. El hecho de que hoy tengamos tasas reales tan bajas en un contexto de estrechez fiscal obedece a la presencia del corralito que acumula la liquidez en el país y –sobre todo para inversores grandes– en unos pocos activos elegibles. Pero si el gobierno optara por financiarse más con Lebac y menos con inflación, las tasas volverían a subir.

Más en general, si el gobierno destina los dólares del BCRA a financiar YPF, o los pesos del ANSES a financiar gasto público, independientemente de la eficiencia de este gasto, esto implica menos fondos para el resto. Alternativamente, si el gobierno recibiera fondos del exterior (alguna forma de inversión extranjera de cartera o directa) podría tomar parte de estos fondos y liberar los que ahora toma del mercado. O el privado podría tomar parte de estos fondos y dejar los fondos domésticos para el Estado. O mitad y mitad. El combo es irrelevante: el dinero es fungible.)