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Ayer en la charla de cierre de un ciclo de seminarios organizado por la UBA escuche a un distinguido colega explicar la ofensiva opositora por el 82% móvil en términos de un juego de Stackelbeg. En palabras más imprecisas que las de mi colega, el asunto es que el gobierno mueve primero (gasta discrecionalmente) agotando así la posibilidad de la oposición de decidir sobre el gasto (porque después de que gasta el gobierno, gastos adicionales serían fiscalmente insostenibles). En este contexto, la propuesta del 82% se anticipa al previsible incremento electoral de jubilaciones subiendo la apuesta, de modo de: a) primerear una decisión de gasto del gobierno (el previsible incremento electoral...), y b) obligarlo a vetar la propuesta para correrlo "a la derecha" (cuánto ha cambiado la abusada topología política heredada de la revolución francesa).
Entiendo lo de Stackelberg (elegante), y entiendo también el juego de la gallina político (algo menos elegante), pero no puedo dejar de sentir cierto escozor cuando pondero los alcances prácticos de esta aventura electoprevisional.