jueves, 28 de julio de 2011

Thick as a BRIC (o el problema de la inflación de expectativas)

Si bien no hay una definición única de desarrollo económico, es posible evaluar las condiciones para el crecimiento estable con equidad mediante algunos indicadores esenciales. Esto es precisamente lo que intentamos hacer con el Brookings Graduation Scorecard, un ranking de economías emergentes basado en cuatro criterios clave: crecimiento, solidez financiera, calidad de las políticas y otros factores de desarrollo.

El score de crecimiento incluye dos variables: promedio del PBI dividido por su desvío estándar, y un stress test: la caída del crecimiento en 2009, año de la crisis, en relación al promedio pre-crisis (1999-2007). La solidez financiera se mide en función del cociente de deuda, las necesidades financieras netas sobre el superávit externo, y el spread soberano. Las políticas se evalúan con la inflación ajustada por riesgo, y promedio móvil de cinco años del balance primario fiscal ajustado por ciclo. Por último, el desarrollo cubre el coeficiente de desigualdad de Gini, el índice de desarrollo humano de la ONU, y los indicadores institucionales del Banco Mundial.

El objetivo del ranking de graduación es doble: (1) capturar avances graduales (o distanciamiento) de las economías emergentes en su camino hacia la graduación al mundo desarrollado: para esto, computamos y reportamos el score promedio de cinco economías (Australia, Canadá. Noruega, Nueva Zelandia y Suecia)., a nuestro juicio un buen punto de referencia; y (2) analizar las diferencias entre economías del grupo: por ejemplo, dónde adelanta y dónde rezaga América Latina: para esto, computamos separadamente los scores correspondientes a cada uno de los cuatro criterios.









Comparados a otros mercados emergentes, las economías de América Latina pierden por escaso margen con las asiáticas en solidez financiera (debido a los reducidos cocientes de deuda de los países asiáticos, fiscalmente balanceados desde hace décadas) y. previsiblemente, en crecimiento. Por su parte, la comparación con países avanzados ilumina precisamente el flaco débil de la historia reciente de la región –y, en menor medida, del mundo emergente. La distancia al mundo desarrollado es evidente en el frente de las políticas (la combinación de baja inflación y balance fiscal) y sobre todo el de otros factores de desarrollo, donde la la distancia de América Latina es más llamativa.

Así, las lecciones de los 80s (en relación a las bondades de la estabilidad de precios) y de los 90s (en términos de la necesidad de reducir la dependencia del crédito externo) han generado una solvencia macroeconómica que hoy espera ser acompañada por un desarrollo institucional y humano. Conquistado el frente macro que dominó las decisiones de política hasta el cambio de milenio, la siguiente frontera tiene una naturaleza micro: educación, consolidación institucional, protección social, equidad –todas condiciones para pasar de un modelo emergente de exportaciones primarias concentradas y mano de obra barata al modelo desarrollado de productividad y salarios altos.

En el ínterin, vale no ilusionarse: el entusiasmo latinoamericanista ya le está generando problemas a la región. Por un lado, un tsunami de capitales especulativos que aprecia sus monedas, induciendo déficits de cuenta corriente y reintroduciendo una dependencia financiera de la que se había librado en los 2000s.

Por el otro, expectativas infladas que complican el proceso de gestión del crecimiento en niveles no inflacionarios que en la región suelen ser modestos. ¿Qué mejor ejemplo que el del invento de los BRICs? ¿Con qué argumentos pueden Dilma convencer a sus votantes de que deben crecer al 4% si la prensa económica, ansiosa por generar titulares, insiste en agrupar a Brasil junto con los velocistas China e India? Es que la similitud entre los cuatro BRICs no va mas allá de su tamaño: India es un país con déficits de todo tipo (incluyendo uno fiscal creciente), Brazil sufre el mismo combo de baja inversión y bajo crecimiento del resto de América Latina, Rusia no es mucho más que un productor de petróleo, y China es una clase en sí misma.

(Aún peores, vale aclarar, son los acrónimos zoológicos: los CIVETS -Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica- y los EAGLES -BRICs + Corea, Indonesia, Mexico, Turquía, Egipto y Taiwan- comparten la suerte de haber incluido a Egipto por su estabilidad política meses antes de que entrara en guerra civil, mientras que los MAVINS -Mexico, Australia, Vietnam, Indonesia, Nigeria, Sudáfrica- postulan a países desarrollados como Australia –en ambos casos, intuyo, por necesidad de una vocal.)

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