viernes, 22 de julio de 2011

El pintor menemista del kirchnerismo

(Hacía tiempo que quería escribir este post pero me ganaba la fiaca; hoy vi esta pintura a la izquierda en una galería de souvenirs en Bali, y volví a recordar a Helmut.)

Qué es lo que hace a los hogares de hoy tan originales, tan atractivos?, se preguntaba Richard Hamilton en un cuadro que fue a la vez el inicio del pop y uno de los epígonos del kitsch (o, en versión gringa, el camp). La misma pregunta, el mismo gesto sarcástico de broma sobreentendido, surge al recorrer la página del pintor menemista del kirchnerismo, Helmut Ditsch.

En su somera autobiografía, encontramos perlas como “la temprana muerte de su madre termina con una infancia despreocupada”, o “la añoranza de lejanía llega a convertirse en una constante de su vida”. Las fotografías, por su parte, revelan una suerte de parodia del artista fáustico (un Adrian Leverkühn menos la sífilis, que rechaza el mercantilismo burgués de las galerías para expandir sus límites en busca de su epifanía) con un toque de Federico Klemm (artista, coleccionista y mecenas local, y recordado conductor de esa joya kitsch que fue el banquete telemático).

Lo curioso no es tanto que Ditsch sea un pintor mediocre y sin ideas (a mi juicio, lo es) sino el toque involuntariamente camp version Ferrari testa rossa de un artista ninguneado por las fuerzas vivas del arte cuyo mayor logro sea el ostentar el record del artista argentino más caro (mas que Berni!) tras la venta directa de El mar II (una reproducción hiperrealista del mar grande, ardua –llevó, según el autor, seis meses y más de 600 tonos de azul– e insulsa) en 865.000 dólares. Lo que se dice, un Damien Hirst argento.



Este artiste, que no habría desentonado en la corte menemista, es el pintor que adornó la etiqueta del vino nac & pop El Justicialista. En la cena de lanzamiento, hace ya varios meses, cuando el oficialismo se mostraba más pletórico y chispeante que tras la derrota porteña, Helmut comentaba, botella en mano, que "los vinos baratos son vinos pedorros, la oligarquía obligó a los trabajadores a tomar Tetrabrik, lo vamos a cambiar". Un remedo inesperado de la gesta por la popularización del golf del insigne riojano. Desde aquí le deseamos la mejor de las suertes.

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